Columna
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‘Pustina’ o la dureza de una historia rural

Es una de las series más notables que se pueden ver en la actualidad pese a la miseria y mezquindad de los habitantes de ese pequeño mundo y la dureza de su historia

Una imagen de la serie 'Pustina' ('Wasteland').

Si usted es proclive a la depresión no le conviene ver Pustina (HBO Max), una serie checa de ocho capítulos creada por Štěpán Hulík y excelentemente protagonizada por Zuzana Stivinova. Si, además, usted es un decidido partidario del capitalismo comprobará que la vida en este pequeño pueblo fronterizo con Polonia ratificará su convicción ideológica, pocas secuelas más lamentables del socialismo que el nivel de vida de los lugareños. Y si usted es de los que están convencidos de la bondad del ser humano, comprobará lo equivocado que está. Dicho todo lo cual, Pustina es una de las series más notables que se pueden ver en la actualidad pese a la miseria y mezquindad de los habitantes de ese pequeño mundo y la dureza de su historia.

La trama contiene dos conflictos. Uno general: la propuesta de una poderosa empresa minera que pretende comprar todo el pueblo para expandir la extracción del carbón, tras las correspondientes indemnizaciones a sus pobladores. Y otro particular: la desaparición de la hija menor de la alcaldesa, quien lidera la resistencia a la propuesta empresarial por amor y respeto a sus raíces. Dos historias que se enmarcan en una vida cotidiana en la que el alcoholismo, las drogas y la prostitución consiguen unificar a los desheredados de la Tierra, capitalistas o comunistas, con esa demostrada incapacidad de cualquier sistema político para alcanzar la armonía y bienestar de sus conciudadanos.

Si hablamos de la capacidad de autocrítica que contienen algunas de las producciones televisivas, Pustina está en el Olimpo de la autodestrucción de los valores patrios. Pocas series muestran con tal nitidez los fallos de un sistema que en su día preconizaba la realización del Hombre Nuevo, un demagógico anhelo al parecer inalcanzable.

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