Ana Milán: “Cuando te hieren, si sales, te dan un superpoder: saber que sobrevives”

Eterna secundaria, la actriz y escritora protagoniza ‘By Ana Milán’, una nueva serie inspirada en su propia vida

Ana Milán, en una imagen de julio de 2019 en Madrid.

Los primeros días de rodaje de By Ana Milán, Ana Milán se equivocaba cada día de camerino. En la puerta de todos estaba su nombre. También el de Pilar Bergés o Juanjo Almeida, compañeros de reparto de esta serie. Pero debajo del de cada uno de ellos estaba el suyo, el que da nombre a esta serie de ocho capítulos de 25 minutos basada en algunas vivencias reales de esta actriz y escritora y que estrenó el domingo pasado Atresmedia en su plataforma Atresplayer Premium. El nombre de Ana ha estado en los camerinos de series de enorme éxito, como Física o Química o Camera Café, pero el suyo siempre ha sido un personaje muy concreto de un tamaño ni muy grande ni muy pequeño.

La alicantina se ha convertido en fenómeno desde el confinamiento, cuando cada tarde se sentaba con una copa de vino ante decenas de miles de personas que conectaban con ella a través de Instagram, a contar cosas de su vida, a preguntar, a responder. A estar cerca, no a hacerse cercana, que es muy distinto y mucho menos real. Siendo real, Ana Milán ha logrado una serie para ella, con ella y sobre ella. “Como esto no funcione, menuda papeleta”, interviene la actriz, que admite que no vio nada de la serie antes de su emisión y que cuando la llamaron para proponerle este proyecto, que se acerca en cierto modo a ¿Qué fue de Jorge Sanz? o a la serie de Berto Romero, Mira lo que es has hecho, creyó que era todo algún tipo de broma. “No quepo en mí. Estoy tan orgullosa. Llegaba a casa llena de orgullo por lo que estaba haciendo”, recuerda.

La serie arranca con una Milán a punto de casarse y protagonizar la película que va a rodar su prometido, y acaba el episodio inicial sin película, sin prometido, con un vestido de novia hecho unos zorros, el rímel corrido y en la mano, en vez de un anillo de compromiso, un bote de quitamanchas. “Desde siempre he tenido el don de reírme de mí misma. Según me ha pasado algo me ha faltado tiempo para contarlo a mis amigos, salga victoriosa o no. Reírnos de nosotros mismos nos mantiene fuera del barro. Yo me lo perdono casi todo cuando me miro y me digo: ‘Con la cara de lista que tienes y lo tonta que eres’. Lo que no puedo soportar es la gente que se ríe de los demás, me dan pereza y miedo”, apunta la actriz al respecto de esa capacidad para la ternura y el patetismo más hilarante que exhuma una serie en la que se atisba desde la primera escena una visión bastante refrescante del mundo pasados los cuarenta de la amistad y de la forma de caer y levantarse ante las adversidades.

“Mira, estoy en una edad en la que, como dijo Victoria Abril, no te dan el papel de la que folla pero tampoco tienes aún edad para ser la madre de la que folla”, razona ella, quien utiliza a otra gran actriz, Juliette Binoche, para anclar la forma en que se afrontan los avatares de la vida cuando ya se ha vivido más de la mitad de la misma. “Ella decía en Herida que la gente herida es muy peligrosa porque sabe que puede sobrevivir. Cuando te hieren, si sales, te dan un superpoder. A mis 47 recién cumplidos me siento un poco invencible, sé que soy corcho y voy a flotar. ¿Duelen igual las hostias? Sin duda. Pero sabes que vas a salir, siempre que estés preparada tanto para el fracaso como para el éxito”.

Para cuando todo lo terrenal falla, Ana Milán tiene un comodín ubicado en la calle Atocha de Madrid. “Juré que no iba a decir qué era real y qué no en la serie, pero mira, cuando tengo un momento muy bajo siempre acudo a la Parroquia de San Sebastián y le rezo a Lope de Vega. Me ha ido muy bien”, comenta al respecto de una de las últimas escenas del primer episodio en la que Milán parece encontrarse con alguien parecido a Dios que se antoja será clave en el futuro devenir de la serie. “Es más Lope de Vega que Dios. Cada uno tiene su dios, oye”.

En otro momento del primer episodio, Milán, hecha polvo, vierte una copa de vino, recoge el líquido con una bayeta y, como está lo suficientemente destrozada como para que todo le importe poco, menos el vino, lo vuelve a verter en la copa. “Eso es una genialidad. ¿Vino de una bayeta? ¿Quién se bebe eso? Yo. Lo leí y me encantó. Mira, en la serie también fumo, porque la gente fuma y porque yo fumo. A ver si entendemos que el mundo no es el aguacate de Instagram”.

“A ver yo sé que jamás seré Julieta, ni ahora ni cuando tenía 20 años”, comenta la actriz sobre su apariencia, su voz, sus papeles y la idea de ella que muchos se han hecho a través de los mismos. “Cuando fui a MasterChef [el año pasado] me dijo un amigo que allí la gente se iba a enterar de lo buena actriz que era. ‘¿Por qué?’, le pregunté. ‘Pues porque verán que eres maja’, me respondió. Eso me ha pasado mucho”. Tal vez ya no tanto desde el confinamiento y esos directos. Se hizo la magia. La jefa borde de Camera Café no tuvo ni un troll. “Bueno, uno. Un día alguien puso que se aburría. Le dije que no pasaba nada, que se podía marchar. Se fue. Y seguimos”. Y hasta aquí.

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