Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
40 ANIVERSARIO DE APPLE

40 años entre la innovación y el ‘marketing’

La compañía de la manzana es, posiblemente, la que mejor representa los tiempos que vivimos

Dos manifestantes contra el FBI, ayer, frente a la Apple Store de Boston.
Dos manifestantes contra el FBI, ayer, frente a la Apple Store de Boston. AP

Apple cumple 40 años y quizás sea la compañía que mejor representa los tiempos que vivimos. La empresa de la manzana es hoy un icono de la modernidad líquida de la que hablaba Zygmun Bauman, del consumo fácil, del culto a lo bello, del informarse cada segundo para olvidarse cada instante. Pocas compañías han cambiado nuestra vida como lo ha hecho Apple, que ha transformado mucho más que la tecnología: ha modificado de manera radical la relación hombre-máquina, cambiando para siempre la relación de las personas con la información y los contenidos. Apple ha tenido un papel protagonista en la generalización del uso de smartphones, ese superpoder que todos llevamos en nuestro bolsillo y nos convierte en medios de autocomunicación de masas, en palabras de Manuel Castells. Siempre conectados y capaces de acceder en cualquier lugar y momento a toda la información del mundo, a generarla y etiquetarla. El iPhone y sus cientos de imitadores cambiaron para siempre la manera que tenemos de comunicarnos, relacionarnos o entretenernos, y muchos dirán que hubo teléfonos inteligentes antes del iPhone pero pocos negarán que el día que el difunto Steve Jobs presentó ese aparatito en el que los contenidos se tocaban, nuestro mundo cambió para siempre.

Apple ha transformado mucho más que la tecnología: ha modificado de manera radical la relación hombre-máquina, cambiando para siempre la relación de las personas con la información y los contenidos

El iPhone es el gran invento de Apple y así lo demuestra la cuenta de resultados de la compañía, todavía extremadamente dependiente de su producto estrella, pero para entender el rol icónico que juega hoy Apple no es suficiente el análisis de sus productos sino que se hace imprescindible su concepto de marca.

Apple es el paradigma de marca experiencial: su obsesión por el diseño, por lo bello, han convertido la tecnología en objeto de deseo, en producto de consumo cuando no de consumismo. Apple no tiene clientes, tiene fans deseosos de identificarse con unos valores de marca cuidados hasta el paroxismo para seguir creando en sus usuarios ese efecto placebo de lo premium.

Pero todo esto es pasado y toca hablar de futuro, y la gran pregunta es si Apple, aparte de su omnipresente marketing, puede seguir siendo un referente en innovación tecnológica. A la vista de los últimos anuncios de la compañía, parece que, de momento, no. Hacer lo mismo, sólo que más grande (iPhone 6 plus) o más pequeño y algo más barato (iPhone SE) resulta claramente insuficiente. La apuesta por los relojes no parece diferencial y en la batalla por las plataformas de televisión inteligente parece que de momento la batalla se la está ganando su archienemigo Google con su Android TV. Y como la innovación parece no estar en su mejor momento en la compañía, esta centra sus esfuerzos en ese marketing aspiracional que empieza a resultar cansino. Ahora está centrada en la defensa de la privacidad, pero no nos equivoquemos: el objetivo de Apple no es la defensa de los derechos civiles, es vender teléfonos.

Ahora está centrada en la defensa de la privacidad, pero no nos equivoquemos: el objetivo de Apple no es la defensa de los derechos civiles, es vender teléfonos"

Y esto plantea una última cuestión sobre Apple y otras megacompañias todopoderosas que juegan un rol cada vez más importante en la vida de millones de personas en el planeta. Son compañías multimillonarias con acceso a la información de todos nosotros, que se están convirtiendo en los nuevos líderes mundiales, en el nuevo “imperio” del que hablaban Negri y Hardt en su maravilloso libro sobre el poder global de los mercados. Megaempresass por encima de estados y leyes, capaces de influir y controlar. Llámenme antiguo, pero soy de los que piensan que los líderes mundiales debemos elegirlos los ciudadanos y no los consejos de administración.

Analista independiente y director de contenidos de Retina