La frontera entre distintos aparatos de consumo se desvanece en la IFA

Los fabricantes confían en que televisores 3D, ordenadores ultraportátiles y tabletas animen el mercado

Si de algo sirven las ferias gigantescas como la IFA de Berlín es para marcar tendencias. Y lo que se ha visto es que los productos de distintas marcas se parecen cada vez más, con mínimas diferencias en el aspecto externo y en el funcionamiento interno. La principal diferencia entre un televisor, un ordenador o tableta y un teléfono móvil es el tamaño de la pantalla, que a su vez es la base para su uso principal. De ahí que las principales marcas se esfuercen en desarrollar aplicaciones propias y exclusivas que faciliten realmente al usuario utilizarlas en productos de distintos tamaños.

A causa de Internet, los televisores se pueden utilizar como monitores y viceversa, mientras la misma aplicación debe correr con igual eficacia en un teléfono móvil, una tableta con o sin teclado y un ordenador portátil o de sobremesa. Para desespero de las marcas muy establecidas, el usuario no quiere casarse con ningún fabricante ni aplicación propietaria, con la importante excepción de los adictos a Apple. Los vídeos, música, imágenes y datos deben poder verse en cualquier dispositivo y migrar de un lado para otro.

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En la IFA se han visto productos de diseño exquisito y fabricados con esmero y materiales de calidad. Es una de las bazas utilizadas por los grandes fabricantes para distinguirse del resto, aunque son conscientes de que no pueden poner un precio muy elevado, porque el consumidor se ha acostumbrado a pagar poco dinero por un muy buen producto. Por eso, además del diseño, deben asegurarse de que funciona sin problemas y de que la "experiencia" del consumidor sea lo máximo de agradable y entretenida.

En base a estos dos principios, la IFA de este año se ha destacado por mostrar productos similares con todos los tamaños de pantalla, desde las cuatro pulgadas de un teléfono inteligente hasta las sesenta o más de un televisor. Todos extremadamente delgados y ligeros, sobre todo los de uso personal. Y que sirvan para el mayor número de tareas posible: las nuevas cámaras de foto no sólo hacen vídeo de alta definición sino que integran conexión inalámbrica y la posibilidad de capturar imágenes en tres dimensiones.

Si en algo ha destacado la IFA de este año ha sido la omnipresencia del 3D. La captura y visionado de imágenes en tres dimensiones es el nuevo mantra de la industria, aunque no está claro si el consumidor habitual lo desea realmente. Tampoco importa demasiado, porque se ha decidido incorporar el 3D sin un sobreprecio excesivo. Los nuevos proyectores de alta definición de Epson, por ejemplo, ya son 3D y al precio del modelo equivalente del año pasado sin 3D. Algo similar pasa con las pantallas. Son táctiles, aunque también se incluya un teclado físico en el dispositivo.

La situación de las gafas para televisores 3D se ha clarificado un poco, aunque aún persisten dos bandos: los que utilizan gafas pasivas y económicas y los de gafas activas y más caras. El primer bando está liderado por LG mientras que el segundo está soportado principalmente por Sony, Samsung y Panasonic. Toshiba y Philips, principalmente, están en ambos. Conscientes que era insostenible que se compraran gafas activas para cada marca, lo que se ha hecho es adoptar un estándar común. El compromiso es que los televisores 3D de gafas activas que se vendan a partir de otoño serán compatibles con cualquier gafa activa que saldrá a principios del año que viene.

Toshiba ha utilizado la feria para mostrar un televisor en 3D que no necesita gafas. Lo sorprendente es que de momento incluso Toshiba deberá vender televisores 3D con gafas, porque se comenta que el ZL2 de 55 pulgadas, el único modelo sin gafas que estará disponible a partir de diciembre costará del orden de 9.000 euros. La estrategia futura del 3D de la industria está, por tanto, en entredicho.

Igual pasa con las tabletas y los ordenadores ultraportátiles. En la IFA se han visto tabletas que funcionan con la última versión de Android y con Windows 7 y ya está previsto que los próximos ordenadores portátiles lleven pantalla táctil, para explotar todas las posibilidades de la siguiente versión Windows de Microsoft. La frontera entre móviles, tabletas y portátiles será entonces más difusa que nunca, porque ni el teclado físico servirá para distinguir una tableta de un portátil.

El problema principal, de todos modos, es la atonía del mercado. Los últimos datos revelados por GFK indican que las ventas de electrónica de consumo en Europa han caído del orden del 15%, tanto en unidades como en valor. No es un problema sólo de España, aunque la bajada ha sido superior, del 20%. Incluso mercados que funcionaban bien en el primer trimestre como el alemán han caído en el segundo. La industria, sin embargo, ha sido marcadamente optimista en la IFA y se ha repetido machaconamente que las expectativas para el segundo semestre son buenas. A su favor está que las ventas del segundo semestre del año pasado fueron malas y que no pueden caer mucho más.

IFA es ante todo una feria de televisión. Pero desde hace cuatro años hay una creciente presencia de los electrodomésticos y en esta edición la profusión de lavadoras, frigoríficos, hornos y pequeños electrodomésticos era más que evidente, hasta representar casi una cuarta parte de la superficie total de exposición.

El tema común de toda la feria ha sido la mayor eficiencia energética de los productos. Impulsado por las compañías japonesas, especialmente Toshiba y Panasonic, el recorte del consumo energético será la principal prioridad de los próximos años. El principal ejecutivo de Toshiba Digital Products, Masaaki Osumi, incluso ha aprovechado la feria para lanzar un nuevo reto: los productos digitales serán tan inteligentes que cuando se produzca un pico de consumo energético en una comunidad local se desconectarán de la corriente y funcionarán con baterías. A su juicio, el terremoto que asoló Japón en marzo servirá para una reconstrucción creativa del país, con un sistema energético más flexible, renovable y local. Y los dispositivos electrónicos deberán ayudar a conseguirlo.

SEAN GALLUP/GETTY IMAGES

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