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'Second Life' prohíbe las apuestas

El mundo virtual se adapta a la legislación de Estados Unidos sobre el juego

San Francisco (EEUU)

Linden Lab, la empresa creadora del mundo virtual Second Life, ha prohibido a sus millones de usuarios realizar apuestas y participar en juegos de casino para cumplir con las leyes estadounidenses que regulan el juego en Internet.

En un comunicado divulgado hoy por medios de comunicación, Linden Lab señala que los "residentes" de Second Life tienen que cooperar "con las leyes estatales y federales aplicables al juego online, incluso cuando los operadores y los jugadores residen fuera de EEUU".

La nueva política prohíbe apostar en juegos de azar como la ruleta o el black jack, o en aquellos que dependan de los resultados de eventos deportivos de la vida real si ello supone el pago de "dólares linden", la moneda de curso legal en Second Life, o de cualquier otra divisa.

En abril, Linden Lab anunció que cooperaba con una indagación de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) sobre Second Life que incluía la visita de oficiales de la agencia estatal a los casinos del mundo virtual.

Aunque el Congreso estadounidense prohibió hace un año las apuestas en Internet, economías virtuales como Second Life permitían a sus usuarios jugar con dinero virtual que, en la mayoría de los casos, acababa cambiándose por dinero real.

Un mundo que crece

Second Life suma ya 8,3 millones de usuarios que interactúan y hacen negocios en este mundo paralelo y que han invertido en propiedades y avatares virtuales alrededor de 2.600 millones de "dólares linden", unos 9,6 millones de dólares estadounidenses (7 millones de euros).

A diferencia de otros juegos en Internet, Linden Lab otorga a sus usuarios la propiedad de todos aquellos objetos que crean y compran en Second Life y se calcula que unos 1,5 millones de dólares (un millón de euros) cambian de manos cada día.

La decisión de la empresa ha generado una avalancha de críticas entre los usuarios, que en cientos de blogs y comentarios online lamentan que las leyes del mundo real frenen cada vez más la libertad en los universos virtuales.