Ir al contenido
_
_
_
_

Pitu Aparicio, educadora sexual: “Los chavales no conocen el clítoris”

La divulgadora y escritora acaba de recibir uno de los premios anuales que entrega la Felgtbi+ por su defensa de la igualdad y los derechos

Pitu Aparicio
Pablo León

Este texto es una entrega de la Queerletter, la newsletter LGTBIQ+ de EL PAÍS, coordinada por Pablo León.Apúntate aquí para recibirla.

Pitu Aparicio (Madrid, 37 años) es mucho: educadora social, educadora sexual y menstrual, monologuista, escritora, divulgadora… Por su ingente labor, la semana pasada recibió un Premio Pluma, los galardones que anualmente entrega la Federación Estatal LGTBI+. En su caso, destacaron “su labor en la promoción de la educación sexual, la igualdad de género y los derechos LGTBI+ y por su uso de las redes sociales para crear espacios seguros para las adolescencias queer”.

“Para mí es un reconocimiento a los años de militancia y activismo, un refuerzo para todos esos momentos en los que he podido pensar que la educación sexual integral no tenía tanta importancia”, cuenta la autora de Autocoñocimiento (Molino). Habla desde el salón de su casa. Ha preparado un té con pastas, que se mezclan en la mesa con materiales que usa para los talleres que imparte: unos cuantos ―y diversos― clítoris, unas tetas de macramé, con aureolas de tamaños y tonalidades diferentes, o algunos variopintos penes. Por la mañana ha estado con un grupo de adolescentes en un centro educativo: “Me han estropeado un clítoris. Claro, saben tan poco y tienen tantas preguntas que se emocionan”.

Pregunta. Lleva más de una década impartiendo talleres a chavales, ¿qué ha pasado con la educación sexual en España?

Respuesta. Ojalá poder decirte que ha habido un cambio brutal y estratégico, que la educación sexual no es un privilegio o una excepción… Si pudiéramos ir a los institutos a enseñar educación sexual integral y desde peques hablar de consentimiento, de límites o de placer, nos ayudaría a crecer con más libertad. Al educar sexualmente se puede prevenir el abuso sexual infantil, la violencia o las relaciones de maltrato. Sin embargo, tenemos que escuchar que la educación sexual “adoctrina”. En los centros educativos, muchas veces me encuentro con mensajes de familias supuestamente alarmadas. Luego no están tan preocupadas porque sus hijos puedan estar viendo porno a los 10 años.

P. ¿Qué dicen los padres y madres?

R. El otro día, una jefa de estudios me decía que los padres y madres nunca preguntan sobre el contenido que han dado en matemáticas, lengua o historia. Sin embargo, cuando se enteran de que ha habido ―o va a haber― un taller de educación sexual, se llevan las manos a la cabeza. Tienen un miedo generalizado que al final es una confrontación directa con el deseo de esas criaturas. Mis talleres empiezan con tres preguntas: ¿Cómo te llamas?; ¿cuáles son tus pronombres? ¿cómo estás hoy? Parece que se ha vuelto radical preguntar cómo te sientes.

P. Y usted, ¿cómo se define?

R. Como una mujer lesbiana que pertenece a una generación con muy pocos referentes lésbicos. ¿Quiénes han podido ser: Punky Brewster, Xena, la princesa guerrera? Es muy difícil creer que puedes ser lesbiana si nunca has visto una. No se puede obviar que el sistema, efectivamente, silencia a las lesbianas y que nosotras también estamos cansadas y agotadas. No todo el mundo puede estar haciendo activismo todos los días y poniendo el cuerpo continuamente. Es muy agotador. Por eso, me alegro mucho ahora al ver referentes consolidados como Jenny Hermoso o Nerea Pérez de las Heras. Al final necesitamos esa normalidad. Tengo muchas alumnas que, por sus familias, tienen la sensación de que están haciendo algo mal por sentirse atraídas por una mujer. Esto cuesta años y años quitártelo de encima y poder disfrutar. El alumnado muchas veces considera que la orientación sexual se elige. Yo, con 16 años, no decidí ser lesbiana. No pensé: “Ay, que bien me voy a hacer la vida fácil y me voy a enamorar de la mejor amiga de mi novio”.

P. ¿Cómo son sus talleres?

R. Un espacio de seguridad y de confianza. Son dos horas en las que hablamos de emociones, pero también de miedo ―muchos jóvenes tienen miedo al sexo― o dudas. Los jóvenes deben tener más información para tener más potestad sobre su cuerpo, su placer, y poder decidir quiénes son, cómo aman y a quién.

P. ¿Por qué la extrema derecha ―y a veces la derecha― atacan este tipo de contenidos?

R. Si en tu casa, cuando sale en la televisión una escena subida de tono, en lugar de aprovechar para hablar sobre el erotismo y el placer con naturalidad, se aborda desde el miedo; los niños, niñas y niñes entienden que hay algo malo en la sexualidad y en su mención. Ahora, se plantea acompañar las infancias con ternura, naturalidad y humildad. También en el ámbito sexual: enseñar cómo te tocas es más humano y genera menos miedo que imponer silencio. Cambiar ese paradigma choca con lo que a esta gente se le enseñó en su momento. Las personas de mi generación vimos muchas películas Disney en las que todo el mundo era heterosexual y muchas, como yo, no nos hemos convertido en heterosexuales. ¿Qué problema hay por informar de que cada persona pueda elegir libremente sobre su cuerpo?

P. ¿Qué les pasa a los chavales?

R. Depende mucho de la edad. Entre los siete y los ocho años se forma la vergüenza, por lo que siempre es mejor haber empezado a trabajar previamente las habilidades sociales y la sexualidad. Más adelante, ellas empiezan a menstruar, a descubrir su cuerpo y a hacer muchas preguntas. Mientras, ellos están pegándose, tirándose unos encima de otros… son menos maduros. En 1º ESO se ve mucho que las chicas están a un lado; los chicos a otro; y las personas no normativas o fuera de ese binarismo se queda en un limbo. Nuestro sistema escolar empuja al binarismo. Más adelante, en 3º ESO, hay un cambio: ya están teniendo las primeras relaciones y las preguntas que hacen se enfocan al miedo. Me da pena porque no hablan de deseo, de placer, y ni siquiera conocen el clítoris. El clítoris no sale en ningún libro de Biología. Ningún chaval ni chavala de menos de 17 años me puede decir dónde está el clítoris. Por eso yo tengo que enseñárselo mil veces.

P. ¿Qué opinan sobre el condón?

R. En mis stories [Aparicio es una gran divulgadora en redes sociales] muchas veces cuelgo vídeos sobre cómo se abre el condón, tanto la parte externa (el envoltorio), como la interna (el propio preservativo). Porque estamos hablando de prevención, pero también, de placer y de deseo. Cuando les pregunto para qué tenemos relaciones sexuales, muchos me contestan: “Pues para tener hijos, ¿no?”. Tardan un rato en relacionarlas con el disfrute, la comunicación o el conocer gente.

P. También da lecciones de educación menstrual…

R. No estamos dando la libertad para que se hable de la regla con normalidad y no tener este tráfico de compresas y tampones, a escondidas, como si fuera algo malo. Muchas chicas tampoco saben que la regla no tiene por qué doler de manera incapacitante: yo tardé 12 años en que me diagnosticaran mi endometriosis, así que esto me lo tomo como una lucha personal. Parece que las mujeres estamos hechas para que todo el rato haya una lupa apuntando a nuestros cuerpos y realidades para decirnos que nuestra vulva no está bien, que nuestro pelo es seco, o que nuestros coños huelen mal. ¿Cuántos pasillos has visto en el supermercado de productos para el olor a polla? Empezaron con el suavizante de pelo y hemos acabado con el desodorante de coño.

P. ¿Le realizan muchas consultas en redes sociales?

R. Sí, sobre todo los domingos. Ese día, mis mensajes de Instagram serían para escribir un libro: “Me he echado colonia en la vagina”; “tengo un trozo de condón dentro, ¿dónde tengo que ir?“... Si nos explicaran que el conducto vaginal tiene cierre, nos ahorraríamos mucho miedo por pensar que la copa menstrual se nos va a salir por la laringe.

P. Muchas de estas cosas las explicas en tu espectáculo Encantada de coñocerme.

R. Si toda la vida prohíbes hablar de educación sexual y de sexualidad, cuando te ponen a una señora vestida de vulva en un escenario hablando de todo lo que nunca nos contaron, dices: “Quiero ir a ver eso. Quiero poder reírme, llorar, emocionarme”. Este es mi segundo monólogo. El primero fue La bollera perfecta, con el que llevo cinco años girando, y en el que cuento mi propia salida del armario y un buen drama bollo para que todo el mundo empatice.

P. ¿Y qué explica en su libro Autocoñocimiento?

R. Muchas veces yo lo defino como la Superpop que nunca leímos. Ha sido y está siendo un viaje precioso porque a la gente le sirve. Ayer, recibí un mensaje de una persona que me decía que gracias al libro ha entendido que los abusos sexuales que sufrió no se los merecía. También me han escrito señoras con 50 años que no sabían si habían tenido un orgasmo en su vida porque no podían definir las sensaciones físicas al tenerlo y que al probar el succionador de clítoris habían alucinado.

Apúntate aquí para recibircada semana en tu buzón la Queerletter, la newsletter LGTBIQ+ de EL PAÍS, con textos como este.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Pablo León
Periodista de EL PAÍS desde 2009. Corresponsal LGTBIQ+ y coordinador de la newsletter semanal 'Queerletter'. Ha pasado por las secciones de Internacional, Madrid, Reportajes, El País Semanal, o El Viajero. Es licenciado en Ciencias Ambientales y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_