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Los medicamentos genéricos pierden la batalla frente a los de marca y ganan menos cuota de mercado tras expirar las patentes

El sector lleva casi una década sin crecer respecto a los medicamentos de marca y pide cambios normativos al Ministerio de Sanidad

Medicamentos marca y genericos
Un medicamento de marca (Seguril) y tres genéricos del principio activo: furosemida.Luis Sevillano
Oriol Güell

Uno de los mayores obstáculos que tuvieron que sortear los medicamentos genéricos al aterrizar en la sanidad española, hace justo ahora 25 años, fueron los prejuicios. Había que convencer a médicos y pacientes de que estos fármacos, aunque nacidos para bajar los precios, son igual de eficaces y seguros que los de marca y esto, en ocasiones, costó más que enfrentarse a los retos tecnológicos de poner en pie un nuevo sector. “Nos topamos con muchas barreras de entrada, pero logramos hacernos un hueco en las farmacias y convertirnos en un actor clave del sistema sanitario”, recuerda Ángel Luís Rodríguez de la Cuerda, secretario general de la patronal del sector, la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG).

Un cuarto de siglo más tarde, sin embargo, estos fármacos llevan casi una década estancados y emiten algunas señales de retroceso. Dos de cada cinco pastillas que hoy se venden en las farmacias son genéricos, lo que supone en euros el 21% del gasto público (2.234 millones de un total de 10.720). Son prácticamente las mismas cifras que en 2014. Y cada vez es más pequeña la parte del pastel que los medicamentos genéricos consiguen arañar a los de marca cuando se acaba una patente: si en 2011 se hacían con casi la mitad de la cuota de mercado en los dos primeros años, ahora apenas logran el 10%. Como nadie duda ya de la calidad de estos fármacos, el gran obstáculo parece ser ahora normativo y de organización del sistema.

“España se ha quedado atrás. Los genéricos en su conjunto llevan anclados desde hace años en el 41% de cuota de mercado, frente al 65% de la Unión Europea y casi el 90% de Estados Unidos”, lamenta Rafael Borràs, director de relaciones institucionales en España de Teva, el mayor fabricante de genéricos del mundo.

Todos los actores consultados coinciden en las bondades que tiene para el sistema sanitario un sector de genéricos competitivo. “Los medicamentos de marca no bajarían de precio sin su presión. Una caja de omeprazol costaba 36 euros hace 25 años y hoy vale 2,50. La mitad de los genéricos tiene un precio inferior a los 1,60 euros. Todo esto supone un ahorro de más de 1.000 millones al año para la sanidad pública”, desgrana Rodríguez de la Cuerda.

Los genéricos son, además, el complemento necesario para que los de marca sigan innovando, según Miguel Martínez, director de marketing de la consultora especializada en el sector farmacéutico Iqvia. “La innovación la aporta el medicamento de marca, pero la presión del genérico tiene un doble beneficio: impulsa un descenso en los precios y empuja al fabricante de marca a seguir investigando”, afirma.

La historia de los genéricos en España puede dividirse en tres etapas bien definidas. La primera arrancó con su salida al mercado en 1997 y duró hasta 2008. Fueron años complicados y la cuota de mercado alcanzada no fue muy elevada, cercana al 15%. Pero se había hconseguido lo más difícil: hacerse un hueco en el sistema sanitario.

La segunda etapa es fruto de la crisis económica. En 2008 se adoptan desde el Ministerio de Sanidad y las comunidades medidas como promover la prescripción por principio activo y, cuando esa se producía, obligar a los farmacéuticos a dispensar un genérico en lugar de un medicamento de marca. Los resultados se notan de inmediato y la cuota de mercado empieza a crecer sin parar hasta acercarse al 40% en solo cuatro años.

Cambios legales

Y luego, en 2015, llega un parón que dura hasta hoy. “Hay varios cambios legales que ya no obligan al farmacéutico a dispensar el genérico ante una receta por principio activo. Y esto no lo ayuda porque, a igual precio y sin otros incentivos, el medicamento de marca lo tiene muy fácil para mantener la cuota de mercado: es el que ya está posicionado”, afirma Borràs.

Los cambios estructurales del sector tampoco han ayudado a los genéricos, según Jaume Puig Junoy, profesor de la UPF Barcelona School of Management: “Antes había grandes superventas de venta en farmacia [como el Lyrica] que, al expirar las patentes, abrían enormes mercados para los genéricos. Pero ya hace años que la innovación ha basculado hacia los hospitales. Los medicamentos de venta en farmacia cuya patente va expirando tienen ventas bastantes menores y, por tanto, pueden atraer a menos fabricantes de genéricos”.

Las fuentes consultadas defienden que, si el objetivo es aumentar el papel de los genéricos en la sanidad española, son necesarios cambios en tres momentos clave: la fijación del precio, la prescripción en la consulta y la dispensación en la farmacia.

El sistema de precios de referencia español, que obliga a todos los medicamentos de un mismo tipo a venderse al mismo precio —sean genéricos o de marca—, es visto como un obstáculo. Así se consigue una situación que tiene algo de paradójico: un mercado a precio de genérico, pero en el que gran parte de la cuota de mercado sigue en manos de los medicamentos de marca. La principal propuesta de los expertos sería permitir, al menos durante el primer año tras el fin de la patente, puedan coexistir en el mercado dos precios: el del genérico, más barato, y el de marca, que podría ser algo más caro si así lo decide su fabricante.

“Con este sistema, que es el que tienen países como Alemania, la sanidad financia en todos los casos una cantidad, que se acerca al precio menor ofrecido por el genérico. Pero se deja abierta la puerta a que el paciente, si así lo quiere, pague un poco más si prefiere el medicamento el de marca por fidelidad u otras razones. Esa diferencia de precio le da al genérico la posibilidad de diferenciarse y crecer”, afirma Puig Junoy.

Esta es una de las reclamaciones que también hace la AESEG, aunque Miguel Martínez ve dificultades para que pueda aplicarse en España. “Es cierto que es un sistema común en otros países, pero aquí la legislación es distinta, con una sanidad universal de igual acceso para toda la población. Esta concepción encaja mal con la existencia de dos precios para un mismo fármaco, lo que puede entenderse como una sanidad de ricos y otra de pobres”, sostiene.

De la consulta a la farmacia

El momento de la prescripción por el médico en la consulta es el segundo momento clave en el que las administraciones pueden ayudar a los genéricos. La normativa vigente a nivel nacional establece que todas las recetas de los procesos clínicos agudos y la mayoría de los crónicos —aquí se abren excepciones para facilitar la adherencia a los tratamientos de los pacientes evitando cambios — deberían hacerse prioritariamente por principio activo. Pero al llevar esto a la práctica, cada comunidad ha impulsado una política farmacéutica propia con resultados que han acabado siendo muy distintos.

Según datos de Iqvia, solo hay cinco comunidades en las que la prescripción por principio activo supera el 70% —Andalucía, Navarra, País Vasco, Castilla y León, y Baleares—, mientras en otras seis la forma más habitual de recetar sigue siendo por marca —Comunidad Valenciana, Galicia, Asturias, Murcia, Extremadura y La Rioja—. Para mayor variedad, en Cataluña la apuesta es por la prescripción directa por el producto genérico.

Esta disparidad se hace aún mayor en el mostrador de las boticas, donde son frecuentes los cambios en favor de los medicamentos de marca, según los datos de Iqvia. Un 28% de las veces que el paciente presenta al farmacéutico una receta por principio activo, se acaba llevando a casa un medicamento de marca (al revés solo sucede el 11% de las ocasiones).

Las empresas del sector echan de menos en este punto la medida derogada en 2015, que obligaba a los farmacéuticos a dispensar un genérico cuando el paciente les entregaba una receta por principio activo. “Sería una medida que no solo ayudaría al genérico, sino a la economía española si tenemos en cuenta que el 70% de los fármacos de este tipo que se venden en España están fabricados aquí”, defiende Rafael Borràs.

La demanda del sector de volver a una especie de discriminación positiva en favor del genérico en las farmacias, sin embargo, tiene un difícil encaje legal, según Puig Junoy: “Si los dos tienen el mismo precio, no hay razones para hacerlo. Iría contra el principio de libre competencia. Habría que abrir antes la posibilidad de que los genéricos se diferenciaran por precio”.

Los expertos consultados también lamentan la falta de campañas de comunicación dirigidas a la población y el colectivo médico en favor de los genéricos de los últimos años, una medida que consideran clave. “Hace tiempo que no se hacen las que veíamos hace una década y que dieron buenos resultados”, lamenta Miguel Martínez.

Campaña de Sanidad

El Ministerio de Sanidad tiene en preparación desde hace años un paquete de medidas, agrupadas en el llamado Plan de Genéricos y Biosimilares, que asegura que completará en breve tras verse afectado su desarrollo por la pandemia. Una de sus acciones es una campaña de comunicación que se ha hecho pública este lunes. “Trabajamos con el sector para reducir las barreras de entrada de genéricos y biosimilares, desde la entrada en el sistema, fomento de su uso, prescripción, y concienciación ciudadana, incluyendo una campaña de difusión de ámbito nacional”, explica un portavoz. La sensación en el sector, sin embargo, es las medidas contempladas llegan tarde y que los trámites de desarrollo del plan han sido demasiado largos.

A la espera de que se solventen problemas que se arrastran desde hace años, los fabricantes de genéricos luchan ahora contra una amenaza más cercana: el incremento de unos costes que no puede ser repercutido en los precios al estar estos regulados. Según un informe de Teva, la producción en España se ha encarecido en el último año “al menos un 10% como resultado de los incrementos del 150%, 112% y 93%, del gas, electricidad y agua”, respectivamente.

Unos incrementos que muchos temen que puedan acabar incrementando los repetidos problemas de abatecimiento que ya se producen en algunas moléculas. La AESEG solicita al Ministerio de Sanidad que autorice un “incremento al menos de forma excepcional” del 10% en el precio de los medicamentos con un precio inferior a 1,60 euros, que “llevan sin actualizarse desde 2014″, concluye Rodríguez de la Cuerda.


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Sobre la firma

Oriol Güell
Redactor de temas sanitarios, área a la que ha dedicado la mitad de los más de 20 años que lleva en EL PAÍS. También ha formado parte del equipo de investigación del diario y escribió con Luís Montes el libro ‘El caso Leganés’. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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