“El aire acondicionado se va a convertir en un bien de primera necesidad”

Hicham Achebak, investigador sobre la afección del cambio climático a la salud, atribuye el exceso de mortalidad de este verano a las altas temperaturas

Hicham Achebak, experto en salud y clima, fotografiado cerca de la estación de trenes de Tarragona.
Hicham Achebak, experto en salud y clima, fotografiado cerca de la estación de trenes de Tarragona.Gianluca Battista

No es lo mismo clima (conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan una región), meteorología (la ciencia que estudia los fenómenos atmosféricos) y tiempo (si llueve, hace calor o frío en un determinado momento). Hicham Achebak, investigador del ISGlobal, centro impulsado por la Fundación La Caixa, estudia cómo influye el cambio climático en la salud humana. Pero para no enmarañar su discurso, advierte de que utilizará las tres palabras como sinónimos. Este científico español nacido en Larache (Marruecos) avisa del problema sanitario que puede traer la subida del precio de la energía. Porque el acceso a esta y la posibilidad de hacer las viviendas cada vez más confortables con calefacción y aire acondicionado es la clave, según dice, para reducir las muertes por frío y calor.

Pregunta. ¿Cómo afecta el tiempo a la salud?

Respuesta. El clima, o la meteorología, es el factor ambiental más determinante de la salud humana. Y la variable más importante es la temperatura, que afecta a las personas por el estrés térmico, que se produce a medida que te alejas de las temperaturas de confort: con el calor del verano y el frío del invierno. Pero no hay una definición de frío o calor desde el punto de vista de la salud. A lo mejor para mí en España una temperatura de 10 grados de media es frío, pero para Noruega es un día cálido.

P. ¿No existen unos parámetros a partir de los cuales la salud empieza a sufrir?

R. Los humanos tenemos una capacidad de adaptación enorme, y estamos adaptados al clima local. Una temperatura media, por ejemplo, de 25 grados tendría más impacto en Dinamarca que en España. Por eso yo en Barcelona en invierno voy con mucho frío y veo a nórdicos en manga corta.

P. ¿Cómo funciona ese estrés térmico?

R. Puede producirse por calor o por frío. Las consecuencias directas son los golpes de calor o las hipotermias: como el pobre emplede la limpieza que fallece por trabajar al sol con ropa poco adecuada, o el que duerme en la calle en invierno y muere por el frío. Pero la mayoría de las personas que fallecen por el efecto de las temperaturas no lo hacen por estas causas, sino por un agravamiento de unas patologías base, que pueden ser del aparato circulatorio, respiratorio, personas que tienen diabetes, que padecen algunas enfermedades renales, por ejemplo. Y la mayoría de personas que sufren este agravamiento son las mayores, porque tienen menos capacidad para regular la temperatura corporal. La temperatura, además, no solo produce muertes, sino también un aumento de ingresos en hospitales.

P. ¿Mata más el frío o el calor?

R. En España, más del 80% de toda la mortalidad asociada a las temperaturas es atribuible al frío. Pero es una cuestión de frecuencia: hay muchos más días de frío al año que de calor, si lo comparamos con las temperaturas medias de confort. Pero con el cambio climático la temperatura está aumentando, el verano se irá extendiendo y los inviernos serán también más cálidos. Así que con el tiempo seguramente tendremos más días de calor que de frío y, si la vulnerabilidad se mantiene igual, el clima provocará más muertes por calor.

P. ¿Qué es la vulnerabilidad?

R. Podríamos decir que es el riesgo de morir por culpa de la meteorología; es un factor dinámico. Cuanta mejor adaptación al clima, menos vulnerabilidad. Por ejemplo, si en España el riesgo de morir con 28 grados de temperatura media disminuye, quiere decir que está bajando la vulnerabilidad. Y es algo que ha sucedido en las últimas décadas en España. Pese a que cada vez hace más calor en verano, el riesgo de morir ha ido disminuyendo.

P. ¿Por qué?

R. En España se ha producido sobre todo por el desarrollo socioeconómico, que ha sido espectacular desde la Transición. Hay mejoras en el sistema sanitario, aumenta el nivel de renta, las personas tienen más acceso a la calefacción, al aire acondicionado. Eso hace que la población tenga más herramientas para paliar los efectos tanto del calor como del frío. En 1991, alrededor del 5% de los hogares de España tenían aire acondicionado. Ahora estamos en torno al 35%, aunque con el precio de la luz no quiere decir que siempre se use. Pero es una cifra que veo baja, para las temperaturas de España, que seguirán subiendo. Tendrá que aumentar mucho en los próximos años porque es una de las medidas de adaptación más efectivas. El aire acondicionado se va a convertir en un bien de primera necesidad con el aumento de las temperaturas.

P. Tenemos el problema del precio de la energía. No todo el mundo se puede permitir encenderlo, incluso si lo tiene.

R. Sí, vemos que los excesos de mortalidad por temperaturas se producen en personas mayores y por estratos sociales: afecta más a los más desfavorecidos.

P. ¿Los posibles problemas de energía que tendremos este invierno influirán en la salud de la población?

R. Es una de las cosas que estoy investigando. Tendremos que analizar los datos, pero si la gente no pone el aire acondicionado o la calefacción porque no puede pagarla es más probable que haya más mortalidad por calor y frío.

P. Este verano estamos teniendo un enorme exceso de mortalidad: está falleciendo mucha más gente de lo que se preveía para esta época del año. ¿Qué cree que está pasando?

R. Este verano estamos viendo temperaturas muy altas y de forma muy persistente. No nos han dado un respiro. Otros veranos, entre olas de calor había días de bajada, pero este prácticamente ha sido continuo desde junio. Es incluso más caluroso que el de 2015. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Por un lado, la covid sigue matando y eso hay que sumarlo. También ha subido el precio de la energía, y es posible que esto ya se esté notando en un menor uso del aire acondicionado.

P. Si se restan las muertes estimadas por covid en julio, el exceso de mortalidad se parece bastante al de 2015, el anterior año con un julio tan caluroso. Pero el MoMo (el sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas) solo atribuye una pequeña parte del exceso de mortalidad al calor, tanto entonces como ahora. Quedan miles de muertes sin una explicación clara. El modelo no es más que una estimación estadística, no un recuento, ¿puede estar fallando?

R. Yo creo que este exceso de mortalidad básicamente se debe a esta persistencia de estas altas temperaturas. Es posible que el modelo no sea capaz de predecir efectos acumulativos de tantos días seguidos de calor. Quién sabe si este mismo calor habría producido las mismas muertes en 2019, cuando el precio de la energía era menor y quizás más gente ponía el aire acondicionado. También se habla de un empeoramiento general de la salud de la población [como consecuencia de la covid y de la saturación hospitalaria derivada de la pandemia]. Si esto ha sucedido, también la gente será más vulnerable al calor, así que creo que se debe a esto. No veo otra causa que pueda explicar una subida de la mortalidad tan repentina.

P. ¿Cree que las medidas de ahorro energético que ha aprobado el Gobierno pueden tener algún impacto en la salud, para bien o para mal?

R. En principio no deben tener un impacto significativo. En todo caso, igual puede ser beneficioso por reducir enormemente los contrastes térmicos. Quizás puede evitar algunos catarros, pero más allá de eso no va a hacer nada.

Sobre la firma

Pablo Linde

Escribe en EL PAÍS desde 2007 y está especializado en temas sanitarios y de salud. Ha cubierto la pandemia del coronavirus, escrito dos libros y ganado algunos premios en su área. Antes se dedicó varios años al periodismo local en Andalucía.

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