La mascarilla dejará de ser obligatoria en interiores después de Semana Santa

El Consejo de Ministros del 19 de abril aprobará retirar el cubrebocas, que seguirá en el transporte público y los centros sanitarios y sociosanitarios. La medida entrará en vigor al día siguiente

Pasajeros con mascarillas en el metro de Madrid.
Pasajeros con mascarillas en el metro de Madrid.Olmo Calvo

Las mascarillas dejarán de ser obligatorias en España después de Semana Santa. El Consejo de Ministros aprobará su eliminación el 19 de abril, según ha informado la ministra de Sanidad, Carolina Darias, al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), y ha confirmado más tarde a los medios. La medida entrará en vigor el 20 de abril, el mismo día que se publicará en el BOE.

El cubrebocas seguirá siendo obligatorio en transportes públicos, centros sanitarios y sociosanitarios (residencias) para trabajadores y visitas, según ha dicho la ministra. También tendrán que seguir llevándola las personas con síntomas leves de covid. Es lo que habían acordado los técnicos de la Ponencia de alertas en un borrador de documento que todavía no era definitivo. Pese a que fuentes de este órgano señalan que todavía quedaban flecos por discutir y votar, Darias lo ha dado ya por aprobado.

Uno de estos flecos eran los centros de trabajo. La ministra ha informado de que la ley no impondrá la mascarilla en estos ámbitos, pero que serán los servicios de prevención de riesgos laborales de cada empresa los que tendrán que tomar la decisión en cada caso. Los detalles vendrán concretados en el decreto que se publicará el 20 de abril

La imposición de las mascarillas en interiores, en vigor desde mayo de 2020, era la última medida que quedaba por retirar para normalizar por completo la convivencia con el coronavirus, una vez que, desde la semana pasada, las personas positivas con síntomas leves ya no tienen que hacerse test ni aislarse.

Varias comunidades llevaban tiempo apremiando a Sanidad para que diera este paso. Madrid y Cataluña eran dos de las más insistentes. La Generalitat había incluso amagado con retirar las mascarillas si no lo hacía el Gobierno, algo que ya han implantado países como Francia, Reino Unido o, más recientemente, Alemania. Italia y Portugal son los dos únicos grandes países del entorno europeo que mantienen la obligatoriedad de los cubrebocas en interiores.

Otras autonomías, sin embargo, lo veían precipitado. Lo habían manifestado muy explícitamente en los últimos días Andalucía y Extremadura. El presidente de la Junta andaluza, Juan Manuel Moreno Bonilla, declaró el lunes que es partidario de mantenerlas al menos durante un mes y medio más. El consejero de Sanidad de Extremadura, José María Vergeles, también manifestó que “no se debe correr en exceso” porque ha pasado “poco tiempo” desde que entró en vigor la nueva métrica de la covid en España, en referencia al nuevo sistema de vigilancia que Sanidad estrenó la semana pasada.

Darias, ha asegurado que ha habido “práctica unanimidad” en el CISNS. “Hemos buscado el consenso. Había quienes querían correr más y quienes querían correr menos, pero vamos a ir todos de la mano, porque juntos avanzamos más y llegamos más lejos”, ha dicho.

Como ha sucedido con los exteriores, el uso de mascarillas en entornos cerrados (salvo en las excepciones mencionadas) pasará a ser una recomendación siempre que no se pueda guardar la distancia de seguridad de un metro y medio, especialmente para las personas más vulnerables: los mayores de 60 años, embarazadas y cualquiera con una patología que le haga más susceptible a enfermar gravemente de covid. El resto de la población también podrá seguir protegiéndose con el cubrebocas cuando lo considere oportuno.

¿Cómo afectará la medida a los contagios?

Es complicado predecir el impacto de la medida en términos de salud pública. Aunque está demostrado que la mascarilla es un elemento de protección individual muy útil, a estas alturas de la pandemia no está tan claro cómo impacta su imposición en los grandes números de contagios. A partir de principios de marzo, muchos países europeos comenzaron a notar un repunte en la incidencia. Ocurrió en algunos que acababan de retirar el cubrebocas, como Francia, pero también en otros que lo mantenían, como Alemania e Italia. Reino Unido lo retiró en interiores a finales de enero, con la curva hacia abajo: siguió cayendo, más tarde subió, al mismo tiempo que en otros lugares de Europa y en las últimas semanas ha vuelto a descender.

Ana María García, catedrática de Salud Pública en la Universidad de Valencia, cree que ante un posible aumento de la transmisión durante Semana Santa, convendría mantener las mascarillas en interiores unas semanas más. “Yo no tendría prisa. En cualquier caso, habría que insistir en que las personas de más riesgo (mayores, inmunodeprimidos, personal en residencias, centros sanitarios, etcétera) deberían mantener la protección más tiempo”, sostiene.

Su colega Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de la misma disciplina en la Universidad Autónoma de Madrid, sí piensa que es buen momento: “Podría haber sido hoy mismo, por la tendencia descendente muy clara de la ya baja presión hospitalaria, pero también es razonable esperar al día 19, una vez confirmado el impacto de las últimas medidas, en especial la no necesidad de aislamiento estricto en los casos”.

En España ya no se mide la incidencia acumulada para la población general, ya que solo están indicadas pruebas para personas mayores de 60 años, las que son vulnerables o viven en residencias. Es muy posible que mucha de esta población continúe usando la mascarilla en zonas de riesgo de contagio.

Los nuevos datos de Sanidad, centrados en la población mayor de 60, no muestran por ahora una tendencia clara en la incidencia. Lleva unas semanas estancada por encima de 400 casos por 100.000 habitantes, con subidas y bajadas. Las hospitalizaciones por covid también presentan algún diente de sierra, pero en este caso la tendencia de caída es clarísima desde hace dos meses. Este será a partir de ahora el factor fundamental para determinar si la nueva realidad de convivencia con el virus se mantiene o si hay que dar algún paso atrás, ya sea en los aislamientos o en las mascarillas.

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Sobre la firma

Pablo Linde

Escribe en EL PAÍS desde 2007 y está especializado en temas sanitarios y de salud. Ha cubierto la pandemia del coronavirus, escrito dos libros y ganado algunos premios en su área. Antes se dedicó varios años al periodismo local en Andalucía.

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