El gran éxito de las listas de espera para vacunarse con dosis sobrantes en Nueva York

Desde enero miles de personas han burlado los cupos de edad o grupos de riesgo aprovechando viales excedentes

Meti Gashi espera en observación después de recibir la vacuna contra la covid-19 el 18 de marzo, en Nueva York.
Meti Gashi espera en observación después de recibir la vacuna contra la covid-19 el 18 de marzo, en Nueva York.Kathy Willens (AP)

Listas de espera para vacunarse con dosis sobrantes. El sistema paralelo que desde enero ha permitido a muchos neoyorquinos inmunizarse contra la covid-19 sin pertenecer a ningún grupo de riesgo se ha ralentizado a medida que las franjas de edad se ampliaban ―a partir de este martes podrán recibirla todos los residentes de 16 años en adelante―, pero sigue generando demanda.

Este jueves, en un instituto al norte de Manhattan reconvertido en centro de vacunación ―como muchos colegios, centros sociales, pabellones deportivos y farmacias, entre otros establecimientos―, John se apuntaba a mano en un listado, a la vieja usanza. “Por internet lo he intentado muchas veces, hay muchas páginas web que reúnen las citas disponibles, pero se cuelgan o están todas las horas dadas o bien te toca al otro extremo de la ciudad”, explica.

El instituto, a medio camino entre su trabajo y su domicilio, le parece la opción más cómoda. “Hace semanas que ya no hay colas; funciona muy bien, con diligencia, y varios colegas se han vacunado así; solo tienes que registrarte y esperar. Tarde o temprano te acaba tocando”, añade el hombre, de 35 años.

El sistema es sencillo: todas las tardes, entre las cinco y las siete, los administrativos de Somos ―una red sanitaria muy extendida por la ciudad a la que las autoridades estatales y locales han encomendado, entre otros agentes, la gestión médica de la campaña― llaman por riguroso orden a los apuntados en función de la cantidad de excedentes que resulten de la incomparecencia de las personas citadas convencionalmente. Una vez descongelado, el vial debe usarse en un plazo de seis horas o terminará en la basura, de ahí el generoso plan b.

“Ponemos 300 vacunas al día, los siete días de la semana, no cerramos ni siquiera el Viernes Santo. Hay días que no sobra ninguna dosis porque todas las personas citadas acuden. Otros días suelen sobrar en torno a ocho, no más; a veces solo una o dos. Vamos llamando a los que están en la lista de espera, pero entre ellos también priorizamos a los mayores, enfermos crónicos o con comorbilidad”, explica Yvelise Estévez, de Somos. “El afortunado recibe un SMS avisándole de que hay una dosis para él y tiene un plazo de dos horas para presentarse”. Aunque la elegibilidad ya es general, y no hay cupos ni franjas de edad, el sistema paralelo continuará, subraya Estévez, “para no desperdiciar ni un solo vial”.

Desde que comenzó la vacunación, en enero pasado ―cuando teóricamente era accesible solo para grupos de riesgo y trabajadores sanitarios y, luego, esenciales―, la picaresca e internet se han dado la mano para que el neoyorquino ansioso pudiera inmunizarse antes de tiempo. Lo más socorrido, con disponibilidad de tiempo, era aventurarse ante el centro en cuestión a las siete de la tarde y probar suerte, muchas veces previo aviso de redes sociales comunitarias como NextDoor, pródigas en mensajes sobre lugares y oferta. Otras tantas, a las bravas, por ejemplo en los hospitales de campaña levantados por importantes hospitales en algunos estadios.

Un grado por encima del queo vecinal, webs como Dr B han sistematizado oferta y demanda con un registro formal donde el ciudadano que lo desee recibe notificaciones de los centros con dosis extra, aunque esta fórmula también sigue las directrices de las autoridades sanitarias para discriminar a quién se administra antes los restos. Ha sido tal el éxito de la web que en su primer mes de vida ha tenido 500.000 suscriptores.

Otra modalidad a la hora de vacunarse en la Gran Manzana son los centros pop-up, improvisados o efímeros, como los que este fin de semana abrirá el Estado de Nueva York en medio centenar de complejos de viviendas sociales e iglesias. Una oferta específica, destinada a grupos de población más reacios a vacunarse, como los afroamericanos, que suponen la mayoría de los habitantes de esos gigantescos bloques de viviendas. En otras zonas de la ciudad, el Ayuntamiento ha desplegado un sistema de unidades móviles para facilitar la vacunación a los vecinos más recalcitrantes.

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