Sobrevive: compra en tu comunidad

Ahora vamos a los comestibles del otro lado de la avenida, aunque debamos caminar dos calles más

Comerciantes de la Central de Abastos de la Ciudad de México, el pasado 5 abril. FOTO: Mónica González
Comerciantes de la Central de Abastos de la Ciudad de México, el pasado 5 abril. FOTO: Mónica GonzálezMónica González

Debo aceptar que no me gusta el comercio. Así, en general, como actividad humana. Me angustia, me tensa, me deprime. Quizá se deba a que mis padres pasaron, a lo largo de sus vidas, por etapas de vacas famélicas en las que tuvieron que ejercer de vendedores. Y de los dos no se hacía uno. Mi padre, por ejemplo, a pesar de ser un tipo culto, cayó en todas las estafas piramidales posibles. La última vez que intentó “emprender” algo, siendo ya octogenario, fue enganchado en la distribución de un jugo de bayas brasileñas que fingía aliviar todas las enfermedades conocidas. Claro que el brebaje no c...