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Asesinos y normales

La violencia de género ocurre con independencia del mes, el día, la hora y el lugar

Thomas Handrick, presunto asesino de su exmujer, sale esposado de su casa de Adeje.
Thomas Handrick, presunto asesino de su exmujer, sale esposado de su casa de Adeje.

Nadie se pregunta por el “perfil” de los narcotraficantes ni de los terroristas y al mismo tiempo nadie duda de que entre esos grupos de delincuentes habrá diferencias y hombres con distintos rasgos de personalidad, experiencias diversas, hábitos muy variados... Pero todo el mundo entiende que son criminales que actúan con la motivación de alcanzar sus objetivos a través de conductas delictivas que vendrán matizadas por sus rasgos individuales.

Y lo que hace a los hombres “iguales” no es el soporte biológico ni su estructura psicológica, sino su identidad, esa especie de “manual de instrucciones” para ser hombres en un contexto sociocultural caracterizado por lo que los hombres han decidido a lo largo de la historia que era lo conveniente a la hora de organizar la convivencia y las relaciones dentro de ella. Eso es el machismo, la cultura que nos define, no la conducta de algunos.

El interés en encontrar un “perfil de maltratador y asesino” no es casual, pues hacerlo significa que la construcción social y cultural que crea la desigualdad y la violencia contra las mujeres como parte de ella, no existe. Y que, por tanto, tampoco hay referencias comunes para que cualquier hombre que lo decida pueda recurrir a una violencia integrada en una sociedad que lleva a decir a las víctimas lo de “mi marido me pega lo normal”, situación reflejada en la Macroencuesta de 2015 cuando el 44% de las mujeres que viven bajo la violencia refieren no denunciar, porque la violencia sufrida “no es lo suficientemente grave”.

La realidad es muy gráfica. Los informes del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer reflejan que los hombres asesinan a las mujeres con las que mantienen o han mantenido una relación de pareja a cualquier edad, algunos lo hacen desde los 16 años (el 0,1% lo ha hecho a esas edades), y no se detienen con el paso del tiempo, hasta el punto de que el 16,2% lo hace con más de 64 años, aunque como ocurre con las víctimas, la franja de edad en la que se comenten más homicidios es entre los 31 y los 40 años (28,4%). Algunos de estos, además, ejercen la violencia no solo contra las mujeres. En los años en que existe una estadística oficial sobre los menores (2013-2019) han asesinado a 28 niños y niñas.

Matan por todo el territorio con una tasa media de 3,6 asesinos por millón, y lo hacen en todo tipo de poblaciones, desde las más pequeñas a las más grandes, siendo estas últimas (las de más de 200.000 habitantes), las que concentran un mayor número de casos. Lo hacen con bastante homogeneidad durante todos los meses del año, con una media de 5,2 crímenes mensuales y un ligero incremento en julio, mes en el que la media asciende a 6,1. Los crímenes son cometidos cualquier día de la semana, aunque el domingo y el lunes concentran el 31,5% de todos los homicidios, y tampoco diferencian el horario para matar, si bien de 21.00 a 2.00 se comete el 30,2% de estos homicidios, según los informes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

El procedimiento más habitual para llevar a cabo el homicidio es el arma blanca, que es utilizada en el 43,8% de las muertes (Informes CGPJ), y la utilización de más de un mecanismo se produce en el 25% de los casos. El grado de violencia es tan alto que la media de puñaladas utilizadas para acabar con la vida de las mujeres es de 18,4, aunque hay casos con más de 100 cuchilladas.

Uno de los mitos más frecuentes a la hora de justificar estos homicidios es recurrir a la alteración psicológica del agresor, sin embargo, el análisis de las sentencias de todos los homicidios por violencia de género que realiza el CGPJ revela que en ningún caso el alcohol anuló la responsabilidad del homicida y solo en un 0,2% la modificó. A su vez, las alteraciones psíquicas modificaron la responsabilidad en el 7% y en el 2% la anularon, por lo que los datos demuestran que la inmensa mayoría, más del 90%, de los homicidas eran normales y se encontraban en perfecto uso de sus capacidades intelectivas y volitivas.

El 19,4% de estos asesinos se suicidó tras el homicidio, una conducta que ha aumentado desde 2014 y que es llevada a cabo fundamentalmente por españoles y por los agresores de mayor edad: en el 31,2% de los suicidios los agresores tienen más de 64 años.

Los extranjeros suponen el 29,7% del total, pero siempre se argumenta que están sobrerrepresentados respecto a su grupo poblacional, de hecho, la tasa por millón de homicidas españoles es del 2,5 por millón y la de extranjeros es de 9,5. Sin embargo, esta lectura resulta simplista. Si se tiene en cuenta que el grupo de edad más violento es el que va de los 31 a los 50 años y que los hombres extranjeros de esa franja de edad representan el 45,9%, mientras que los españoles suponen el 31,1%, la conclusión es que entre la población extranjera existe una diferencia de 14,8 puntos en el porcentaje de hombres en la “edad más violenta”.

Este factor, junto con otros vinculados a sus dinámicas relacionales, es fundamental para entender la mayor tasa de homicidas extranjeros y no caer en el reduccionismo de creer que la causa de esta violencia está en su origen. Los hombres asesinan a las mujeres por ser machistas, no por ser extranjeros, la procedencia puede condicionar algunos de los factores relacionados con la violencia, pero no es la razón para que se lleve a cabo.

La violencia de género ocurre “siempre” con independencia del mes, el día, la hora y el lugar. Y sucede así porque en cada momento y destino hay un hombre “normal” que decide asesinar a la mujer con la que mantiene o ha mantenido una relación de pareja.

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