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La falta de aulas públicas aleja del barrio a niños de tres años en Sevilla

Una veintena de alumnos del centro de la capital andaluza recorrerán hasta seis kilómetros para asistir a clase

Protesta de los padres afectados, frente a la delegación de la Consejería de Educación en Sevilla.
Protesta de los padres afectados, frente a la delegación de la Consejería de Educación en Sevilla.

En el centro de Sevilla, la demanda de escuelas públicas supera a la oferta. Por esa razón, la Junta de Andalucía (PP y Ciudadanos) ha desplazado a una veintena de niños de tres años a colegios públicos de otros barrios, lo que les obligará a recorrer hasta seis kilómetros para acudir a clase el próximo curso. Estas familias quieren educación pública, a la que tienen derecho, y no habían puesto entre sus opciones un centro concertado. Tras protagonizar una protesta ante la Consejería de Educación, los padres y madres de estos alumnos se reunieron este miércoles con el delegado en la capital andaluza, Joaquín Pérez, que eludió ofrecer alternativas. “No sabemos si se podrán articular soluciones”, precisó un portavoz. Los padres amenazan con encierros.

Los cinco colegios públicos del centro de Sevilla son insuficientes frente a los 15 concertados —14 de ellos de ideario religioso—. De las 600 plazas de este distrito, solo 175 son públicas. “La situación de angustia es tremenda, estamos decidiendo el futuro de nuestros hijos, porque saltar luego a otro colegio es imposible. No quiero ni plantearme cómo llevaré el niño allí, igual ni lo escolarizo. Luego se preguntan por qué hay baja natalidad en España”, censura Rosario Galán, madre de un niño de dos años.

El Ejecutivo autonómico siempre halló fórmulas alternativas para evitar grandes desplazamientos a los menores. Hasta ahora. La Junta se ampara en el decreto 40/2011  para la admisión del alumnado, que establece que se adjudicarán plazas escolares a los alumnos con la única premisa de que estén ubicadas en colegios de la misma población.

En hora punta, 8.30 de la mañana, con un niño de tres años que se agota con facilidad al caminar, la única solución, si la línea de autobús no encaja en el trayecto, es el coche. “La conciliación se la han saltado y es inviable perder tres horas al día en transporte. Yo vivo en el barrio de Santa Cruz, iría a Triana y trabajo en la Facultad de Enfermería”, lamenta Laura Guerrero, profesora universitaria. “Al final obligan a las mujeres a pedir la reducción de jornada”.

La Junta ha lanzado en las últimas décadas la promesa de la construcción de un nuevo colegio en el centro, pero todo fue humo hasta el pasado febrero, cuando la redacción del proyecto fue licitada. Sin embargo, llegará demasiado tarde para estas familias.

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