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COLUMNA i

La prostitución no es inevitable

Rechazar leyes que penalizan al cliente forma parte de un debate pantanoso plagado de trampas

Controles policiales a los clientes de las mujeres que ejercen la prostitución en el polígono Marconi de Villaverde (Madrid).
Controles policiales a los clientes de las mujeres que ejercen la prostitución en el polígono Marconi de Villaverde (Madrid).

El debate sobre la prostitución es un terreno pantanoso salpicado de trampas. En Francia, una decena de asociaciones y la sección gala de Médicos del Mundo alegan la inconstitucionalidad de la ley de 2016 porque vulnera, alegan, la libertad de empresa y la libertad sexual. Desde que esa norma está en vigor, aseguran, las prostitutas sufren más precariedad. El Constitucional debería pronunciarse al respecto este mismo viernes. La norma en cuestión no ilegaliza el mercado del sexo, sino que penaliza al cliente. Hasta entonces, solo se perseguía a las putas. Pocos blandieron una espada en su favor por esa ley que desde 2003 las penalizaba a ellas.

En esas asociaciones contrarias a la norma de 2016 hay quienes rechazan la prostitución, esgrimen, pero prefieren otras vías para afrontar el problema. Por ejemplo, la protección real de las mujeres forzadas a ejercer esa actividad ofreciéndoles, entre otras cosas, alternativas reales para ganarse la vida de otra forma.

Otras organizaciones creen, por el contrario, que penalizar al cliente y proteger a la prostituta (ese es el espíritu de la ley) es un importante paso adelante contra un mercado repleto de abusos, violencia, explotación y trata de personas. Las avala el 71% de la población, favorable a penalizar al cliente, según un sondeo de Ipsos.

Las prostitutas son vulnerables. Eso no es nuevo. Varios médicos publicaron recientemente una tribuna en Le Monde asegurando que ellas tienen la mitad de esperanza de vida que cualquier otra mujer. Corren más riesgos de depresión profunda y de consumo de drogas para soportar las condiciones de su “trabajo” y suelen sufrir heridas en la zona vaginal con cicatrices en todo el cuerpo por haber sido atadas o incluso quemadas con cigarrillos.

En España, la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras) recibió el año pasado un primer permiso oficial para funcionar como sindicato. De no haberlo revocado el Gobierno, muchos proxenetas se habrían convertido en empresarios y algunas prostitutas, en empleadas con Seguridad Social. ¿Es eso lo que se necesita mientras se acaba con la lacra de la prostitución tal como la conocemos?

Habrá casos, pero es pura fantasía considerar que en esta actividad hay contratos entre iguales de uno que cobra (casi siempre, mujer) y otro que paga (casi siempre, hombre). Las víctimas de explotación se cuentan por millones y de la libertad sexual solo suele disfrutar el cliente. Resignarse a la existencia del sistema es dar una batalla justa por perdida. “No cabe en una sociedad democrática”, ha dicho Pilar Llop, delegada del Gobierno para la Violencia de Género, a este periódico.

Continentes enteros han desterrado la esclavitud, el racismo y la pena de muerte. Que se produzcan debates tan encendidos demuestra que hoy las sociedades cuestionan este abominable mercado del sexo con el que sí, se puede terminar.

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