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Huelga contra la violencia de género en Israel

El asesinato de dos adolescentes cataliza una huelga para protestar contra la inacción del gobierno de Netanyahu

Zapatos rojos en Israel contra la violencia machista.
Zapatos rojos en Israel contra la violencia machista.

Miles de israelíes se han sumado a la huelga convocada este martes para para protestar contra la inacción del gobierno frente a la violencia de género que este año se ha cobrado ya la vida de 24 mujeres, las dos últimas, dos jóvenes de 16 y 13 años asesinadas la semana pasada en las ciudades de Jish y Tel Aviv, con tan solo unas horas de diferencia. Unas muertes que conmocionaron a la sociedad israelí y que han servido de catalizador de las concentraciones de protesta de las últimas semanas.

El cuerpo de Yara Ayub, de 16 años, fue encontrado en un vertedero 3 días después de su desaparición. La última vez que fue vista estaba comprando en una pastelería donde paró a comprar algo para llevar al cumpleaños de una amiga, al que nunca llegó. Un hombre de 28 años, que presuntamente la secuestró, y otro de 53 se encuentran detenidos sin que las autoridades israelíes hayan esclarecido aún su relación con los hechos. Silvana Tsegai, de 13 años, fue encontrada muerta a golpes en el apartamento familiar al sur de Tel Aviv. El compañero sentimental de su madre fue detenido horas después acusado del asesinato de la niña de origen eritreo.

“Lo irónico es que el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Primer Ministro Netanyahu visitó un hogar de acogida en el que dijo estar en shock por la situación de las mujeres. Esos asesinatos sucedieron al día siguiente y ni siquiera encontró tiempo para tuitear sobre esos crímenes”, dice a El País Aida Tuma, diputada árabe israelí, Presidenta de la Comisión de Igualdad de Género de la Knesset —el parlamento israelí—.

Las calles de las principales ciudades se tiñeron de rojo en solidaridad con las víctimas. En Tel Aviv, 200 pares de zapatos de ese color inundaron la plaza Habima y en Jerusalén, el agua de la fuente de la Plaza de París, se tornó color sangre en recuerdo de las fallecidas. Las israelíes reclaman al gobierno que dote con los fondos prometidos —250 millones de shekels (unos 60 millones de euros)— al programa quinquenal aprobado hace año y medio para luchar contra la violencia de género y que, según las manifestantes está fracasando porque el gobierno no lo implementa, lo que hace más difícil la vida esas mujeres, que, como víctimas, no alcanzan a tener la ayuda necesaria antes de que ocurra una tragedia.

“Algunas de las asesinadas habían acudido a la policía y nadie hizo nada. No podemos tolerar que sigan de brazos cruzados”, asegura Rachel, una de las manifestantes que a primera hora de la mañana participó en la protesta para cortar el tráfico bajo el Puente de la Cuerdas, construido por el arquitecto español, Santiago Calatrava, a la entrada de Jerusalén. "En 2.017 se aprobó el Plan Nacional para Prevenir la Violencia y proteger a las víctimas, pero no su presupuesto. Estamos trabajando para combatir esta lacra con 8 millones de shekels (1,8 millones de euros) anuales, en lugar de los 50 millones (12 millones de euros) prometidos. Estamos fallando en la protección de las mujeres”, sentencia la diputada Tuma antes de partir hacia Tel Aviv, para participar en la concentración de protesta en la Plaza de Rabin.

Tampoco les ha gustado que el parlamento israelí fuese incapaz de sacar adelante otras iniciativas como la creación de una comisión de investigación sobre la violencia de género —propuesta de la oposición contra la que votó Benjamín Netanyahu— o una condena unánime de los asesinatos. El lunes, las diputadas del parlamento hebreo, que también secundaron la huelga, abandonaron sus escaños en señal de protesta por la inacción del gobierno y su falta de sensibilidad con un problema que ha alcanzado este año la cifra más alta de víctimas desde 2011.

Y una vez más, las autoridades israelíes defraudaron a los manifestantes al anunciar que, en contra de lo inicialmente previsto, los funcionarios que participasen en la huelga tendría que pedir un día libre o se les descontaría de su salario. Todo lo contrario de lo que han hecho grandes empresas locales como el Banco Hapoalim, la plataforma de cable Hot o la empresa de telecomunicaciones Pelephone, que anunciaron que sus empleadas podrían secundar la huelga sin penalización alguna.

“Vamos a la huelga porque quienes toman las decisiones deben de darse cuenta de que hacen falta acciones y no solo palabras vacías (...) Nos manifestamos contra la indiferencia negligente y pedimos soluciones”, dicen los convocantes de la huelga en un comunicado previo a la jornada de huelga a la que se han sumado unas 300 organizaciones sociales y locales de todo tipo, entre ellas 47 Ayuntamientos y unas 100 empresas del sector privado.

Anoche, en la Plaza de Rabin, el escenario donde culminó la jornada de protesta, decenas de miles de israelíes portando velas y globos rojos desafiaron de nuevo al gobierno de Netanyahu convencidos de que su lucha "no ha hecho más que empezar", como dijo a los congregados Anat Nir, una de las organizadoras de la protesta.

 

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