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“El tenis en directo se parece a un concierto de rock”

El jefe de la ATP cree que Nadal o Federer trascienden generaciones

Chris kermode.  Claudio Álvarez
Chris kermode. / Claudio Álvarez

Cáncer, esclerosis lateral amiotrófica (ELA)... Si hay un deporte al que la enfermedad ha golpeado en los últimos tiempos igual que un tren arrolla a un paseante, implacable y por sorpresa, ese es el tenis. “Cuando algo así de trágico pasa, te planteas tu propia mortalidad, es algo que altera tus perspectivas vitales”, cuenta con gesto serio Chris Kermode (Reino Unido, 1965), el presidente de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), que la semana pasada lloró la muerte de Elena Baltacha, extenista británica fallecida de un cáncer a los 30 años, y que antes sufrió la pérdida de su predecesor en el cargo, Brad Drewett, víctima del ELA. “En el caso de Elena, todo fue muy rápido”, dice el exjugador mientras aparca su capuchino en la mesa. “Fue un shockver que puedes estar perfectamente bien y que un minuto después te comuniquen una sentencia de muerte. Es una llamada de atención. Hay que exprimir cada día”.

Kermode aplica la máxima al pie de la letra. En su librería se acumulan más de 2.000 libros, de H. H. Munro a la biografía de Patti Smith. Vive pendiente del cine y los documentales, de Nebraska a Searching for Sugar Man. Está casado y tiene tres hijos. Su cargo le coloca en el pináculo de la estructura que debe aprovechar el mejor momento de la historia de su deporte, que impulsado por la coincidencia en el tiempo de campeones que dejarán su huella en la historia (Nadal, Djokovic, Federer…), llega a más gente y atrae a más patrocinadores que nunca.

“Siempre he sentido pasión por la música y el cine”, explica Kermode, que trabajó como promotor musical. “Soy tan fan de la música, siento tanta pasión por ella, que he tenido que aprender una lección muy dura: a veces te implicas tanto emocionalmente en lo que te gusta que pierdes tu capacidad de juzgarlo adecuadamente”, subraya mientras deja sin tocar las galletas. “Firmé bandas que me gustaban personalmente y vendí dos discos con ellas. Por eso, ahora empleo a gente que ama el deporte, a la que le gusta el tenis, pero que no está enamorada de él… y por eso yo intento mirar al tenis, que siempre he llevado en la sangre, con los ojos de un fan que se acerca de vez en cuando a este deporte”, sigue. “El tenis, al más alto nivel, visto en vivo, es tan emocionante que se puede comparar con las mejores bandas de rock tocando en un estadio. ¿Por qué? Estas grandes bandas de rock tienen seguidores de todas las edades. Tipos viejos como yo irían a ver sus conciertos con sus hijos. Trascienden generaciones”. Y pone un ejemplo: “Mi hijo no estaba tan interesado en el tenis hasta que le arrastré al Queen’s a ver a Rafa [Nadal]. Fue eléctrico. Al día siguiente, le cortó las mangas a su camiseta, aunque él no tenga esos músculos, y cogió una raqueta”.

Café de jugadores. Mutua Madrid Open

Capuchino y galletas: 3,20 euros.

Café con leche y galletas: 3,20 euros.

Total: 6,40 euros.

Nadal, que antes del desayuno le saludó pasándole su brazo de gigante por encima de los hombros, ya se ha marchado. Ion Tiriac, el hombre que maneja los hilos del Mutua Madrid Open, donde tuvo lugar la entrevista, ya le ha ofrecido su manaza de extenista, llena de anillos. Kermode, que deja el café a medio beber, tiene que conciliar los intereses de tenistas y torneos. Afronta el reto “emocionado”. Sin dejarse arrastrar, sin embargo, por el espejismo del despacho. El tenis ha despedido a dos de sus protagonistas en un breve espacio de tiempo. “No hay que vivir en una burbuja”, dice.