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Los ‘drones’ despegan en Alemania

El auge de los diminutos helicópteros teledirigidos suscita un debate sobre las condiciones de su uso civil y militar

Un dron, pequeño helicóptero teledirigido.
Un dron, pequeño helicóptero teledirigido. EL PAÍS

El uso de aparatos voladores no tripulados, los llamados drones, ocupa a las autoridades civiles y militares de Alemania. Por un lado, la fuerza aérea alemana (Luftwaffe) quiere armarse con aviones no tripulados capaces de bombardear objetivos de tierra. El Ejército federal (Bundeswehr) estudia la adquisición de este tipo de naves teledirigidas en los próximos dos años. Además, ha comenzado un debate sobre los drones de uso civil, que están sujetos a una legislación laxa en el espacio aéreo alemán. Es un debate sobre el derecho a la privacidad y las libertades civiles ante una tecnología que avanza a toda prisa, dejando atrás a los legisladores.

 Los drones civiles son una especie de helicópteros diminutos, propulsados por cuatro hélices que les permiten sostenerse en el aire a decenas de metros de altitud mientras graban los sucesos a ras de tierra. Un aparato de 1,2 kilogramos cuesta unos 20.000 euros, incluido el sistema de control remoto. De momento, en Alemania está prohibido el uso de drones fuera del ámbito de visión del piloto. La ley obliga a que estén dirigidos por humanos y no por computadoras. También prohíbe que sobrevuelen grandes concentraciones de personas, escenarios de catástrofes naturales o accidentes y zonas donde la policía esté llevando a cabo operativos en tierra. El que quiera usar un dron necesita un permiso especial, que suele limitarse a aparatos de hasta cinco kilos de peso que no superen los 100 metros de altitud en sus vuelos. Son cada día más baratos y se perfeccionan a una velocidad comparable a la de los primeros años de desarrollo del ordenador personal.

El semanario Der Spiegel publicaba esta semana un reportaje sobre las complicaciones legales para controlar el uso de estos aparatos. Ni siquiera se han llegado a unificar las normas de uso para todo el territorio, sino que la regulación depende de los Estados federados o hasta de los municipios. Según critica el antiguo juez de la Corte Federal y actual diputado del partido La Izquierda (Die Linke) Wolfgang Neskovic, la legislación alemana es tan permisiva que abre la puerta “a la última pieza del puzle para la supervisión total del ciudadano”. La ley de transporte aéreo permite que su uso sea regulado por decretos, eludiendo así el debate parlamentario en la Cámara baja (Bundestag). También Los Verdes critican el uso de drones para vigilar y controlar manifestaciones y protestas ciudadanas.

Los Verdes critican su uso en manifestaciones ciudadanas

También es blanco de críticas en Alemania su posible uso militar. El comisionado de Defensa del Bundestag, Hellmut Königshaus, quiere que empiecen a utilizarse antes de tres años en las misiones extranjeras de la Bundeswehr. El ministro de Defensa, el democristiano Thomas de Maizière (CDU), es también favorable al uso de drones en combate. De momento, Alemania sólo cuenta con aparatos no tripulados del tipo Heron 1, que cumplen tareas de reconocimiento. Son alquilados. El contrato termina en 2014 y el Ejército quiere sustituirlos por ingenios propios y capaces de atacar posiciones en tierra.

El Ejército de Estados Unidos emplea drones para bombardear refugios enemigos en lugares remotos. Su uso ha sido muy criticado por el alto número de víctimas civiles que provoca. Los pilotos, situados a muchos kilómetros de distancia del objetivo, tienen muchos menos escrúpulos a la hora de liquidar objetivos dudosos que solo verán a través de monitores. En una tribuna de opinión en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el experto en seguridad informática Frank Rieger alertaba estos días de que “una vez armados los drones, entra en funcionamiento la lógica de una carrera armamentística” que llevará a hacerlos cada vez más autónomos hasta que los sistemas decidan por sí mismos qué deben bombardear.

 

Imprescindibles a medio plazo

FERNANDO BARCIELA

El cine ha popularizado los drones militares, pero la gran batalla de los aviones no tripulados será en el frente civil. Discutidos por su uso militar, los Unmanned Aerial Vehicles (UAV) están llamados a hacerse imprescindibles en 5 o 10 años. Estos pequeños aparatos no solo evitarán el uso de aviones y helicópteros en misiones caras y peligrosas, que, con frecuencia, cuestan vidas humanas, sino que serán capaces de hacer cosas ahora imposibles.

Sus posibilidades parecen ilimitadas. La lista de misiones que pueden cumplir, poco menos que infinitas. Pueden utilizarse en temas de seguridad como patrulla de costas y fronteras, recogida de información policial, defensa de perímetros, control del tráfico desde el aire: pero también en salvamento marítimo, vigilancia y control de incendios, mediciones atmosféricas, control de bancos de pesca, vigilancia de rebaños y control de cosechas, lanzamiento de fertilizantes o insecticidas, exploración minera, fotografía aérea o creación de mapas. Y además son baratos. Al contrario de los militares, de mayor tamaño, los civiles son normalmente como semijuguetes de la clase micro o mini, algunos de 5 o 20 kilos de peso.

Como otros países, España trata de posicionarse con sus propias soluciones civiles. Nuestro país, que según UVS International, cuenta con nueve de los 217 modelos producidos en Europa (incluidos los de uso militar) e inició sus primeros programas de aviones no tripulados (INTA) en los años noventa, participa, a través de EADS, en proyectos militares europeos de UAV como el Atlante o el Talarium. Decenas de empresas participan aquí en esos programas o están sacando sus propios prototipos.

Un ejemplo práctico de estos usos es el del minihelicóptero creado por la madrileña UAV Navigation para Iberdrola, que permite la reparación de las torres y tendidos eléctricos, una actividad peligrosa. La empresa ha creado también un minihelicóptero para la Dirección General de la Policía, para observación, por ejemplo en secuestros. Ya hace años la vasca Aerovisión construyó un minidrone (de menos de tres metros) para detectar bancos de atunes desde el aire, con autonomía de hasta ocho horas de vuelo y equipado con cámaras de vídeo. Y que evita que el barco se gaste combustible en buscar los atunes. El avión ha sido utilizado también para sacar fotos de incendios durante la noche, cuando es imposible sobrevolar el incendio.

Indra, que participa en programas de drones militares como el Atlante de EADS y el PASI (los Searchers MK II de la israelí IAI en Afganistán), cuenta con el Pelikano, un helicóptero no tripulado de 200 kilos para vigilancia marítima. De todos modos, las posibilidades de uso de estos aviones están en estado embrionario. Pese a que tecnológicamente están ya a punto, todos están pendientes de que Europa saque una normativa sobre uso del espacio aéreo que les permita volar sin problemas. De momento, hasta que se aprueben esas normas, hay muchas restricciones.