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vida&artes

Parques con poco juego

Los expertos dudan de la viabilidad de proyectos como Barcelona World

Remiten al modelo de ocio americano que casi siempre ha fracasado en Europa

Port Aventura o Efteling son excepciones

Port Aventura es el único parque español con buenos resultados.
Port Aventura es el único parque español con buenos resultados.

Hablar de parques temáticos en España es, en buena medida, hacer un relato de expedientes de regulación de empleo, de suspensiones de pagos, de pelotazos urbanísticos, de fuertes inversiones de remota amortización, de bandazos y continuos cambios en la gestión. Y también de aventuras políticas fracasadas impulsadas por Gobiernos autónomos, ya sea directamente, ya sea a través de cajas de ahorros. Apenas Port Aventura (Tarragona), tras un rescate en 2004 con la entrada de La Caixa, que en 2009 reestructuró el negocio, puede sacar pecho con sus últimos resultados (3,7 millones de visitas y un beneficio neto por encima de 12 millones, según el parque).

Pese a las experiencias fallidas, tanto en España como en Europa, la respuesta de la Generalitat catalana a la decisión del magnate estadounidense Sheldon Adelson de apostar por Madrid para albergar el macrocasino Eurovegas (un megarresort, en este caso, del juego) ha consistido en avalar el proyecto de levantar no uno, sino seis parques temáticos de una tacada en las localidades de Vila-Seca y Salou, junto a Port Aventura, que impulsan La Caixa y la promotora Veremonte, del empresario valenciano Enrique Bañuelos, uno de los iconos del boom del ladrillo.

“El anuncio es una pataleta, es irreal”, sostiene un sociólogo

De momento, se desconocen los detalles de esta iniciativa, más allá de que los seis parques reproducirán partes del mundo (Europa, Estados Unidos, China, Rusia, India y Brasil), una idea que recuerda mucho a la actual Port Aventura, que está dividida también en áreas geográficas temáticas (Mediterráneo, Polinesia, China, México, Far West; excepto la zona dedicada a los personajes de Barrio Sésamo). El supercomplejo se llamará Barcelona World y, según sus promotores, está previsto que genere 20.000 puestos de trabajo (el doble de empleos indirectos), que se inviertan 4.775 millones de euros en su construcción y que atraiga a 10 millones de turistas al año. La referencia europea, Disneyland Paris, que ha tenido que hacer frente a serios problemas financieros e incluso fue rebautizada (de Euro Disney a Disneyland Paris) como parte del cambio de imagen que se le dio para revitalizar el parque, recibe unos 15 millones de visitantes.

“El anuncio es una pataleta, un proyecto sin ningún contenido, irreal y poco juicioso”, expone José Miguel Iribas, sociólogo especializado en el diagnóstico territorial, urbanístico y turístico. “Los parques temáticos en España han tenido unos resultados deplorables; incluso en Europa: Disneyland Paris ha sido un fracaso”, comenta. “En todo el continente, solo funcionan bien dos parques pequeños muy tematizados”, incide Luis María Huete, profesor del IESE Business School y autor del primer estudio que se elaboró sobre Port Aventura. Uno de ellos es Efteling, dedicado a los elfos y los cuentos de hadas que recibe en torno a 1,5 millones de visitantes al año, situado en Holanda, “sin muchas pretensiones y muy familiar”. El otro es Europa Park, más grande, situado en Alemania, al que acuden unos cuatro millones de personas al año.

Ni siquiera Disneyland París ha conseguido buenos resultados

Con excepciones, como estas dos, el parque temático “es un modelo que per se no funciona en Europa”, insiste Huete. Su origen se remonta a la década de los años sesenta y setenta, en un momento en el que las formas de entretenimiento no tenían nada que ver con las actuales.

El modelo se desarrolló en Estados Unidos, donde ofrecía la posibilidad de salir del entorno aburrido de los barrios residenciales, cuya posibilidad de ocio prácticamente se limita a los centros comerciales, e invitaba a las familias a acudir a un entorno amable y seguro. En este recinto el tiempo estaba organizado en torno a actividades programadas y, generalmente, relacionadas con un tema que servía para dar unidad a las diferentes atracciones. El modelo fue un éxito en los Estados Unidos y se trató de reproducir en Europa. “Existía el convencimiento de que la extrapolación mecánica de este modelo de usos turísticos y de ocupar el tiempo de ocio estadounidense serían igual de válidos en Europa”, relata Iribas. “Pero no ha sido así”.

Existe un motivo básico, para el sociólogo, que explica por qué ha fallado el modelo de los parques de atracciones en los países europeos y no ha seducido a sus habitantes. “Los parques temáticos sustituyen a las ciudades en Estados Unidos”, argumenta. “Y ello se puede comprobar en el hecho de que es difícil de encontrar este tipo de centros cerca de grandes urbes de perfil europeo como Nueva York, San Francisco, Boston o Chicago, ya que el parque temático sustituye la ausencia de ciudad. Si Europa tiene alguna fortaleza es su red de ciudades”, añade Iribas. Y para ilustrar este argumento añade: “La competencia de Mickey Mouse es muy limitada frente a cualquier rincón de París”.

Paramount y Ferrari esperan turno

Terra Mítica abrió sus puertas en 2000. Lo impulsaron la Generalitat Valenciana, la CAM y Bancaja y las cajas rurales locales (en total, el 55% del accionariado). La inversión final superó los 400 millones de euros y se dimensionó para recibir 3,5 millones de visitas al año. Nunca pasó de los 1,5. En junio, la Generalitat y las cajas (que ya tenían el 71% del parque) vendieron su parte al empresario francés George Santa María, dueño de dos parques de Benidorm, por 65 millones de euros, aunque 45 irán a saldar la deuda, por lo que apenas ingresarán entre todos 20 millones.

El parque alicantino, que ha pasado por una suspensión de pagos y dos expedientes de regulación de empleo (ERE), es el mejor ejemplo del fracaso de un modelo impulsado por las Administraciones (la Generalitat apenas ha recuperado seis de los más de 200 millones invertidos en el recinto). Pero no es el único.

La Comunidad de Madrid vendió antes (en 2004) las acciones del Parque Warner, en funcionamiento desde 2002, que lideró con un 40% del accionariado en compañía de Caja Madrid (20%), debido a sus pobres resultados. Oficialmente, recuperó 40 de los 74 millones que invirtió. Isla Mágica (Sevilla) se inauguró en 1997, y se mantiene abierto gracias a las repetidas inyecciones de dinero que ha recibido a través de las antiguas cajas de ahorros sevillanas, pese a lo cual no ha llegado a despegar lastrado por las deudas.

También Port Aventura ha sufrido su propio rescate. En su caso fue La Caixa, que en 2004 tomó el control en lugar de Universal. En 2009 la entidad financiera dividió el negocio. Se quedó con los campos de golf, un hotel y los terrenos adyacentes, y vendió el 50% al grupo italiano Investindustrial el parque de atracciones, el acuático y el centro de convenciones. Gracias a ello, Port Aventura arrojó el año pasado sus mejores resultados, con 26 millones de beneficio y 3,7 millones de visitantes, según fuentes del parque.

Proyectos como el Reino de Don Quijote (Ciudad Real) o Gran Scala (Huesca) han acabado en la cuneta antes de nacer. Otros, ajenos a la ruinosa experiencia reciente, siguen insistiendo en el mismo modelo. Además de Barcelona World, en junio, el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, puso la primera piedra del parque que la Paramount construirá en esta autonomía con el apoyo del Gobierno regional. Mientras, en Valencia, Alberto Fabra negocia la instalación del parque Ferrari junto al circuito de Cheste.

Frente al ocio vinculado a una actividad cerrada, como el de los parques temáticos (Las Vegas sería una variante ligada al juego), o modelos parecidos como los cruceros o resorts bajo la modalidad del todo incluido, se encuentra el ocio urbano, en la que “el tiempo surge de forma espontánea de la ciudad y la oferta es mucho más abierta”, relata Iribas. “La gran tradición europea es de ciudades abiertas” que, con sus tiendas, sus bares y sus catedrales, “conforma su oferta en función de la demanda que hay”. “La intensidad y diversidad de una ciudad no se puede reproducir o fabricar, o, en todo caso, a un coste altísimo”, añade este especialista en urbanismo y turismo.

Pero el fracaso de los parques temáticos no se explica solo en el convencimiento de que los modos de ocio europeos encajarían en la plantilla del entretenimiento estadounidense. También en la forma de gestionar los recintos, a juicio de Juan José de Torres, ex director general del Parque Warner (Madrid) y Terra Mítica (Benidorm), dos de los grandes resorts temáticos españoles. De Torres, que actualmente dirige la consultora AGR Ocio y Turismo, sostiene que estas empresas deben estar continuamente adaptándose al mercado y necesitan modelos de gestión muy flexibles. Un gran parque temático estadounidense apenas registra variaciones en los visitantes que recibe. “En Orlando, los parques de Disney, Sea World o los Estudios Universal prácticamente tienen los mismos asistentes cada día, apenas hay variaciones significativas”, explica este especialista en la dirección de este tipo de centros de ocio. Sin embargo, en España la cosa cambia. “Un día puedes tener 30.000 asistentes y otro 500”, comenta. “No es fácil adaptarse a estos flujos sin reducir tanto los servicios que se ofrecen hasta el punto de que parezca otro parque”. A ello se suma que algunos de estos centros, como es el caso de Terra Mitica, obedecen a un diseño sobredimensionado, y se planificaron para abrir todos los días y recibir a miles de visitantes todos los días del año, cuando están sometidos a un fuerte componente estacional y se cierran durante determinadas épocas del año porque no es rentable mantenerlos debido a la baja asistencia de visitantes.

Estos condicionantes especiales no fueron tenidos en cuenta por los directivos de las multinacionales estadounidenses que pasaron por algunos de los principales parques —Universal en Parc Aventura, Six Flags en el Parque Warner de Madrid o Paramount en Terra Mítica (2002-2004)—. “Pensaban que todos los días eran sábado [el de mayor afluencia]”, explica De Torres, lo que perjudicó aún más la adaptación de este modelo de ocio a las demandas locales. Este gerente especializado en la gestión de parques sostiene que la situación se ha ido reconduciendo, como es el caso del Parque Warner o, más claramente, Port Aventura, “un muy buen parque”.

Pero ni el hecho de que los patrones estadounidenses del ocio no se adapten al tallaje europeo ni el catálogo de fiascos acumulados por los parques temáticos en España han disuadido a los impulsores de Barcelona World. Quizás porque existe una unión de intereses que ha sido más fuerte que todo ello.

El fracaso de los
parques temáticos
se explica también
por su mala gestión

Luis Huete destaca como un factor crucial en la réplica catalana a Sheldon y sus casinos el interés de La Caixa por deshacerse de unos activos que tenía bloqueados en forma de suelo. Se trata de 400 hectáreas (el complejo total tendrá 826 hectáreas, 200 de las cuales ocupa ya Port Aventura) que, “vendidas a precio razonable”, como señala el profesor del IESE, servirían a la entidad financiera para recuperar la inversión que hizo en 2004 cuando entró en el parque tras la salida de Universal.

El otro gran beneficiado en la operación es Enrique Bañuelos, que participa a través de la promotora Veramonte. El empresario valenciano ha encontrado una oportunidad de rehabilitarse, limpiar una imagen vinculada a los peores tiempos del ladrillo y quitarse de encima el estigma de Astroc, la inmobiliaria que levantó, le situó entre los 100 hombres más ricos del mundo y que se hundió en abril de 2007, anunciando de forma profética el camino que seguiría buena parte del sector. La idea de Barcelona World, según su entorno, fue suya. Fue el propio Bañuelos quien trasladó a Isidro Fainé, el presidente de La Caixa, el pasado mes de enero, la posibilidad de aprovechar los terrenos que tenía junto a Port Aventura y hacer caja. Veramonte se ha comprometido a aportar el 20% de los 4.775 millones de euros de la inversión total. El resto lo buscará en inversores extranjeros.

Estos espacios están sobredimensionados. Las visitas fluctúan mucho

Ambos, Bañuelos y Fainé, sirvieron en bandeja la respuesta de una Generalitat que, por su parte, veía cómo se le presentaba la ocasión de dar un golpe de efecto como réplica a Sheldon Adelson y su complejo del juego que finalmente aterrizará en Madrid, una vez descartada por sus promotores la posibilidad de establecerse en Cataluña. De esta forma, Barcelona World se podría considerar como una triple huida hacia adelante.

Con todo, Barcelona World puede suponer “una oportunidad” para crear lo que podría ser “un espacio especializado adaptado a la demanda contemporánea del ocio”. Es la opinión de Josep Francesc Valls, profesor de marketing, estrategia y comercialización turística en ESADE Business School. Valls distingue entre Eurovegas, “que traslada de forma pura y dura un modelo caduco de entretenimiento a Europa”, y Barcelona World, que ofrece la oportunidad de convertir Port Aventura y sus terrenos adyacentes en “un distrito internacional de ocio, en la medida que desarrolle una fórmula innovadora e incorpore ofertas destinadas al descanso y el cuidado del cuerpo, la gastronomía, la playa, las actividades acuáticas...”. La idea es “definir un destino mundial que ofrezca experiencias relacionadas con el sol, la gastronomía y el relax de entre tres y siete días, que es hacia donde se dirige la demanda contemporánea”.

“Sería un craso error insistir en el modelo clásico de parque temático”, una idea en la que abunda Huete. “Supongo que se prescindirá de las atracciones y se pondrá el acento en los hoteles, restaurantes, casinos, zonas de copas..., será interesante ver qué sucede si finalmente sale adelante el proyecto, algo que no tengo nada claro. Ni Barcelona World ni Eurovegas”. Es cuestión de tiempo.