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Año de sequía, lluvia de medusas

Las pocas precipitaciones, el calor y los abonos atraen a estos invertebrados

Ejemplar de medusa Pelagia noctiluca
Ejemplar de medusa Pelagia noctilucaCLAUDIO ÁLVAREZ

Veraneantes y medusas han llegado este año a las costas españolas. Los primeros para disfrutar del agua, más cálida en los meses de julio y agosto. Las segundas, también, y proliferan sobre todo en el sur debido a la mayor temperatura. El fin de semana pasado varias embarcaciones recogieron 3.900 kilos de estos invertebrados en las playas de Málaga y 1.200 personas tuvieron que ser atendidas por picaduras en las zonas de baño de la ciudad.

La sequía del invierno pasado es una de las responsables de la aparición de estos invertebrados. Josep Maria Gili, investigador del Instituto de Ciencias del Mar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explica que la ausencia de precipitaciones eleva la temperatura de las aguas, lo que favorece la llegada de estos organismos.

Más allá del último invierno, en los últimos 20 o 30 años la presencia de estos cnidarios se ha transformado en algo “bastante habitual” en las orillas del Mediterráneo. Gili sostiene que las corrientes marinas y los vientos son también responsables de la llegada de las medusas a las playas. Más aún cuando la temperatura del agua supera los 24 grados.

Las medusas no solo están llegando más. Es que ahora son más. Eso sostiene Ignacio Franco, investigador del Instituto Español de Oceanografía en Murcia, quien plantea que en los últimos años se ha registrado un aumento de estos organismos en los mares. Este experto explica que el uso de abonos agrícolas ha tenido efectos en la fauna marina, ya que los fertilizantes llegan al mar debido a la lluvia y elevan la contaminación orgánica del agua. “Lo que estamos haciendo es abonar el mar”, concreta. El abono hace que aumente el fitoplancton, que sirve de alimento para las medusas, lo que favorece su profusión.

La sobrepesca también ha contribuido a la proliferación de estos organismos. Los científicos coinciden en que cuantos más peces se extraen de los mares, más libertad tienen las medusas para encontrar alimento y, por tanto, para multiplicarse.

Quienes no se impresionan con la presencia de estos organismos son los socorristas. José Joaquín Pardo se dedica a esta labor desde los 18 años. Actualmente es gerente de K38 Spain, una empresa que realiza cursos de socorrismo y primeros auxilios en Murcia. Relata que las medusas que se han visto en La Manga, en el Mar Menor, son las de siempre. Cuenta que por su trabajo frecuenta la costa entre finales de enero y finales de noviembre y sostiene que la mayor cantidad de medusas las ha visto en marzo. Pero claro, la alarma solo surge en el verano.

La actual llegada de medusas tiene de nuevo y de viejo. Durante esta temporada, y como siempre, la más común es la pelagia noctiluca, una especie pequeña, de color rosa y dueña de ocho tentáculos que utiliza como red para poder capturar su alimento. Gili afirma que el 99% de las picaduras producidas por estas se solucionan en la orilla del mar y que rara vez su veneno produce vómitos o subidas de tensión. Ignacio Franco considera que la Pelagia noctiluca es la especie que más problemas genera en las costas locales, por ser la más habitual, aunque también dice que no se trata de la medusa más peligrosa. La otra especie que se asoma con cierta frecuencia es la Carabela portuguesa. Aunque no se trata de una medusa, suele tomarse como tal, debido a su forma. Este año, sin embargo, no hay registro de que haya sido vista.

Las corrientes y los vientos este año también han arrastrado novedades. Ignacio Franco relata que últimamente se ha visto la llamada Rhizostoma luteum, un tipo mucho menos común. “Esta especie empezó a aparecer hace tres semanas y se han realizado desde entonces unos 200 avistamientos, sobre todo en las playas de Málaga”, asegura. Ahora Franco intenta encontrar una de ellas para reproducir su ciclo biológico.

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