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España pone a prueba su respuesta en caso de catástrofe natural

La Unidad Militar de Emergencias coordina a 1.857 personas en un ejercicio en el que se han recreado las consecuencias de un terremoto en Guadalajara

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Soldados de la UME, durante el ejercicio en Cogolludo, Guadalajara.

Un seísmo con epicentro en las localidades de Veguillas y San Andrés del Congosto (al noroeste de Guadalajara, en la zona de Cogolludo) provoca destrozos y accidentes en los pueblos en un área de 30 kilómetros. Los problemas más inmediatos son el derrumbe de edificios y los consecuentes daños personales. Se produce también la rotura parcial de la presa del embalse de Alcorlo, y se inunda toda la zona hasta el pueblo aledaño, San Andrés de Congosto; varias personas y vehículos quedan atrapados en el agua. Paralelamente, como consecuencia del movimiento de tierra, se produce un accidente de tráfico en la A2 en el que colisionan un autobús, un turismo y un vehículo de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA), que derrama material radiactivo por la calzada, lo que obliga no solo a asistir a los heridos, sino a la retirada de manera segura de dicho material y la descontaminación de la zona. Simultáneamente a esta concatenación de catástrofes, se producen réplicas del terremoto en tres pueblos del área -Albolote, Atarfe y Pinos Puente-, con los consecuentes destrozos materiales y humanos.

Todo esto no ha ocurrido de verdad. Es el escenario catastrófico que se ha planteado la Unidad Militar de Emergencia para probar la capacidad de respuesta, coordinación y eficacia de los diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en caso de una emergencia de nivel 3; es decir, de carácter nacional –el Ministerio del Interior asume el mando estratégico y la UME el operacional– y máximo riesgo. El pasado domingo por la noche, cuando imaginariamente ocurrió el terremoto, empezó el ejercicio GAMMA Cogolludo 2012. En ese momento se movilizaron 1.857 efectivos de los diferentes grupos de actuación en cada uno de los supuestos incidentes, que han trabajado en las labores de desescombro, rescate, identificación y apoyo psicológico de personas, así como la descontaminación de las zonas afectadas por vertidos radiactivos.

Manuel Vázquez, portavoz de la UME, ha asegurado una vez finalizado el ejercicio que se han cumplido los objetivos, tanto en la ejecución como en los tiempos de respuesta, pese a que ninguno de los participantes conocía previamente lo que iba a pasar. Para ello ha sido necesaria una comunicación fluida entre todos los actores que han intervenido. “Es fundamental que podamos hablarnos entre nosotros y por el nombre de pila”, ha enfatizado el general Pedrosa, de la UME. Esta interacción ha sido tan intensa que, incluso, han puesto a prueba la solvencia del sistema de comunicaciones, llegando a utilizar el 98% de su capacidad. Se ha planteado el peor escenario posible con una sobresaturación de órdenes, simulando incluso un seísmo en Granada, que ha multiplicado los mensajes a los que se ha tenido que dar respuesta. "El sistema de comunicaciones es el que realmente permite trasladar las decisiones a quien tiene que ejecutarlas y en esto es donde verdaderamente hemos echado el resto en este ejercicio”, ha puntualizado Pedrosa, que ha ironizado con que, si se dieran todo ese cúmulo de calamidades en un día y medio, hubiera desertado.

El ejercicio pretende adiestrar a las fuerzas de seguridad del Estado para evitar la descoordinación de recursos en caso de una emergencia real

La UME ha planteado una situación límite, con muchas incidencias y muy complejas. “Pero la realidad a veces es así”, ha dicho el general Pedrosa. Un tercio de los más de 1.800 efectivos eran de la UME (795), el resto eran personal del Ministerio de Defensa (3), la Comunidad de Castilla-la Mancha –bomberos y medios del servicio de salud– (84), Departamento de Seguimiento de Situaciones de Crisis del Ministerio de Presidencia (2), Protección Civil (2), Agencia Estatal de Meteorología (1), Cruz Roja (164), Consejo de Seguridad Nuclear (17), ENRESA (5), Guardia Civil (225), Policía Nacional (99), Ejército del Aire (6), Ejército de Tierra (164) y población civil figurante (260).

Ejercicios como este sirven, según el general Pedrosa, para adiestrar y ejercitar a todos los efectivos implicados en la gestión de emergencias, coordinados por la UME, como así se estableció desde su creación en 2006 en los supuestos de grave riesgo, catástrofe o calamidad. Con una organización –informativa y ejecutiva- como la que han planteado para este ejercicio se hubieran evitado, según fuentes de la propia unidad, los problemas de descoordinación ocurridos en anteriores tragedias como el incendio en Guadalajara en julio de 2005, en el que murieron 11 bomberos. Precisamente la actual presidenta de Castilla-la Mancha, Maria Dolores de Cospedal, quien ha asistido a esta última jornada de ejercicio, ha subrayado que “cuando uno quiere evitar daños, lo más importante es estar preparado”. El ministro de Defensa, Pedro Morenés, y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, también han realizado el recorrido entre los diferentes puntos conflictivos de la catástrofe. No ha asistido, sin embargo, el Jefe de Estado Mayor de Defensa, el almirante Fernando García Sánchez, del que depende la UME, en tanto que unidad militar.

Fernandez Díaz, quien sería la máxima autoridad ante una eventual emergencia de esta magnitud, ha asegurado que España está hoy preparada para afrontar una situación similar a la que se ha recreado, a tenor de los resultados de esta experiencia. La decisión de hacerla se tomó hace un año, según la UME, y hace 15 días empezaron a montarse los campamentos e infraestructuras necesarias para su realización. Los vecinos de los pueblos de la zona, sobre todo Cogolludo, donde se estableció la base de la UME, han convivido desde el pasado viernes con los camiones, helicópteros, tiendas de campaña, ambulancias y casi 2.000 personas implicadas. Sin embargo, si la catástrofe hubiera sido real, este procedimiento habría sido otro. La UME habría hecho una primera valoración de la situación en las dos a cuatro horas siguientes al seísmo y habrían necesitado entre 11 y 24 para desplazar y montar el material necesario para llevar a cabo una actuación como la que han recreado, según confirman fuentes de esta unidad.

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