Entrevista:JOSÉ ÁNGEL RUPÉREZ, | director del área de medio ambiente de BSH Electrodomésticos

"No se puede vivir de espaldas al medio"

Hace más de 20 años que José Ángel Rupérez se construyó una casa bioclimática en Zaragoza, donde vive; un proyecto pionero con aislamiento, invernadero, placas solares y las lámparas de bajo consumo que ahora se exigen. A pesar de que confiesa que tiene "más de un coche", la preocupación medioambiental es una constante en su vida. "No se puede vivir de espaldas al medio ambiente. Es más, creo que esto supone una mayor calidad de vida". Ese espíritu es el que impregna también su trabajo como director de medio ambiente, seguridad y salud laboral de la empresa BSH Electrodomésticos, que fabrica las marcas Bosch, Siemens, Balay, Lynx y Ufesa.

¿Qué hace un ingeniero industrial dirigiendo un área de medio ambiente en una empresa de electrodomésticos?

"Hay que desterrar la idea de que lo que no nos sirve es un residuo"

Fui durante muchos años jefe de desarrollo de I+D en la empresa, y allá por 1996 me propusieron iniciar este trabajo, un área que no existía. Y yo acepté porque BSH tiene a gala que la mejora del medio ambiente y la mejora de los productos son una estrategia de competitividad de la empresa. Para mí ha sido muy fácil y he sido muy apoyado.

No habrá sido tan fácil.

Bueno, hay que invertir mucho en investigación. Si alguna característica tiene BSH, es que todo lo que vende lo fabrican sus fábricas y lo diseñan sus fábricas. Es la empresa número 1 de España de patentes. Solo superada por el CSIC. Y el medio ambiente es una vía de innovación.

Los aparatos más eficientes los acaba pagando el consumidor: son más caros.

No siempre, pero en general sí lo son. En España, los consumidores todavía no tenemos la visión del ciclo de vida del producto. ¿Alguien se compraría un coche muy barato que consumiera 14 litros a los 100 kilómetros? Un frigorífico A++ vale más que un A, pero cuando haces los números, teniendo en cuenta que un frigorífico dura 14 o 15 años, es muy rentable comprar uno de A++.

Pues eso no es complicado de explicar.

La etiqueta energética lo pone, pero son muy técnicas y por eso las van a cambiar. La nueva etiqueta europea no lleva letras, solo símbolos, pictogramas.

Su empresa da mucha importancia al ecodiseño.

Sí. Esa denominación supone que cuando tú diseñas el producto, tienes la visión del ciclo de vida. La fase de producción, de distribución, de uso y fin de uso. Acabamos de aprobar el Plan Estratégico Ambiental para los próximos cuatro años, que abarca todas las actividades de la empresa.

¿Recuerda sus primeros electrodomésticos?

Como tantos otros chismes, serían ahora invendibles. Las lavadoras lavaban, pero hacían mucho ruido y tenían muchos fallos de calidad. Nadie aguantaría hoy tener que llevar a arreglar un aparato de estos a los cuatro meses de comprarlo. Y consumían una barbaridad. Una lavadora necesitaba unos 110-120 litros de agua para un lavado; ahora, 49. Un lavavajillas gastaba 2,5 kilovatios para 12 servicios; ahora, 0,7 para 14, y lava mejor y no hace ruido.

¿El consumidor exige la máxima eficiencia?

Sí. En nuestro sector, ahora sería muy difícil vender un aparato de clase B.

Y cuando se termina la vida útil del electrodoméstico, ¿qué se recicla?

Mayoritariamente son metal, son chapa, y eso es facilísimo de reciclar. Todos esos aparatos van a un sistema de recuperación. Hay que descargar el gas de los frigoríficos, el compresor que tiene aceite. Y luego se muele todo. Con un imán se sacan los metales. Se recicla un porcentaje alto, un 60% o 70%, pero siempre queda un porcentaje residual que esperemos se pueda recuperar en el futuro.

Aún es frecuente en España la imagen de una lavadora tirada en una cuneta.

Yo soy montañero, y creo que cada vez menos. Cada vez me encuentro menos suciedad en la montaña y menos electrodomésticos tirados en la cuneta. Eso es un cambio de mentalidad. Aunque es verdad que aún tenemos la mala costumbre de tirar los aparatos pequeños a la basura. Y eso hay que corregirlo.

¿Cómo?

Desterrando la idea de que lo que no nos sirve es un residuo y sustituirlo porque son recursos. El siglo XX fue una especie de vida loca y nos despreocupamos de la madre Tierra. Y creo que ahora estamos tomando conciencia de que hay que cuidar el planeta, aunque solo sea por egoísmo.

¿Es pesimista u optimista?

El impacto ambiental que la humanidad va a causar en el mundo va a ser cada vez mayor, pero la preocupación por el medio va a crecer. Soy optimista.

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