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Soledad política tras el debate de la nación

CiU y PNV mantienen vivo al Gobierno pero elevan su precio

La pérdida de diez votaciones muestra la debilidad parlamentaria de Zapatero para aguantar hasta el final de la legislatura

José Luis Rodríguez Zapatero entró hace una semana al debate sobre el estado de nación solo, sin más apoyo que el de su grupo parlamentario, y ayer salió igual de falto de respaldo y, además, en manos de los partidos nacionalistas. Como muestra, ayer por solo cuatro votos (uno de ellos por error de un diputado del PP) sacó adelante el techo de gasto, el primer paso de los Presupuestos para 2011, y sólo con el apoyo de los diputados del PSOE. Le salvó la vida CiU y CC con su abstención. Pero ha perdido diez votaciones, una suya referida al desarrollo del Estatut y otras nueve sobre cuestiones a las que el Grupo Socialista se oponía y que llevan la firma de otros partidos, lo que evidencia la actual debilidad parlamentaria del partido del Gobierno.

"Cada día tiene su afán, hay seguir trabajando", dijo Zapatero anoche a la salida del Congreso al ser preguntado por la negociación de los Presupuestos.

CiU y PNV, cuyos máximos dirigentes cenaron la noche anterior en Madrid, han constatado la precariedad del Gobierno y que, en sus manos, está el calendario gubernamental y el futuro político de Zapatero. Sin especificar todavía dieron ayer muestras sonoras de que subirán el precio de su apoyo. Los nacionalistas vascos están dispuestos a negociar los Presupuestos después del verano, pero ponen sobre la mesa condiciones que tienen que ver con el autogobierno del País Vasco y la política de esa comunidad. La mayoría de sus propuestas son políticas y se refieren a antiguas reivindicaciones peneuvistas sobre transferencias pendientes del Estado a la comunidad vasca. Otras, de carácter identitario, son rechazadas sin dudas por los socialistas.

Y para dar idea de que no le será fácil a Zapatero tener su apoyo a los Presupuestos, ayer los nacionalistas vascos votaron en contra del techo de gasto (122.256 millones de euros, un 7,7% menos que el de este año), que es el primer paso para aprobar las cuentas para 2011, según anunció desde la tribuna el diputado peneuvista Pedro Azpiazu.

CiU, por su parte, lleva una estrategia algo diferente, pero complementaria en la presión. Sí permitió aprobar el techo de gasto para el próximo año con su abstención, pero su portavoz, Josep Antoni Duran Lleida, reiteró que su grupo no apoyará los Presupuestos para 2011.

Con la izquierda no hay mucho que hablar sobre cuentas. El Gobierno no podrá contar con IU, ICV, ERC, BNG y NaBai, que, además, comparten los criterios de los sindicatos en rechazar la política económica del Gobierno y convocar una huelga general el 29 de septiembre.

Con este panorama, CiU y PNVpresentaron ayer en el Congreso a Zapatero la letra que le irán pasando al cobro con intereses en los próximos meses. A ninguno de los dos le interesa que acabe ya la legislatura o que se prorroguen los Presupuestos, pero quieren condicionar el calendario y lograr más contrapartidas políticas.

Ese techo de gasto se aprobó con los votos del Grupo Socialista, las abstenciones de CiU, Coalición Canaria y UPN. Otras vez el Gobierno estuvo en la cuerda floja, porque si se hubiera rechazado se hubiera aprobado en todo caso el Presupuesto, pero, en palabras de un fontanero de La Moncloa, "hubiera sido demoledor para los mercados". Y otra vez CiU le sacó del apuro.

Al PSOE no le sirvió de nada el cortejo al PNV que emprendió con sus enmiendas a las propuestas de resolución de los nacionalistas vascos. Intentaron un acercamiento con enmiendas para buscar un acuerdo para apoyar sus resoluciones, pero el PNV las rechazó dándoles un ostensible portazo en la cara. Así, el diputado del PNV, Aitor Esteban, que hizo ayer de portavoz en el Pleno, advirtió claramente desde la tribuna: "No vamos a seguir al Gobierno en su juego de geometría variable. Estamos dispuestos a negociar, pero solo si el Gobierno muestra una posición favorable a que haya avances en el autogobierno de Euskadi". Toda la intervención del peneuvista Aitor Esteban fue de clarísima advertencia. "Ustedes continúan vaciando nuestras propuestas". "Se equivocan si se creen que nos conforman con juegos florales".

Sus propuestas estaban cerca del programa de máximos del PNV, con reconocimiento del derecho de libre decisión del País Vasco, reconocimiento de las selecciones deportivas autonómicas, transferencias de competencias y cambio de los nombres oficiales de las diputaciones vascas. Los peneuvistas rechazaron todas las transacciones que les ofreció el PSOE, de acuerdo con los criterios también del Gobierno vasco presidido por Patxi López. Por ejemplo, los socialistas propusieron alargar el compromiso de los traspasos, llevándolas a la comisión mixta del Estado y el País Vasco, pero el PNV le respondió que eso llevaría el acuerdo a después del debate de Presupuestos. "Se nos manda a enero para discutir de las competencias, contando que ya habrán aprobado los Presupuestos: se nos ofrece mercancía averiada". Y siguieron las amenazas: "Tendrán que mostrar mucha voluntad de acuerdo para que pactemos los Presupuestos; les emplazamos a septiembre aunque por la votación de hoy ya verán que no aceptamos juegos florales", advirtió.

El problema para Zapatero es que el PNV es la única opción para el Presupuesto, complementada con CC y UPN, y, por eso, están en condiciones de elevar el precio. No hay alternativa para Zapatero: o con el PNV a riesgo de incomodar al PSE y a Patxi López o prorrogar el Presupuesto y acabar abruptamente la legislatura.

CiU negocia estos días con el Gobierno la aprobación de la reforma laboral, también como la única opción posible para completar la mayoría suficiente para esa ley. Tampoco la izquierda la apoyará y el PNV está distanciado de la reforma. Además, la discusión sobre las propuestas de resolución del debate del estado de la nación puso sobre la mesa las dificultades que tendrá Zapatero para otras reformas en marcha. Especialmente, la que se refiere a las pensiones. Una vez más, y van cinco, el Pleno del Congreso propinó al Gobierno una sonora derrota por la congelación de las pensiones. Son resoluciones sin más valor que el simbólico y los archivos del Congreso están llenos de mociones incumplidas, pero da idea de las dificultades para afrontar esa reforma. Zapatero avanzó la pasada semana que su prioridad es impulsar por consenso la reforma de las pensiones para alargar la edad de jubilación, limitar las prejubilaciones y ampliar el periodo de cálculo de las pensiones. Y ayer se aprobó en seis votaciones distintas un texto presentado otras tantas veces por todos los grupos, salvo el PSOE, para rechazar la congelación de las pensiones, condicionar el cambio de la edad de jubilación a la voluntariedad del trabajador y exigir que cualquier cambio se haga dentro del consenso del Pacto de Toledo.

El PSOE perdió también otra votación sobre financiación local, asunto por el que ya fue derrotado hace meses en el Pleno y otra de política industrial. El portavoz del PSOE, José Antonio Alonso, se esforzó en minimizar la situación y relativizarla. Relató que se habían aprobado 14 de sus 15 resoluciones y que la rechazada fue solo la referida al Estatuto catalán. Según dijo, la verdadera soledad es la del PP que sólo sacó 6 de sus 15 propuestas de resolución y porque el PSOE le apoyó en 3.