Quiero y no puedo

Tres de cada diez españoles se consideran estreñidos. Y casi la mitad reconoce tomar laxantes sin receta. Mal. Sin control, pueden llegar a intoxicarnos. La solución: beber dos litros de agua diarios, tomar fibra y hacer un poco de deporte

Estreñir (del latín stringere, apretar, comprimir): "Retrasar el curso del contenido intestinal y dificultar su evacuación". Tampoco hace falta recurrir al diccionario para saber lo que significa el verbo de marras. Porque ¿quién no ha sufrido sus consecuencias, aunque haya sido ocasionalmente? En un periodo de estrés, por un embarazo, debido a un viaje. "No es una enfermedad, sino un síntoma que percibe el sujeto en forma de emisión dificultosa de heces muy duras y con una frecuencia disminuida", precisa Juan Enrique Domínguez-Muñoz, jefe del servicio de digestivo del hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela y presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

Las frutas con piel y las hortalizas al vapor ayudan a regular el tránsito

"Entre un 25% y un 30% de la población española se considera estreñida; entre un 12,5% y un 15% lo está según criterios médicos; es decir, realiza, de forma habitual, menos de tres deposiciones a la semana, y con esfuerzo", interviene Miguel Bixquert, profesor y jefe de medicina digestiva del hospital Arnau de Vilanova de Valencia.

"Resulta incómodo, pero ni intoxica, ni provoca retención de venenos dentro del cuerpo, ni la aparición de granos o de mal aliento... Son mitos", aclara el doctor. Tampoco se está más sano por ir al baño todos los días; cada cual tiene su frecuencia, personal e intransferible.

Que sepan los amantes de las estadísticas que el ritmo normal en España es de cinco o seis veces a la semana para hombres y de entre tres y cuatro para mujeres. Y que el problema afecta hasta tres veces más a ellas que a ellos, y más conforme avanza la edad.

El estudio Estreñimiento en la población española (Espogen), de 2000 y aún vigente en muchas de sus conclusiones, establece más factores de riesgo: no seguir una pauta horaria, comer fuera de casa, aguantarse las ganas porque en ese momento estamos ocupados o porque el retrete de la oficina o de la cafetería no nos gusta (negligencia o resistencia a la llamada, lo denominan los especialistas).

El problema puede venir como efecto secundario de una alteración del colon, de algún fármaco o por "una disfunción del suelo pélvico", enumera Domínguez-Muñoz. Pero lo habitual, se lamenta, es que sea consecuencia del ritmo de vida imperante: "Una dieta pobre en fibra, frecuente uso de precocinados y comidas rápidas, una insuficiente ingesta de líquidos y, sobre todo, sedentarismo".

Bixquert detecta que las mujeres jóvenes tienen hoy más dificultades para evacuar que hace 15 años. ¿Motivos? Menos consumo de fruta y verdura, los kilos de más (que se asocian con la falta de ejercicio y de un adecuado tono muscular) y también la lucha contra los kilos de sobra, que muchas veces lleva a abusar de los diuréticos -que hacen perder líquido al organismo- o a reducir drásticamente la ingesta de grasas -que lubrican y ayudan al tránsito intestinal.

"El estreñimiento está causado, en parte, por una razón puramente física como es el peso de los residuos en el intestino", afirma Jesús Román, presidente de la Fundación Alimentación Saludable de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación. Un mayor peso facilita el movimiento intestinal (peristaltismo) a una velocidad adecuada para la expulsión. Luego es fundamental aumentar los residuos no digeribles, como la fibra. Junto con, al menos, dos litros de agua al día.

Para funcionar bien, el organismo necesita unos 25 gramos de fibra diarios, según estimaciones de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Hortalizas frescas, frutas con piel, cereales integrales y legumbres, preferiblemente cocinadas al vapor, al horno, a la plancha o en wok. "De lo contrario, el tiempo de tránsito intestinal podría hacerse cada vez más largo, provocando una sensación de malestar e hinchazón", advierten desde el programa NUSA (Nutrición y Salud) desarrollado por la marca Danone.

Bixquert agrega a la receta "los yogures con bifidus"; anima a bailar, hacer gimnasia, bicicleta, natación; y advierte de que el tabaco es un arma de doble filo: "Mucha gente desayuna, se fuma un cigarrito e inmediatamente va al cuarto de baño... A veces puede ayudar, sobre todo con un buen desayuno, pero fumar un paquete al día estriñe. Es verdad que la nicotina produce un aumento del movimiento del colón, pero también de las contracciones circulares, que cierran el conducto".

Un estreñimiento crónico puede llevar a fisuras, hemorroides y, en pacientes de más edad, a infecciones de orina, prolapso (caída o descenso) del recto e incluso obstrucción intestinal. Así que si las medidas dietéticas y de hábitos de vida no son suficientes, llega el momento de acudir al médico. Que, quizá, recete un laxante. "Los más adecuados en la mayoría de los casos son los que incrementan el contenido intestinal y los osmóticos, que retienen agua en el intestino", informa Domínguez-Muñoz.

"Menos recomendables en el tratamiento a largo plazo son los llamados estimulantes, muchos de ellos considerados naturales por ser derivados de plantas; pueden producir dolor abdominal y diarrea", advierte. Tilda de "creencias falsas" que los laxantes incrementen el riesgo de cáncer de colon o que produzcan dependencia. "Son, en general, fármacos seguros si se usan racionalmente y en las dosis adecuadas, por lo que siempre deben ser prescritos por el médico", concluye.

Pues tomar laxantes sin control facultativo es justo lo que reconocía hacer el 42,7% de los encuestados en el estudio La automedicación en España, dirigido por Pilar Carrasco Garrido, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. El doctor Bixquert ve en ellos la solución fácil y en ocasiones nociva: "Se han descrito casos de toxicidad hepática con el aloe vera", alerta. "¡Estos productos serán buenos para las farmacias!", espeta. Para las personas, se remite a lo ya repetido: beber más agua y hacer más ejercicio, comer mejor, fumar menos.

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