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Jeroni Muñoz y la supernova de Tycho

Un desconocido astrónomo valenciano del siglo XVI fue un científico de prestigio entre sus colegas europeos

El astrónomo valenciano Jeroni Muñoz vivió un momento crucial en la historia de la Astronomía, la aparición de un nuevo objeto brillante en la constelación de Casiopea, conocido como nova. Este fenómeno generó un terremoto en la sociedad de la época -s.XVI-, ya que se creía que los cielos eran imperturbables. Diversas hipótesis trataron de explicarlo, pero ninguno de los astrónomos contemporáneos podía imaginar que se trataba de una explosión estelar hoy conocida como supernova. Jeroni Muñoz fue uno de los científicos que más trabajó en este nuevo objeto, lo que fue reconocido por colegas europeos contemporáneos de la talla de Tycho Brahe, cuyo nombre fue a la postre el que se dio a la supernova.

Muñoz nació en Valencia en el primer tercio del siglo XVI y estudió en la universidad de esta ciudad, a lo que siguió un periodo de formación y docencia en diversas universidades europeas. A su regreso a los reinos hispánicos, fue catedrático de lengua hebrea y de matemáticas en la Universidad de Valencia y de Matemáticas y Astronomía en la Universidad de Salamanca, donde continuó su docencia del hebreo. Este hecho hace pensar a los historiadores que Jeroni Muñoz fue posiblemente un judío converso. Aunque su trabajo incluye facetas tan diversas como las de lingüista (hebraista y helenista), astrónomo, geógrafo y matemático, su nombre fue conocido en el mundo científico europeo debido a sus trabajos sobre la supernova de 1572, la conocida como supernova de Tycho, el danés que ha pasado a la historia como el principal investigador de este fenómeno.

Esta "nova", como se la denominó en la época por aparecer como una nueva estrella, fue un acontecimiento de una gran importancia, ya que, hasta el momento, el cielo era entendido como inalterable por la filosofía aristotélica imperante. Por ello, Felipe II encargó a Jeroni Muñoz informes sobre sus observaciones e interpretación del fenómeno. El erudito valenciano fue capaz de medir la posición exacta de la estrella, en la constelación de Casiopea, y de determinar que la distancia a la misma, que no pudo calcular con exactitud, era lo suficientemente grande como para asegurar que se trataba de un fenómeno celeste. Estos estudios fueron publicados en el Libro del nuevo cometa, en 1573. Su hipótesis, como indica el título de la publicación, sostenía que se trataba de un cometa, aunque reconocía que su aspecto no coincidía con el descrito en los textos para este tipo de objetos, sino más bien con el de una estrella, y concluyó, contra Aristóteles, que en el cielo se dan "alteraciones y corrupciones". Sus trabajos fueron conocidos en Europa gracias a la traducción de los mismos al francés y a su correspondencia con diferentes astrónomos europeos. El mismo Tycho Brahe utilizó los datos de Muñoz, elogiando su precisión, a la vez que diferentes autores del siglo XVII, como Galileo.

En contra de Copérnico

En otro de los grandes debates de la época, Muñoz se situó en contra de la teoría heliocentrista de Copérnico, intentando refutarla con argumentos científicos en sus trabajos. A pesar de ello, aconsejaba a sus alumnos la lectura de las publicaciones del astrónomo polaco, al que consideraba como excelente.

Diversos tratados (de aritmética y matemáticas o de hebreo) nos muestran sus contribuciones a las ramas del saber antes nombradas. También publicó algún folleto dedicado a la Astrología, que en la época era una rama del saber asociada a la Astronomía, muy alejada de lo que ha devenido hoy día. Se conservan algunos manuscritos para sus cursos universitarios en diversas disciplinas y Comentarios a obras clásicas, como de la Historia Natural, de Plinio, o de los Comentarios de Theon al Almagesto, de Ptolomeo, donde discute la teoría heliocentrista de Copérnico dentro de su análisis de la Astronomía ptolemaica. Estos trabajos sobre textos clásicos se enmarcan dentro de las tendencias del humanismo europeo de su tiempo. Sin embargo, no publicó muchos de sus estudios por considerar que no se le agradecía su trabajo, sino que, por el contrario, había sido injuriado por los miembros de la corte del rey a raíz de sus estudio del "nuevo cometa", y porque opinaba que no era sabio publicar libros de Matemáticas, porque "no es España observadora de astros, ni se colabora con las matemáticas, sino sólo con las artes mercantiles. Es imprudente, aún más, de pródigos, querer editar nada de matemáticas, ya que los gastos de impresión son enormes, y los libros no se venden...".

Para Muñoz, había que separar los asuntos naturales, que debían abordarse desde la razón, de las cosas de la fe, inalcanzables desde la razón humana. Este breve repaso a su biografía revela su talla intelectual y su racionalidad, en un entorno social e histórico poco dado a una racionalidad que no llegó a calar en algunas sociedades europeas hasta la Ilustración.

Manel Perucho i Pla trabaja en el departament d'Astronomia i Astrofísica de la Universitat de València