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Las bajas por depresión entre los docentes valencianos triplican las de otras profesiones

Hasta 1.614 se presentaron por enfermedad mental en el curso 2007-2008

¿Cómo ser maestro y no morir en el intento? No es el título de una película. Es la realidad cada vez más cotidiana entre los docentes de los colegios e institutos valencianos: las bajas por depresión en el sector público "triplican" las de cualquier otra profesión, excepto médicos y policías que también comparten un alto índice de estrés y ansiedad. En el curso 2007-2008 hasta 1.614 maestros de Primaria y profesores de ESO entregaron partes de baja por enfermedad mental. Una cifra que supera la de los 1.327 afectados, en ese mismo periodo, por un malestar tan común entre los docentes como son la afonía y las enfermedades respiratorias. Éstos son los datos que hoy ha puesto sobre la mesa el sindicato de funcionarios CSIF en la Comunidad Valenciana, tras analizar y sistematizar "caso a caso" el número de bajas médicas en las tres provincias en los últimos dos cursos.

"Las cifras podrían resultar más elevadas porque numerosas bajas por problemas osteomusculares o conectivos (el 15% del total de bajas) ocultan también problemas de depresión y otras afecciones psíquicas", ha explicado Manuel Valero y Miguel Ángel Cerdá, del CSIF.

El desgaste o el síndrome del profesional quemado siguen un patrón acumulativo y a medida que avanza el curso se incrementa el número de bajas. "Mientras que en el primer trimestre había 348 maestros de baja por enfermedad mental sólo en la provincia de Valencia, en el segundo se triplicó el número y en el tercero se terminó el curso pasado con 616".

Entre las causas del "creciente deterioro" de la salud mental conforme avanza el curso está el "desgaste" del profesor por tener que "estar más pendiente de lo que hacen los alumnos en el aula y de que te escuchen, que de tu propia explicación", sostiene Valero. A esto se suma que "el profesor está perdido, ha cambiado su rol social y se le atribuyen más funciones con menos medios", añade Cerdá. "Ahora el maestro tiene que hacer de policía, médico y nutricionista, y antes lo hacía la familia". El sindicato pide al Gobierno central y al autonómico que se reconozcan como "enfermedades laborales".