_
_
_
_

Aura García-Junco sobre las relaciones abiertas: «Quería entender por qué generan tanto rechazo»

La escritora mexicana ha publicado ‘El día que aprendí que no sé amar’, un libro que rompe con el mito del amor romántico.

La escritora mexicana Aura García-Junco.
La escritora mexicana Aura García-Junco.

Aura García-Junco (Ciudad de México 1988) estudió letras clásicas, conoce los textos antiguos, pero también los contemporáneos. Así que se le ocurrió la idea de utilizar a Ovidio para enfrentarlo a las nuevas teorías feministas. Todo surgió una noche en la que tenía una cita y, tras explicitar que estaba en una relación abierta, la persona en cuestión reaccionó diciéndole: “Lo que pasa es que tú nunca te has enamorado”. Esa anécdota personal es la que precisamente abre ‘El día que aprendí que no sé amar’ (Seix Barral) un libro a medio camino entre el ensayo y la experiencia propia absolutamente revelador que intenta a golpe de investigación romper con el mito del amor romántico al mismo tiempo que se trata toda una serie de temas que impactan de manera directa en cómo abordamos las relaciones las mujeres en la actualidad.

¿Cómo empezó tu proceso de investigación para escribir el libro?

Estaba pasando por un periodo confuso en mi vida y mucha gente a mi alrededor estaba en la misma situación. Empecé a plantearme la pregunta, ¿qué está pasando con las relaciones en mi generación? Me di cuenta de que había una incertidumbre muy grande al respecto y pensé que era una buena línea de investigación. ¿Por qué nos sentimos tan perdidos, por qué estamos naufragando? Me puse a bucear en libros que hablaban sobre el amor, pero había tantos que decidí delimitar mi estudio y los temas que quería tratar. También quería introducir de qué forma impacta la cultura popular en nuestro modo de concebir las relaciones a través de las canciones, las películas.

Sería un trabajo arduo, hay montones de citas en el libro que nos remiten a otras tantas lecturas fundamentales

Pasé alrededor de cuatro años de escritura, reescritura, lectura e investigación. Al final también le pedí a un amigo sexólogo que lo leyera por si estaba diciendo alguna tremenda barrabasada. Quería que fuera muy completo en el tema de la bibliografía para no reducir los temas a mis propios prejuicios y ofrecer todos los ángulos posibles.

De entre todas esas lecturas, ¿hubo alguna que te resultara más reveladora?

Fueron varias, siempre en el lado más radical de la balanza. Por supuesto, Brigitte Vasallo y su Pensamiento monógamo. Terror poliamoroso. También muchos libros de sociología, los de Eva Illouz, que tienen un sustrato histórico muy importante que ayuda a generar perspectiva.

Durante el tiempo que estuviste escribiéndolo supongo que se colaría no solo la actualidad, sino también los cambios en tu propia vida. ¿Cómo combinaste esa parte más ensayística con la personal?

Ha sido una época muy convulsa al respecto y hemos tenido que reformular los términos constantemente. Es una materia muy viva y lo interesante es que se trata de temas que no se pueden separar de tu propia existencia. Así que, conforme vives, tienes que repensarte. En ese sentido, se trata de un libro bastante impermanente, porque todo está cambiando constantemente. Por eso decidí incluir algunas de mis experiencias para introducir asuntos que me interesaba explorar.

No sé cómo estructuraste el libro, porque se hablan de muchos temas, algunos que están desde siempre, otros son muy nuevos y los estamos viviendo en tiempo presente

Totalmente, creo que es algo que está en movimiento y es muy difícil de asir. Si escribiera el libro ahora, tendría que agregar unas cuantas cosas. Por ejemplo, hay algo que me obsesiona últimamente: El balance tan delicado entre la vida pública y la privada. Parece que tenemos que retransmitir todo lo que nos ocurre como si fuera un espectáculo y solo compartimos aquello que es bueno. Hay mucha mentira y vacío. Todo parece como parte de un experimento, así que nos va a tomar un rato entender las consecuencias y el análisis de estos fenómenos. Por eso creo que nos encontramos en una época bisagra tras el estallido de las redes sociales. No sabemos ahora dónde nos puede llevar.

También abordas de qué forma ha cambiado nuestra forma de buscar el amor (o el sexo) a través de las Apps de contactos

Me parecía muy importante escribir de eso, porque es fácil perder la perspectiva cuando estamos rodeados de tanta tecnología que acaba impactando en la forma en la que nos relacionamos sin que nos demos cuenta. Hay cosas que son muy evidentes, estás viendo una pantalla, no a una persona, por lo que la deshumanización está muy presente. La tecnología se presta a crear una especie de aparador, una vitrina donde hay muchas caras que más bien parecen maniquíes con cierto grado de capacidad para contestar algunas preguntas estándar. Y con las redes sociales es muy fácil perder la perspectiva. Lo que más me incomoda es la propensión tan grande para agredir a otras personas, porque la lejanía que proporciona la tecnología te lo permite. Hay una enorme diseminación de los afectos y me parece muy duro ver cómo se pierde la capacidad de ver a las personas tal y como son, no solo como portadoras de ideas.

¿Qué aspectos fundamentales querías desmitificar a través de este libro?

Al principio no lo tenía claro, así que empecé con intuiciones y terminé con otras impresiones y muchas preguntas. Lo que sí me interesaba entender era por qué había personas que reaccionaban de una manera tan drástica e intensa al hecho de que yo tuviera una relación abierta, y para llegar a ese punto tenía que ver por qué era tan importante la idea de la monogamia y el concepto del amor romántico. Son fundamentos medulares no dichos, pero sí explícitos que condicionan todo lo demás. Por ejemplo, la idea del matrimonio, a la que yo tengo tanto rechazo. Tenía que desmitificarme a mí misma para hablar sobre eso, porque si no, hubiera sido un panfleto, y era algo de lo que quería huir. Así que para mí ha sido una especie de terapia enfrentarme a ciertos temas.

En el libro dices que el amor es un aspecto ideológico, social y económico. Por lo que ir en contra de la monogamia es hacerlo contra los constructos sociales que parecen inamovibles

Estamos rodeados de estos valores y hay gente a la que le va la vida en defenderlos, porque para ellos es la base de nuestra sociedad, y eso implica la moral. Solo hace falta que hurgues un tantito para darte cuenta de que esto no es así. Las relaciones homosexuales están ahí desde el principio de los tiempos, así que es como tapar el sol con un dedo, y así muchas otras cosas. En el capítulo sobre la monogamia me interesaba hablar de que la no monogamia también ha existido siempre y desde otros lugares que no tienen que ver con el poliamor o las relaciones abiertas occidentales. Así que esos mitos están destinados a chocar con una pared. Para mí el libro es una invitación a pensar, a dar cabida a otras realidades que existen.

¿Por qué crees que las mujeres seguimos acumulando tantos traumas en torno a esa idealización del amor romántico? ¿Por qué a pesar de que seamos más conscientes que antes, sigue ocurriendo?

Efectivamente, sigue pasando. Yo creo que ahí es donde está el entramado más complejo. Porque, por un lado, nuestro primer aprendizaje sobre el amor nos lo dan nuestros padres. ¿Por qué eso se nos queda grabado a pesar de la cantidad de libros que hayamos leído? Por supuesto, ayuda leer, también la terapia para reflexionar, tener buenos amigues con los que hablar. Pero hay un sustrato del cual partimos. No surgimos de la nada, y en parte tenemos asumido ese discurso patriarcal tan nocivo. Es difícil desprenderse de todo eso. Por eso para mí es súper importante el llamado a la paciencia con nosotras mismas, porque al final, cambiar es difícil e implica muchas cosas, no solamente querer hacerlo.

¿Crees que se puede educar de alguna manera a las nuevas generaciones para que esa cadena heteropatriarcal se vaya rompiendo?

Creo que sí. De hecho, está ocurriendo, sobre todo porque tienen más referentes y referentes más diversos. Creo que antes, en anteriores generaciones no se hablaba lo suficiente de sentimientos. En la medida que tengamos una educación emocional sana, van a cambiar muchas cosas. Las emociones estaban relegadas al campo de lo que no se podía hablar, convirtiéndolas en algo estrictamente femenino y, por tanto, minusvalorado. Se ha intentado enseñar a través de la imposición de lo racional, aplastando lo emocional y eso es un error.

Ovidio y su Ars Amatoria se convierten en un eje estructurador del libro. Cada capítulo comienza con una de sus citas en las que borras aquello que debemos desterrar

Ha sido muy divertido hacer eso. Eran tres libros, en realidad, dos para los hombres, uno para las damitas de la época que se consideraban cortesanas, no mujeres de bien, como se decía. En su momento, se le tachó de libertino y revolucionario, porque explicitaba lo que se hacía y no se decía. Pero luego, corte a 2000 años después y, yo que estudié letras clásicas, me encuentro con que se habla de él en foros de Internet en el que los pick up artists lo utilizaban como modelo, porque, en el fondo, ahí hay ideas encapsuladas de muchos supuestos del amor romántico, incluyendo los más fieros y desagradables, como las incitaciones a la violación, explícito en el Rapto de las Sabinas, que él dice que fue por el bien de la comunidad, de la patria. Increíble, ¿no? Y a lo largo de los libros hay un montón de cosas que ahora son absolutamente inaceptables, pero… que siguen vigentes en muchos sectores de la sociedad, como la idea de poseer a la pareja y demás. Y claro, hay una movida con todo eso, porque es un receptáculo de valores súper occidentales y súper patriarcales, súper machistas que les encantan a los hombres. Ellos piensan: es lo que merezco, esto es lo que voy a obtener y lo voy a hacer de esta manera, porque estoy en mi derecho, porque soy hombre. Así que yo tengo una relación bipolar con Ovidio, porque es uno de mis poetas favoritos de la antigüedad por la belleza de sus textos, pero es cierto que hay que leerlo desde una perspectiva crítica.

¿Cómo querías tratar el cuerpo femenino en el libro?

Me interesaba tratarlo desde dos lados, desde la manera en la que la mirada de los demás conforma nuestra mirada sobre nosotras mismas, pero también sobre las otras personas. No se trata ya de que te guste más alguien o no, no es cuestión de autocensurarse, pero a las mujeres nos han jodido mucho históricamente con eso y ha constituido un arma para desvalorizarnos. Me gusta hablar también del cuerpo que envejece. ¿Por qué a los hombres se les permite envejecer y a las mujeres no? ¿No estamos yendo todos al mismo lado? También me interesaba mucho la manera en que nos ven desde fuera como objetos, y ahí entra en juego la cultura de la violación. ¿Cómo encajan en nuestro cuerpo esos supuestos, cómo nos sentimos, cómo tenemos que actuar, por qué tenemos que continuar tragando? Muchas veces siento que tendemos a hacer esa diferenciación tajante entre alma y cuerpo, o mente y cuerpo. Y no es así, porque una cosa impacta en la otra.

Todo esto entronca con lo que tú llamas “esa pequeña o gran red de abusos a los que toda mujer, incluso sin darse cuenta, ha estado sometida a lo largo de su vida”

Nadie se salva de eso, siempre hay fisuras entre las fichas del rompecabezas. Pero en el caso particular de las mujeres, se incrementan esas fisuras desafortunadamente, porque hay acoso, menosprecio sexual, presión social. Y todo eso se vuelve tan cotidiano que es difícil de desarraigar. Así que muchas mujeres optan por una supervivencia reptiliana, especialmente si han estado sometidas a algún tipo de violencia. Afortunadamente tenemos recursos que los hombres no tienen, la capacidad de poder hablar y tener amigas que nos escuchen. Creo que es algo que tenemos que sanar colectivamente, no hay nada peor que el dolor individual.

En el libro hablas de La princesa prometida como una película que te marcó negativamente a la hora de hacer frente a la idea del amor romántico. ¿Crees que están surgiendo nuevas ficciones que ayudan a romper los tabúes y los clichés?

Ahora hay muchas, ninguna abarca todo, pero pienso en Sex Education, que además de ser una serie juvenil, tiene la capacidad de hablar de muchos temas profundos de una manera muy amena. Es la clase de series que pueden romper los estereotipos en los adolescentes. Hay otras que se enfocan en cosas muy concretas, acabo de ver Heartstopper, sobre el despertar homosexual de dos personajes y otros que se abren a la diversidad sexual. Si hubiera tenido ese referente cuando era adolescente hubiera sido como una caricia a mi alma. Me gusta que exista y que se pueda ver de una manera tan masiva. También es muy interesante Todo va a estar bien, de Diego Luna, porque rompe con muchos paradigmas, qué pasa cuando un matrimonio se acaba y hay hijes, cómo se reconfiguran las familias. Todas esas cuestiones empiezan a plantearse en la pantalla tratando se saltarse las reglas no dichas, los prejuicios naturales, me parecen súper imprescindibles.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_