Pantalones vaqueros que suman años y otras razones por las que los ‘millennials’ ya no saben cómo vestirse
En las redes, sin embargo, existe un verdadero aluvión de contenido anti-millennial. Ningún detalle de su estilo de vestir se salva de la quema

El pelo con raya al lado, los calcetines, la manera de grabar los vídeos, los zapatos… ningún detalle del estilo millennial se salva de la quema. Los zoomers han decidido que la generación anterior a la suya representa todo lo que es reprobable en moda, o usando la jerga apropiada, es cringe, da lache.
Es predecible que los jóvenes quieran distinguirse de sus hermanos mayores, pero en este caso los millennials se han tomado esa diferenciación muy a pecho. Acostumbrados a desenvolverse en el entorno digital, se habían confiado en su papel de árbitros de la cultura contemporánea y no acaban de entender por qué sus gustos generan tanta tirria. La crisis de la mediana edad, como suele pasar, les ha pillado por sorpresa.
@two_scoops_of_style Millennial outfit makeover featuring the cutest suede jacket!
♬ Close to you sped up - Stan :)
“Lo primero de todo y esto es algo innegable, es que la moda está de moda entre la Gen Z. Especialmente porque muchos ya trabajan, tienen un sustento, y con ello el querer tener más conocimientos en el sector o una simple identidad estética más cuidada”, reflexiona el estilista de 23 años Fidel Millan, más conocido como Karpa. “Pero también creo que el hate no es en realidad tan exagerado y solo se utiliza en redes como gancho para captar la atención, porque al poco que indagas ves como muchos elementos millennials han perdurado”, elabora Millán. “Últimamente estaba dándole vueltas a recuperar los super skinny acid wash. Y por ejemplo, las chicas están volviendo a llevar cuñas. Las Beckett de Isabel Marant son el calzado más deseado por mi quinta, vas a cualquier fiesta y ves seis iguales”.
En las redes, sin embargo, existe un verdadero aluvión de contenido anti-millennial. La vocación de comentaristas de moda entre los más jóvenes, que logran captar la atención con sus opiniones, ha dado alas a este fenómeno, a su vez jaleado por los Equis. Esta generación olvidada y nihilista, que nunca superó el grunge, siente una mayor afinidad con los Zeta. Hoy les falta sacar las palomitas para presenciar el fin de la hegemonía del interiorismo en rosa, las startups de hispters, y vestuario girl boss.
El shock de haberse visto repentinamente fechados ha dado como resultado que los treinta y recién cuarentañeros ya no sepan cómo vestirse. En consecuencia, los creadores de contenido hayan encontrado un filón en publicaciones que enseñan cómo actualizar el rollo millennial para no quedarse viejuno. Pero por mucho que se consuman vídeos de estilismo la vorágine de las microtendencias hace que sea difícil no llevar un look que alguien en algún momento no vea caducado.
Aunque no nos importe demasiado que los adolescentes critiquen nuestra imagen, es impepinable que la moda joven ha cambiado el panorama, y que hoy existen un puñado de elementos que delatan la edad de quien los lleva.
La silueta
Para Karpa la clave en la brecha generacional es que los Zeta prefieren la ropa holgada. “Las formas más definidas en el cuerpo son rechazadas por el público más mainstream de la Generación Z, que prefiere los pantalones baggy o las bermudas”, apunta el estilista.
Hasta la ropa para ir al gimnasio se está ensanchando. Los Zeta se visten para hacer ejercicio de manera más relajada, con pantalones de chándal sueltos, y camisetas largas sobre leggings. En un año, las búsquedas de ropa de gimnasio ancha en Pinterest se han disparado en EEUU, con la franja de edad de 18 a 24 años como los principales interesados.
Además de las prendas ceñidas, otro elemento que no se les escapa a los veinteañeros es la manera en la que los milleniales meten la prenda superior dentro del pantalón, conocida en inglés como ‘millennial tuck’. Los más jóvenes dejan la camisa suelta, un detalle insalvable para muchos de los nacidos en la década de los ochenta y principios de los noventa.
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Los vaqueros
Las proporciones XL también abarcan la esfera del denim, con los vaqueros caídos como la prenda que mejor define el estilo juvenil. Tanto costó acostumbrarse a los jeans tobilleros de cintura alta, y actualmente lo moderno es llevarlos arrastrando por los charcos. En un artículo del diario británico The Guardian, una entrevistada se prueba unos mom hasta las costillas que le han prestado para sentenciar que le hacen envejecer una década. ¿Alguien se acuerda de aquel modelo Sailor de la diseñadora Jesse Kamm en el que las estilosas querían enfundarse? En Los Ángeles apenas se ven vestigios de este tipo de pantalón. Los actuales vaqueros de culto son los estilos rectos y largos de Agolde.

Los zapatos
Los menores de treinta y pico no quieren saber nada de los botines de tacón medio, esos zapatos tan socorridos que tanto servían para ir al trabajo como para salir de noche. Ahora se han quedado para quien peina canas. Según Karpa, el calzado predilecto de los Zeta son los mocasines y “las zapatillas más finas en términos de forma”; que por supuesto se llevan con calcetines por encima del tobillo.

La cazadora
Los pantalones se llevan anchos, pero eso no es excusa para combinarlos con una cazadora entallada. La chaqueta de traje ajustada, la cazadora denim corta y la perfecto de cuero estrecha son indicadores infalibles de que se ha llegado a cierta edad. Los adolescentes prefieren las bomber XL, o las chupas de cuero de padre, al estilo de Tony Soprano. Sin embargo, los chaquetas largas de punto se van al trastero.

Y lo que se queda
Despuntan las bailarinas de toda la vida, y retomamos el estilo ‘boho’ de la mano de Chloé, con las blusas de encaje y los vestidos de volantes arrasando en las tiendas de fast fashion. Según los profesionales, se está empezando a notar interés en piezas de Hedi Slimane en su época de Dior, además de diseños del Givenchy de Ricardo Tisci y el Balmain de Christophe Decarnin.
Aunque teniendo en cuenta que el ciclo de tendencias es cada vez más corto, conviene por si acaso guardar incluso hasta los pitillos con rotos en la rodilla. Porque como decían nuestras abuelas, asombradas pero orgullosas al cazarnos husmeando en su armario, absolutamente todo termina volviendo.

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