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Los secretos ocultos del lujo hecho a mano

Los artesanos que crean las piezas más exclusivas de Hermès mostraron su oficio a pie de calle. Pudimos verlo en Madrid

Lujo

Tiempo. Ese es el auténtico lujo de la sociedad actual. Atrás queda la ostentación del sector en otras décadas. Lujo es una flor que se marchita. Una fotografía que para el tiempo sobre el papel. Una sensación que apenas dura unos instantes. Tiempo suspendido, como el reloj Hermès Arceau Temps Suspendu, en el que las agujas caen a un módulo adicional imaginario, olvidan el presente y recrean la idea romántica de alterar el curso del tiempo. Lujo es dedicar más de 2.000 horas (un año entero de trabajo) a deconstruir en tinta china el dibujo de un indio sobre láminas de acetato, para definir la paleta de colores que deberán utilizar los artesanos de un taller a las afueras de Lyon para estampar un carré (pañuelo cuadrado) de Hermès.

En una industria cada vez más globalizada –que año tras año acelera el ritmo de fabricación–, «lujo es conseguir que el equipo creativo de la firma francesa acepte posponer el lanzamiento de ese fular un año para permitir que un artesano realice bien su trabajo», explica la dibujante Frédérique Colomb en Le Festival des Métiers, la muestra que, del 24 al 28 de abril, permitió a los visitantes de la Fundación Carlos de Amberes descubrir el lenguaje secreto de los talleres de la maison de la mano de sus artesanos.

«Crear un bolso Kelly precisa 20 horas de minucioso trabajo», desvela la artesana Nadia Selloum. No todos pueden hacerlo. «Es un oficio complejo», confirma a S Moda Guillaume de Seynes, miembro del comité de dirección internacional de Hermès. «La formación en marroquinería dura un mínimo de 18 meses. Un proceso que solo completa el 80% de los candidatos. El 20% restante abandona o no cumple los requisitos de excelencia de la maison. Y tras esos 18 meses, un aprendiz solo es capaz de hacer uno o dos modelos». Cuero, pitón, cocodrilo… Hay tantas técnicas como pieles, modelos y tamaños. «Es una formación continua», dice De Seynes. «Uno de los últimos éxitos es el Constance. Un bolso de los 70, aparentemente sencillo, pero que es uno de los más complejos. Al ser un modelo vintage, los artesanos han tenido que empezar de cero». ¿Los más preciados? Los de cocodrilo. «Solo los artesanos con más de siete años de experiencia pueden montarlos». De ahí la lista de espera. Tiempo suspendido.

Mientras en la UE las cifras del paro no dan respiro –la tasa de desempleo se situó en enero en el 10,1%–, en 2011 el grupo de lujo francés registró un aumento de las ventas del 18,3%, impulsadas por una fuerte demanda en países emergentes como China y mercados consolidados como EE UU. «Tenemos problemas para satisfacer la demanda. Estamos intentando aumentar la producción», confirma De Seynes. De hecho, la previsión de contratación para este año es del 10%. Una oportunidad que atrae a estudiantes de artes y oficios, pero también a parados. «La gente quiere un trabajo y prueba suerte», confirma Nadia, que empezó en Hermès con 29 años.

Como ella, cientos de artesanos trabajan en Francia para el grupo. Pero también fuera. En talleres de Vietnam (joyería de búfalo), Tíbet (punto), Suiza (relojería) o España (calzado de esparto). «Buscamos la excelencia allí donde esté», defiende Guillaume. ¿Preocupan las consecuencias negativas que pueda sufrir la compañía en una crisis económica global por ser considerados la máxima expresión del lujo? «Preferimos hablar de calidad», apunta. «Entre nuestros clientes se encuentran los más pudientes. Es cierto. Pero también existe una buena percepción del valor de nuestros productos. Un bolso de cocodrilo cuesta 25.000 euros. Pero un pequeño fular de seda 150, un precio considerable, pero más accesible».

federique colomb (45 años) deconstruye los dibujos del equipo creativo.

Mirta Rojo

El artesano Kamal Hamadou (52 años) muestra todas las fases del proceso de estampación de un pañuelo de seda de Hermès en Lyon.

Mirta Rojo

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