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Natalia de Molina: «No quiero que mi carrera sea fugaz»

Con tres filmes en el Festival de Málaga solo un año después del Goya, la actriz se empeña en demostrar que no es flor de un día.

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Patrick Aventurier/SIPA (SIPA)

No es fácil reconocerla tras esas grandes gafas que nunca lleva ante las cámaras. No es extraño que, como cuenta, nadie la pare por la calle, salvo en su tierra. Apurando su té verde, Natalia de Molina (Linares, Jaén, 1990) parece una vecina más de Lavapiés. Pero cuidado: es una actriz de éxito. En 2014 ganó el Goya como actriz revelación por Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, y figura por partida triple en el próximo Festival de Málaga. Es la protagonista de Cómo sobrevivir a una despedida (comedia de Manuela Moreno, estreno el 24 de abril) y Techo y comida (drama sobre los desahucios de Juan Miguel del Castillo), y tiene un papel secundario en Solo química (de Alfonso Albacete). Ella advierte que es tímida. También, que le da miedo meter la pata en las entrevistas. ¿Alguna aclaración más? «Es la primera vez que me pongo esta funda dental y hablo rarísimo», bromea.

Parece que ha roto la maldición del Goya.

Había escuchado que después del premio podías estar años sin trabajar… Pero yo estaba feliz de haber hecho ese gran «Sí» que me dio David [Trueba] después de tantas pruebas en las que me habían dicho «No».

¿Se veía en una comedia tan loca como la de Manuela Moreno?

Veía más a mi hermana Celia, pero no tenía representante y era un casting cerrado. Yo la animé a que escribiera a la directora… ¡y consiguió el papel de novia! Sale hasta mi madre, a quien convencimos para decir una frase cuando vino al rodaje de visita.

¿Se imaginaba en un drama social como Techo y comida?

Eso fue muy curioso: una noche soñé que interpretaba a una madre soltera. A la mañana siguiente me escribió el director y, cuando leí el guión, flipé. Era justo esa historia.

¿Siente que ha cambiado en algo?

Se lo he dicho a mi familia: si veis que empiezo a creerme alguien, decídmelo. Quiero seguir siendo una persona normal.

¿Y qué piensa esa persona normal cuando se ve en una alfombra roja?

En la Berlinale [donde recogió el premio Shooting Stars a jóvenes promesas] me dio un ataque de risa de camino a la gala. Le decía al chófer: «¡No entiendo nada!».

¿Los premios no someten a cierta presión?

Sí. Yo no quiero que se piense que estoy aquí solo por suerte. No quiero ser… fugaz.

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