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Ethan Hawke: «Ya he superado la etapa de vivir como un millonario»

Dos películas, Antes del anochecer y The Purge: La noche de las bestias, lo han convertido en el actor del verano. Y aún queda por estrenar Getaway.

Ethan Hawke

El tiempo ha dejado huella en Ethan Hawke. Ni las mechas rubias que le dio por llevar recientemente ni la extrema delgadez que muestra en la actualidad pretenden ocultar sus 42 años. Y al contrario que sus compañeros de Hollywood, el intérprete –tejano de nacimiento, neoyorquino de corazón, autor, guionista, director y hombre renacentista al que le gusta el cine, la novela y el teatro– ha disfrutado cada una de las arrugas de su rostro. «Una por cada una de las 50 películas que he rodado», bromea quien comenzó su carrera con solo 13 años en Exploradores. Padre de cuatro hijos, dos fruto de su matrimonio con Uma Thurman y los otros dos junto a su actual esposa, Ryan Shawhughes, también se las da de padrazo. El actor declara que la moda no es lo suyo, aunque hoy venga con la formalidad de un traje oscuro «de Dior», dice sin estar muy seguro. Son cosas de su estilista, bromea, porque si por él fuera, «unos pantalones de pana, una camiseta, una gorra de béisbol y a otra cosa. Antes hay muchas películas por hacer y muchas otras conversaciones por mantener», sentencia.

No me puedo creer que, tras tanto tiempo en Hollywood, no le atraiga un poco más el brillo de la moda.

Cuando tenía 18 años gané casi 23.000 euros con la película El club de los poetas muertos. Por entonces, me sentía como un millonario. Pero he pasado esa etapa de mi vida y ahora tengo cuatro hijos, una familia y ganas de hablar de cine. Ese es mi mundo. El resto no es más que un lujo.

Dos estrenos casi simultáneos que no podrían ser más diferentes. Porque a la romántica Antes del anochecer, le ha seguido la macabra The Purge: La noche de las bestias.

The Purge es una película de género, una historia futurista inspirada en un relato corto de Philip K. Dick. Y es terrorífica, pero como buena obra de ciencia ficción hace reflexionar sobre la extraña relación que mantenemos con la violencia en este país. Piensas en Trayvon Martin en la matanza de Sandy Hook. Te lleva al mundo de la política. Aunque es una cinta de suspense, genera un diálogo interesante.

Y con Antes del anochecer… ¿se declara un romántico perdido?

No habría podido hacer esta trilogía de otro modo. Si a eso le sumamos que los otros dos libros que he escrito hablan también del amor, creo que puedes hacerte una idea de como soy.

¿Qué es lo que ha aprendido del amor en estos años?

Rodé Antes del amanecer cuando tenía 23 años. A esa edad, según los libros de ciencia, el cerebro de uno no está totalmente desarrollado. ¡Y sé que Julie (Delpy) me sigue viendo así, como un adolescente! Pero tampoco me las voy a dar de experto. Solo he aprendido que las segundas oportunidades realmente existen. Y que el mayor problema en el amor es faltar a la honestidad, nunca las discusiones.

¿Por qué lo dice? O, mejor dicho, ¿por quién lo dice?

Mi madre es el mejor ejemplo. Una persona muy interesante y con la que más he discutido toda mi vida. Alguien que disfruta del segundo acto en su vida más que del primero. Está volcada en ayudar a los gitanos para que tengan acceso a la escuela en Rumanía. Además, se ha reencontrado con un novio de su juventud en Facebook y ahora están casados.

Vamos, que además usted es un ferviente enamorado de las redes sociales.

Mi primer iPhone tiene menos de un año y, en ocasiones, desearía no tenerlo. Lo único que me gusta de Internet es Skype. Todo este universo me sigue pareciendo ciencia ficción. Pero también me da miedo lo que significa. La falta de intimidad que eso supone. El acceso que le da a los adolescentes de hoy –como a mi hija– a chatear, mandarse fotos, dejar constancia de un amor que Dios sabe lo que puede pasar cuando la relación se vuelva amarga. Es un mundo nuevo.

Uma Thurman siempre lo ha descrito como un gran padre para sus hijos.

Es muy agradable saber que dice eso de mí. Aunque hay algo redundante en esa idea, porque un padre siempre es especial a los ojos de sus hijos. Lo mismo que ellos lo son para mí desde el momento en el que nacieron. Uno de los grandes placeres de mi vida.

Pero con la familia llegan las responsabilidades y se acaban los sueños, dicen.

Ya te digo que creo en las segundas oportunidades. Es cierto que todos admiramos el idealismo y la energía de la juventud, cuando todo era un sueño. Nunca me sentí más fuerte y sano que cuando tenía 23 años. Pero solemos olvidar los miedos, el nerviosismo y las inseguridades que experimentábamos. Me siento bien en esta etapa. Quiero seguir vivo. La otra alternativa no es computable.

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