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Fiestas de «vieja normalidad» y jets a lugares prohibidos: así sortea la fama y el dinero las lagunas legales del coronavirus

Barras privadas de alcohol mientras los bares están cerrados o tratos de favor a famosos para afrontar las cuarentenas. La crisis del coronavirus expone, aún más, las grietas sociales marcadas por el poder y la fama.

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«Tras dos semanas de múltiples tests sanitarios y pidiendo a todo el mundo que hiciese cuarentena, sorprendí a mi círculo más íntimo con un viaje a una isla privada donde podíamos pretender que las cosas eran normales durante un momento en el tiempo». Kim Kardashian ha cumplido 40 años y ha decidido compartir desde sus redes las instantáneas de su celebración en una isla secreta. “Bailamos, montamos en bicicleta, nadamos cerca de las ballenas, hicimos kayak, vimos una película en la playa y mucho más. Me doy cuenta de que para la mayoría de la gente, esto es algo que está muy lejos de su alcance en este momento, por lo que en momentos como estos, recuerdo humildemente lo privilegiada que es mi vida”, ha contado desde sus redes sociales hacia sus más de 40 millones de seguidores.

Entre la indignación y el cachondeo («Una multimillonaria verifica humildemente su privilegio en una isla privada», titulaba acertadamente The Cut), la publicación de Kardashian se convirtió durante la jornada de ayer en el meme del día, cuando usuarios de todo tipo (y hasta el MoMA de Nueva York) compartieron fotografías de sus propias «islas privadas» en tono de burla con el mismo copy que utilizó Kardashian. Las desigualdades que han asomado sobre los privilegios de los poderosos con el resto de los mortales en esta crisis condensadas en un solo post de famosa se ganaron aplaudidas referencias a la película Parásitosa la sangrienta boda roja de Juego de Tronos, y a la secta de vestidos blancos y coronas de flores de Midsommar.

Una de las grietas sociales que más asoma en la crisis del coronavirus es la que evidencia, todavía más, cómo el poder del dinero hace más llevadera nuestra existencia cuando llega una pandemia. En el confinamiento severo aprendimos que no era lo mismo encerrarse en un piso de 30 metros sin balcón con toda tu familia que en un chalet de 200 metros con jardín y con la desescalada llegaron los VIPS que exhibían el lujo de poder bailar sin mascarilla pagándose pruebas PCR antes de sus fiestas. También los que, directamente, montaban por el módico precio de 40.000 euros fiestas privadas en villas de Ibiza mientras las discotecas estaban cerradas. Ahora, cuando la segunda oleada amenaza nuestra estabilidad mental y la afrontamos más decaídos, se acumulan las denuncias por tratos de favor a las élites mientras se piden más sacrificios y responsabilidad moral al resto de ciudadanos.

Esas costuras se vislumbran también a menor escala, porque tampoco hace falta huir a una isla desierta para marcar la diferencia. Desde mediados de octubre los bares de Catalunya están cerrados por decreto, pero eso no evitó que en la previa a la imposición del toque de queda se ofertasen propuestas de ocio alternativas a través de listas personalizadas por WhatsApp. «?PLAN DE FIN DE SEMANA CON AMIGOS!! Disfruta de unas copas ? en el HOTEL 54 BARCELONETA este fin de semana, reservando habitación y podrás subir a la terraza con nuestras increíbles vistas?!! La habitación puede ser de hasta 6 personas, paga 50€ por la habitación y 50€ por incluir las bebidas que tú quieras!». Las barras de bar de entrada libre y gratuita estarían cerradas para socializar, pero bastaba contar con 100 euros de base para montarse una barra privada en la terraza de un hotel. Hecha la ley, hecha la trampa. Nada que una cartera con billetes no pueda solucionar.

«Un doble rasero impactante»

Los estadounidenses tienen prohibido la entrada, salvo excepciones, a algunos países de Europa desde verano, pero eso no impidió que Kylie Jenner colgase unas fotos vacacionales desde París y sus seguidores la reprendieran por ello: «Tienes esta enorme plataforma y en lugar de promover el distanciamiento social y adherirte a las leyes y regulaciones establecidas para la SEGURIDAD de todos en una PANDEMIA GLOBAL, en lugar de eso, haces alarde de tus viajes internacionales cuando la gente ni siquiera puede ver a familiares enfermos durante esta crisis. Estás avergonzándote a ti misma», le espetó una seguidora y su comentario se ganó casi 3.000 me gusta. Brad Pitt también se relajó en agosto en su chateaux francés junto a su nuevo ligue: «¿Cómo ha podido saltarse la prohibición para una escapada romántica?», se preguntaban en FranceR24.«¿El viaje de Pitt significa que alguien con su riqueza y fama puede eludir las restricciones de viaje? ¿O su equipo encontró una laguna legal legítima?», indagaban en el texto. No son los únicos que han levantado quejas.

En Australia hasta los políticos cuestionaron públicamente que Tom Hanks no pasara la cuarentena obligatoria en las instalaciones que requiere el gobierno a los recién llegados y la pasara, directamente, en un hotel de lujo en su retorno al rodaje del biopic de Elvis.«El doble rasero es impactante: no debería ser de una forma para los personajes importantes y las celebridades y otra para todos los demás», dijo el líder de la oposición y miembro de la asamblea de Queensland, Deb Frecklington, al Sydney Morning Herald sobre el caso Hanks. «Todos los días, los australianos no pueden elegir dónde se ponen en cuarentena, ni tampoco las celebridades», apostilló. Este y otros fenómenos de los vacíos legales de los famosos y poderosos que viajan a sitios prohibidos lo recogía el Washington Post hace unos días, donde destacaba en un reportaje el aumento de alquileres de jets privados y de empresas de lujo para poder moverse por el mundo sin apenas restricciones.

Según recogía Brad Japhe en el Post, existen «empresas de gestión de destinos» que ayudan a poner en regla la documentación de trabajo esencial para la entrada a países cuyas fronteras están cerradas a los que viajan como turistas, siempre que se puedan desembolsar algunas decenas de miles de dólares por la gestión. El negocio de alquiler de jets privados premium ha aumentado en EEUU desde la pandemia. En España, Cinco Días informaba de que la compañía de jets privados GestAir cerrará su ejercicio en números negros y mantiene «un optimismo inusual entre las aerolíneas» ante la bajada del turismo.

En el prólogo actualizado del recientemente traducido Un Paraíso en el infierno (Capitán Swing, 2020), Rebecca Solnit sostiene que los desastres son «cursos intensivos de identificación de conexiones». Que es en los momentos de grandes cambios, como el que estamos viviendo con el coronavirus, cuando observamos con renovada lucidez los sistemas –políticos, económicos, sociales, ecológicos– y es ahí donde somos plenamente conscientes de todo más que nunca. «Vemos lo que es fuerte y vemos lo que es débil», escribe. Tan evidente como una foto de Instagram de la influencer de turno llegando donde el resto, especialmente ahora, sabe que ya no podrá.

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