_
_
_
_
_

Carmelo Gómez: «No me gusta ponerme ropa de segunda mano; me da mal rollo»

Asegura que empeñarse en estrenar algo cada dos por tres es el reflejo de un plan de vida equivocado. Pero el actor no renuncia a la moda: pocas prendas, pero bien escogidas.

Carmelo Gómez

Apunto de regresar a las tablas con Elling, dirigida por Andrés Lima, y de estrenar película (Silencio en la nieve, de Gerardo Herrero), Carmelo Gómez hace un alto en el camino para hablar de la ropa que tiene en su armario. Dice que le gustan las prendas gastadas, que nunca se compra nada de segunda mano y que conserva algo del vestuario de todas sus producciones… menos de una.

¿Usa su propia ropa sobre el escenario o delante de la cámara?

No, supongo que porque suelo interpretar a tipos bien vestidos… En serio, lo que me gusta es quedarme con cosas que haya usado en el rodaje.

¿Las usa?

Claro. Lo que más, una chupa de cuero que llevaba en Territorio comanche, donde interpretaba a un reportero de guerra. Era una cazadora preciosa, pero estaba muy nueva y hubo que envejecerla por las malas. Tendrías que haberme visto, frotándola contra todas las paredes de Sarajevo. Aún resiste. Me la sigo poniendo mucho.

Entonces, ¿le gusta la ropa vieja?

Sí, pero envejecida por mí. Quiero decir que no soy de los que van por las tiendas vintage buscando piezas únicas. Si alguien se ha deshecho de un abrigo precioso… por algo será. Es como echarse encima el karma de otro.

¿Tiene muchas prendas?

Solo las que necesito. Mi armario está lleno de ropa de hace siglos. Muchas de mis camisetas tienen agujeros de polilla y las sigo llevando.

Bueno, pues hablemos de lo que no tiene polilla. ¿Con qué se siente más favorecido?

Con un jersey de cuello alto.

¿Negro?

Ahora me ha dado por el granate y el verde. Tengo una amiga que es personal shopper y me ha introducido en el mundo de los colores. Aún así me encanta el negro.

Para una ocasión especial…

Traje negro y camisa blanca. Con eso se acierta siempre. Para los chicos es lo más resultón. En las mujeres es distinto: pueden ponerse barbaridades y estar espléndidas. Nosotros, mejor no arriesgar.

Cuando trabaja, ¿es de los que se deja hacer por el estilista o de los que discute?

Me gusta estar de acuerdo con lo que voy a llevar puesto. Si tengo que ponerme un sombrero –que por cierto me quedan fatal–, me lo pongo, pero tengo que entender porqué.

¿Qué es lo más raro que se ha puesto trabajando?

En Elling interpreto a un personaje que se pasa toda la función en pijama.

¿Con qué se quita el frío?

Hago senderismo. Tengo mucha ropa térmica. Ahora acabo de volver de Lituania, donde rodé Silencio en la nieve y me hice con unas prendas de abrigo muy buenas. Gracias a una cazadora de plumas de ganso he descubierto el placer de tomar una copa en una terraza a 15 grados bajo cero.

¿Qué es lo más especial que hay en su armario?

Dos cosas: una rebeca que no sé de quién es y una bufanda verde y amarilla que  siempre irá conmigo adonde yo vaya.

¿Hay alguna prenda que le hubiese gustado poseer y que se le escapó?

La camisa que llevaba mi personaje en La cena, blanca, con encajes y chorreras. Josep María Flotats no dejó que me la quedara.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_