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Alma Jodorowsky: «No sé si quiero ser muy famosa»

Éste será su año: la nieta del director de El topo, Alejandro Jodorowsky es el nuevo rostro de Lancome y estrena película junto a Cara Delevingne.

Alma Jodorowsky

Tal vez sea una etapa, pero le ha dado fuerte. Alma Jodorowsky reniega del eco de su apellido. «No conozco bien a mi abuelo, nunca hemos tenido mucha relación, ni hemos estado demasiado unidos», confiesa la actriz sobre el singular artista Alejandro Jodorowsky. Pero algunos lazos familiares son difíciles de romper. La parisina comparte nombre propio con uno de los personajes de Santa Sangre (1989), uno de los filmes más conocidos del chileno.

El arte corre por sus venas. Su madre (Valérie Crouzet) y su padre (Brontis Jodorowsky, que debutó en el cine cuando era un niño con El Topo, 1970) son célebres intérpretes de teatro. Y de eso, Alma no abjura. «El arte dramático es multidisciplinar: abre puertas a otros mundos. Me apasiona el arte. Me emociona y motiva; lo mío es crear», insiste sentada, pero tensa y con la espalda erguida, en un sillón del Grand Hotel Royal de París. Sobre el papel, Alma, de 23 años, tiene el currículo de una mujer renacentista (curiosamente, casi como el de su abuelo). Actriz de cine y teatro, cantante y letrista de Burning Peacocks, DJ, musa de Karl Lagerfeld y modelo (Opening Ceremony, Lancôme…). «La música es mi pasión, me atrae desde niña. Al principio no me la tomaba en serio. Cuando empecé a tocar con David [Baudart, guitarrista de su grupo] quería divertirme. La cosa cambió cuando Choke Industry [su sello] mostró interés en editarnos. El EP ha funcionado y vamos a grabar un disco», anuncia.

Excentricidad a raya. Es realmente guapa: facciones armoniosas, labios bien trazados, melena hasta los hombros, cejas gruesas. Viste una camisa, una minifalda y botas de tacón. «Mi década favorita son los 60. Es un periodo de reivindicación. Supuso un punto y aparte: fue entonces cuando las mujeres empezaron a expresar su personalidad a través de la vestimenta».

Su discurso es predecible; no arriesga. Apuesta por la contención. Tal vez sea una estrategia para distanciarse de las extravagancias de su familia, creadora de la psicomagia, una especie de psicoterapia basada en el poder curativo del inconsciente. «He crecido entre artistas e iconoclastas. Siempre me he sentido apoyada», asegura.

Getty Images

Junto a su progenitora está adaptando al teatro Los diarios de Adam y Eva de Mark Twain. «Es la primera vez que trabajamos juntas. La obra se representará pronto en París». Tiene toda la pinta: 2015 será su año. Si las quinielas se cumplen, Kids in Love (sin fecha de estreno) la promocionará más aún. Jodorowsky protagoniza esta cinta sobre jóvenes ricachones que salen, se drogan y se enamoran en Londres. ¿El gancho? Comparte pantalla con Cara Delevingne, la it top del momento. «Es divertida y de vez en cuando le da por hacer payasadas, pero cuando trabaja se centra», admite Alma. Otro gancho es el actor Sebastian de Souza, de la serie Skins. «Los técnicos y los realizadores también eran jóvenes. Nos hicimos amigos. El presupuesto era pequeño, pero fue lo de menos. Íbamos todos a una, todos queríamos que fuera un éxito», cuenta. Y añade: «Lo más divertido fue rodar en Notting Hill, durante el carnaval. Nos mezclamos y bailamos con la gente, a veces ni sabíamos que nos estaban grabando».

También tuvo unos minutos de gloria en La vida de Adèle, Palma de Oro en Cannes 2013. «Fue un papel pequeño, pero intenso. El tema no es el lesbianismo, sino el amor. Pero al retratar la relación entre dos chicas, generó debate. El filme no pretendía defender una causa. Pero sirvió para luchar por los derechos de los gays».

Es muy expresiva. Concentra las emociones en la mirada. Si algo no le gusta, frunce el ceño y si algo le divierte, lo destensa. Recuerda a Anna Karina, la musa de Jean Luc-Godard. Aunque le falta el flequillo. «Lo he llevado y, aunque me apetece cortármelo, me contengo. Como actriz, prefiero un corte neutro que no condicione el personaje». No sorprende su nuevo cargo como embajadora de Lancôme, la marca francesa por antonomasia. «A mí, sí. Esta colaboración ha sido una inyección de ego. La mayoría de sus imágenes son actrices más conocidas que yo. Mi favorita es Penélope Cruz y no lo digo porque esté charlando con una española… Su registro es amplio». El matrimonio de conveniencia funciona en los dos sentidos. A Alma le proporciona visibilidad y a Lancôme, la rejuvenece y afrancesa aún más. «Estudié tres meses en la Film Academy de Nueva York, me gustó, pero me quedo con París. Siempre hay rincones y tiendas por descubrir. Vivo cerca del Canal Saint Martin, por donde me encanta pasear los domingos cuando cierra al tráfico». El retrato de la perfecta parisina se completa con referentes. «Adoro a Françoise Dorléac. Es una actriz emblemática. Sus películas establecieron los códigos de lo que para mí es la feminidad».

En Francia, se ha ganado el título de prescriptora, es una de sus it girls. ¿Y si su influencia se extiende a otros países? «No sé si quiero ser tan famosa. No es mi meta. Y tras ver el acoso de la prensa a Cara, menos. Los paparazzi están atentos a sus meteduras de pata y no la dejan respirar. Pero no se puede escupir en la mano de la prensa. Nos da de comer. Contentarla es parte de mi trabajo».

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