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Carmen Maura: «Cuando yo empecé era una tragedia que una chica quisiera ser actriz»

A pesar del coste vital que ha tenido para Maura ser actriz y de que en casa le dijeron que “era muy vieja para empezar”, cuatro Goyas, un César, un premio a mejor actriz del Festival de Cannes y 40 años después sigue trabajando.

Carmen Maura con abrigo de leopardo de 
Tot-Hom y anillo y pendientes de Joaquín Berao.
Carmen Maura con abrigo de leopardo de Tot-Hom y anillo y pendientes de Joaquín Berao.PABLO ZAMORA
Raquel Peláez

A Carmen Maura (Madrid, 75 años) no le impresiona que la consideren una leyenda. “Es que yo paso total”, contesta con aire efectivamente pasota. Porque Maura, además de un mito del cine español, es una estrella en Francia, país donde ha residido largas temporadas “aunque hace casi tres años que no voy a mi apartamento de París. Entre la pandemia y los rodajes…”, cuenta con resignación mientras pasea por Madrid a su perra, Rita. Decía la periodista cultural Paula Ponga en un momento de ¡Ay, Carmen!, el exhaustivo y emocionante documental sobre la actriz dirigido por Fernando Méndez-Leite en 2020 –en el que se ve ese pequeño ático parisino al que la actriz no ha podido regresar últimamente­– que lo que más le llamó la atención de Carmen Maura al acercarse a su figura para escribir su biografía fue darse cuenta de hasta qué punto “fue pionera sin ser una mujer discursiva. Fue increíble su capacidad para sortear el destino de mujer convencional que la vida le tenía preparado”.

Es cierto que Maura se propuso ser actriz en un momento en el que eso era para una mujer un auténtico problema de honor, sobre todo en su caso, que pertenecía a una familia “bien”, regentaba una galería de arte, estaba casada y tenía dos hijos, de los que le quitaron la custodia al separarse precisamente porque se suponía que no tenía una profesión suficientemente “honorable”. Quizá, como ella misma cuenta a S Moda, fue esta situación personal la que le hizo desacralizar su profesión y tomársela como un juego “que es lo que sigue siendo para mí. Un juego, ni más ni menos. Y es lo que intento transmitirle a las chicas jóvenes con las que trabajo: que no se asusten, que no hay para tanto, que leer unas líneas no es ningún drama. Cuando yo empecé a hacerlo tenía problemas muchísimo más grandes de los que ocuparme”.

Esa despreocupación con respecto a la profesión fue la que la llevó a gestionar personalmente y sin agentes su carrera durante 20 años: “Creo que fue una buena decisión. Si hubiese tenido a alguien asesorándome probablemente me hubiesen recomendado que pasara de Almodóvar, al que entonces se consideraba un loco. Yo tenía una carrera en el teatro y eso era lo que entonces se consideraba prestigioso. Pero aposté por él porque quise y no me equivoqué”. Ironías de la vida, es justo la percepción pública de la profesión que lleva ejerciendo toda una vida lo que más le llama la atención si piensa en las nuevas generaciones con las que trabaja: “Entonces era una tragedia que una chica quisiera ser actriz y ahora a muchas sus padres poco menos que las empujan a serlo”. Maura, quien ha pasado por fases emocionalmente muy complicadas en su vida (su segundo divorcio, de un hombre que había estado haciendo una gestión fraudulenta de su patrimonio -o lo que es lo mismo, le robó-) habla sin ambages del tema más cadente del verano, el de cuidar la salud mental en el ámbito profesional, dice que a pesar de todo jamás ha querido acudir a la ayuda de profesionales: «Yo misma soy mi terapeuta. Yo misma me hago mis terapias: me escribo listas de pros y contras». ¿Y baraja la posibilidad de vender su método? «Es una buena idea», dice entre risas, «Quizá debería patentar el método Carmen Maura». 

 Pero a pesar del coste vital que ha tenido para Maura la decisión que tomó y de que en casa le dijeron que “era muy vieja para empezar”, cuatro Goyas, un César, un premio a mejor actriz del Festival de Cannes y 40 años después sigue trabajando. “A estas alturas de mi vida lo que sí me gustaría es tener que trabajar menos, eso sí. Trabajo demasiado. Menos mal que esta etapa me coge ya totalmente tranquila y en paz”. 

* Estilista: Beatriz Moreno de la Cova. Maquillaje y peluquería: Miky Vallés para Mac Cosmetics y Bobbi Brown. Asistente de fotografía: Sergio Gosalbez. Asistente de estilismo: Diego Serna.

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Sobre la firma

Raquel Peláez
Licenciada en periodismo por la USC y Master en marketing por el London College of Communication, está especializada en temas de consumo, cultura de masas y antropología urbana. Subdirectora de S Moda, ha sido redactora jefa de la web de Vanity Fair. Comenzó en cabeceras regionales como Diario de León o La Voz de Galicia.

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