CONVERSACIONES A LA CONTRA

Fernando Arrabal: “España sigue pensando que soy un golfo”

Superviviente de una generación de gigantes como Ionesco, Beckett, Duchamp y fundador del grupo de surrealistas Pánico con Topor y Jodorowsky, el escritor y pintor nos recibe en su casa de París y niega ser un provocador

Arrabal (y sus eternas dobles gafas), en su casa del distrito XVII de París.
Arrabal (y sus eternas dobles gafas), en su casa del distrito XVII de París.ERIC HADJ

Dramaturgo, novelista, poeta, pintor, cineasta y superviviente de una generación de gigantes intelectuales —Ionesco, Beckett, Duchamp, Dalí...—, Fernando Arrabal (Melilla, 89 años) frecuentó a los surrealistas y fundó con Topor y Jodorowsky el Grupo Pánico en 1962. El autor de Cementerio de automóviles recibe en su piso/museo/santuario de París, donde lleva viviendo desde 1955. Mira a España de lejos, pero es furiosamente ibérico.

Pregunta. ¿Cómo está Arrabal?

Respuesta. Tengo 89 años y desgraciadamente tengo un apetito desaforado, como siempre. Escribo más que nunca y pinto una barbaridad. Es una cosa de familia.

P. ¿Cuáles son sus sueños? ¿Todavía tiene?

R. ¡Sí, claroooo!

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P. Según a qué hora de la vida ya se suelen tener pocos…

R. Los primeros sueños que tuve los anoté en mi libro La piedra de la locura. André Breton los leyó en público y dijo que yo era el Baudelaire español. Lo cual me incitó a leer a Baudelaire. Y sigo igual, cuando tengo sueños los anoto. Anoto todo. No soy un gran escritor ni nada de eso, pero sí soy el escritor del mundo que más libros tiene, libros comerciales y no hablemos de los de bibliofilia, dos mil y pico. Pero nunca especulé con eso. Tendría que haber especulado, para ser un poquito más rico.

P. Hombre, mal no le ha ido.

R. Mira: esta casa desborda, yo necesito todo esto [mira alrededor y señala la Babilonia de objetos, papeles, cuadros, volúmenes, esculturas africanas…], necesito verlo, tocarlo. Y en esta mesa hago los cuadros y aquí los termino.

No creo que se pueda ni imaginar que un día me den el Cervantes

P. “Todos me consideran erróneamente un escritor”. Eso lo escribió un escritor. Usted.

R. Sí.

P. Pero es que lo es. Un escritor al que muchos hemos leído y disfrutado.

R. Muchas gracias de verdad, porque no es fácil estar conmigo. Muchos dicen que soy un provocador, que soy una cosa rara.

P. Igual se le ha interpretado de forma errónea. A lo peor sigue siendo aquel invitado que se emborrachó en el programa de televisión de Sánchez Dragó. Es injusto.

R. ¡No solo se me ha interpretado mal en España! Bueno, en España peor. Dicen “Arrabal, el provocador”. Pero yo odio la provocación.

P. Le iban a hacer una gran exposición en la Biblioteca Nacional y al final no se hizo, ¿por qué?

R. No tiene importancia.

P. Sí que la tiene.

R. No, no la tiene. Estarán esperando a que me muera.

P. ¿Por qué cree usted que no le conceden el Premio Cervantes?

R. Porque España siempre ha pensado y sigue pensando que solo soy un golfo. ¡Pero en cambio sí que me suelen llamar los del Princesa de Asturias porque se lo quieren dar a Kundera y a ver si yo les puedo poner en contacto con él! ¡A mí! ¡Me llaman a mí! No creo que se pueda ni imaginar que un día me den el Cervantes. Ellos creen que solo soy un provocador.

Dicen de mí ‘Arrabal, el provocador’. Y yo odio la provocación

P. ¿Quiénes son ellos?

R. España. España no es la monja que me educó, desde luego.

P. Es usted el superviviente, junto con Kundera, de una época dorada de la intelectualidad, ha conocido a tantos grandes…

R. Aquí venían Beckett, Duchamp, Ionesco, Umberto Eco, Dario Fo, Topor —que es el gran genio de nuestra época—, y conocí en México a Jim Morrison, nos pasamos una noche entera hablando del surrealismo; y cuando estaba en Nueva York me veía con Ginsberg, con Basquiat, con Miller, con Warhol… ¡Yo no sé por qué no se dice que Warhol iba a misa! A todos les fascinaba que yo fuera un hijo de condenado a muerte y que los surrealistas me adoraran. ¿Usted ha leído la carta de Beckett?

P. ¿La que escribió en su defensa cuando le iba a juzgar un tribunal franquista?

R. Sí. Es una carta que demuestra la persona que él era. Bueno, la verdad es que con Beckett no hablábamos casi de nada más que de ajedrez, y jugábamos, claro.

P. Me interesa eso de Warhol. ¿De verdad iba a misa?

R. ¿Cómo que si de verdad? ¡Yo en esta conversación solo he dicho verdades, yo no digo más que verdades! Claro que Warhol iba a misa. Pero yo no iba con él, a pesar de que a mí se me apareció la Virgen. Yo tengo mucho cariño por la Virgen, no es una cosa baladí que haya visto a la Virgen María. Eso lo cuento con todo detalle en La torre herida por el rayo. Es verídico. Es que yo en mis novelas solo cuento cosas verídicas.

P. Habrá invención también, si no, no serían novelas.

R. Quiero decir que no escribo de cosas espectaculares ni de personajes a los que haya que echar de comer aparte.

P. ¿Qué le queda por escribir?

R. Yo tengo que describir un día lo que era el Paraíso visto por aquella monja, la madre Mercedes.

P. Es la monja que le educó en Ciudad Rodrigo, ¿no?

R. Sí. El Paraíso era un juego que nos hacía, dirigía un laberinto en el patio, y los jueves estábamos excitados porque tocaba el laberinto. Tuve mucha suerte con la hermana Mercedes. Yo he tenido mucha suerte con las personas.

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