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Aline Sousa, la recicladora brasileña que puso la banda presidencial a Lula: “El reciclaje tiene raza y género”

De una infancia marcada por el hambre a dirigir una de las mayores centrales de gestión de residuos del mundo, la activista lucha por los derechos de quienes transforman la basura en sustento

Aline Sousa, directora de la Central de Cooperativas de Materiales Reciclables del DF, fotografiada en Brasilia, Brasil, el día 15 de enero de 2025.
Vivien Doherty Luduvice

En una planta de reciclaje de Brasilia, capital de Brasil, el rostro de una mujer negra decora el muro del área de separación de plástico. Es María Carolina de Jesús, autora de Cuarto de despejo, un diario en el que relató su rutina como recogedora de basura en las calles de São Paulo de los cincuenta. El libro fue el más vendido del país durante meses y se convirtió en retrato de la miseria, el abandono del Estado y la capacidad intelectual silenciada por la desigualdad latinoamericana. Hoy, 65 años después de su publicación, Aline Sousa, presidenta de la mayor central de recicladores de Brasil y una de las más grandes del mundo, tiene una frase de ese libro como guía: “La hambruna fue creada por quien no tiene hambre”.

Sousa, de 34 años, conoce el hambre de primera mano. A los ocho, comenzó a trabajar vendiendo dulces en la calle. A los doce, superó su miedo a los caballos y subió por primera vez a una carroza recicladora para acompañar a su abuela. “Salía de la escuela y me aseguraba de que no se lastimara con la basura ni en el tráfico”, recuerda. Juntas recorrían Brasilia recolectando materiales reciclables, principalmente latas de aluminio.

Ahora dirige la Central de Cooperativas de Trabajo de Materiales (CENTCOOP), un espacio de referencia en América Latina fundado en 2006 y que agrupa a 22 cooperativas en un espacio de 76.000 metros cuadrados. Cada año, procesan alrededor de 12.000 toneladas de residuos. Sin embargo, en el Distrito Federal, la zona centro oeste de la ciudad, el 60% del material reciclable recogido por el servicio público se pierde por manejo inadecuado. “Más de 600 toneladas al mes llegan a nuestra planta en condiciones que impiden su recuperación”, explica Sousa. La compactación de residuos mezclados con material orgánico también agrava el problema. Aun así, la recolección puerta a puerta por cooperativas especializadas logra una tasa de reciclaje superior al 80%.

Aline Sousa, directora de la Central de Cooperativas de Materiales Reciclables del DF (CENTCOOP) fotografiada en Brasilia, Brasil, el día 15 de enero de 2025.

Sousa y De Jesús encarnan una realidad que sigue vigente: más del 70% de quienes trabajan con reciclaje de residuos sólidos ―papel, cartón, latas, briks, botellas de plástico, vidrio, y otros residuos como metal, madera o baterías― en Brasil son mujeres y más del 80% son negras, según el Atlas del Reciclaje del país.

“El reciclaje tiene raza y género”, afirma la recogedora. Además, más de 800.000 personas dependen directamente de esta actividad para su sustento y son responsables de dos tercios de los residuos que llegan a la industria recicladora en el país, mientras que la recolección municipal aporta solo un tercio, según la Asociación Brasileña de Residuos (Abrema). En la planta que Aline dirige trabajan más de 1.000 personas, entre ellas su abuela y su madre.

Sousa se ha consolidado como activista y líder femenina, y ha atraído la atención de las autoridades. Su recorrido —que incluye formaciones sobre el medio ambiente, participación en movimientos políticos y el estudio de nuevas tecnologías para gestionar residuos— la ha llevado a sentarse a dialogar con los gobernadores de la ciudad en varias ocasiones. “En Brasil, lo que esperan de los recogedores de basura es el uso de la violencia cuando luchamos por nuestros derechos o mejoría de condiciones”, y es así como ha comprendido que “la diplomacia es para todos y necesita ser transversal”.

Aline Sousa, directora de la Central de Cooperativas de Materiales Reciclables del DF (CENTCOOP) fotografiada en Brasilia, Brasil, el día 15 de enero de 2025.

En Brasil, la Ley de la Política Nacional de Residuos Sólidos reconoce a los recolectores de materiales reciclables como actores clave en la gestión de residuos. La normativa establece, entre otros puntos, metas para la eliminación de vertederos a cielo abierto y la inclusión social y económica de estos trabajadores. Sin embargo, su implementación en los municipios sigue siendo deficiente y la discriminación hacia este grupo persiste, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Con un tono más íntimo, Sousa reconoce la dura realidad que afrontan sus compañeros. Con un sueldo que ronda los 250 euros mensuales, cada jornada representa un desafío constante. “Cuando vuelves a casa y no encuentras a un niño con hambre, a un familiar enfermo o a una vivienda sin techo, es difícil hallar en uno mismo la razón para no ser combativo; quien exige la pacificación lo hace con la panza llena”, lamenta.

El impacto de sus palabras resonó en los altos mandos del país. En 2021, poco antes de iniciar su campaña electoral, el presidente brasileño Lula da Silva recorrió el país para reconectar no solo con sus votantes, sino también con los movimientos sociales organizados. Brasilia, su hogar durante dos mandatos anteriores, se convirtió en uno de esos escenarios. En la cinta de separación, donde los camiones despejan la basura, Sousa recuerda: “Lula ha estado aquí, mano a mano con nuestros trabajadores, durante una jornada”.

Sousa aprovechó la pausa para el café y, en un momento de desesperación, le pidió personalmente a Lula que intercediera ante el gobernador de la ciudad para evitar el pago de impuestos del terreno durante la pandemia. Admitió que esa solicitud se realizó por la urgente necesidad de auxilio, ya que las familias de los colectores enfrentaban serias dificultades financieras. “Creo que con una llamada lo logró, y pensé: ‘No volveré a ver a este hombre en mi vida”. Ese día marcó un antes y un después en su lucha.

Las elecciones de 2022 en Brasil se disputaron hasta los últimos momentos. Con un 51% de los votos, Silva derrotó a su predecesor, Jair Bolsonaro. Tradicionalmente, el presidente saliente entrega la banda presidencial al sucesor como símbolo de la transición democrática, sin embargo, Bolsonaro cuestionó el resultado y, en protesta, se negó a participar en la ceremonia. En 2025, una investigación de la Procuraduría Federal brasileña reveló que, en ese momento, el ultraderechista planeaba un golpe de Estado. Sin un nombre definido para el evento, el equipo liderado por la actual primera dama, Janja da Silva, optó por un acto sin precedentes: la banda se entregaría por las manos del pueblo.

Siete personas acompañaron al presidente por la rampa del palacio presidencial: un líder indígena, un metalúrgico, un profesor, una cocinera, un niño, una persona con discapacidad y una mujer negra de trenzas que lucía una camiseta del Movimiento Nacional de Recicladores de Brasil que le entregó la banda. Esa mujer era Sousa.

Aline Sousa, directora de la Central de Cooperativas de Materiales Reciclables del DF (CENTCOOP) fotografiada en Brasilia, Brasil, el día 15 de enero de 2025.

Días antes de la toma de posesión, el fotógrafo personal de Lula, Ricardo Stuckert, la invitó en secreto. “Me llamó y me pidió discreción, pero se lo conté a mi madre de inmediato”, cuenta. “Hasta el último momento intentaron impedírmelo por amenazas de atentado, pero yo decía: si subo y pasa algo, me tiro delante de él; aquel día quería representar a la democracia”, añade.

Tras la ceremonia, su imagen recorrió los principales portales de noticias. “Me imagino que, desde María Carolina de Jesús, no había habido otra recicladora negra que diera tantas entrevistas”, comenta entre risas. Pero la euforia duró poco. El 8 de enero de 2022 quedó marcado por el asalto al Congreso de Brasil por seguidores de Bolsonaro. Aline recibió amenazas en su barrio y en redes sociales. “Me escondí porque sentía que debía proteger a mi familia”, confiesa.

Dentro de la planta de reciclaje, los recuerdos de ese día no se esconden. Una foto enmarcada refleja la satisfacción por representar a un colectivo, muchas veces olvidado. María de Lourdes de Sousa es, a sus 80 años, la recicladora en activo más veterana de toda la capital brasileña, y entre los trabajadores es cariñosamente conocida como “la abuela”. La mujer recuerda el día de la toma de poder de Lula, se vio en Aline. “Subí al cielo y volví”, lo cuenta abrazando a la mujer que, pese a compartir apellido, no es su pariente.

El reciclaje ha dado independencia a las mujeres de la familia la mujer y su hermana, por ejemplo, fue la primera presidenta de una asociación de recicladores en Brasilia. “Si estoy donde estoy, es por su ejemplo”, reconoce. Pero su tono se endurece cuando le preguntan si alguno de sus siete hijos trabaja en la planta. “A veces, cuando se quejan, me entran ganas de traerlos para que vean el esfuerzo”. Pero añade: “Nadie desea que un hijo se encuentre, mezclado con su objeto de trabajo, restos de comida, elementos escatológicos, piel humana o de animales”.

Aline Sousa, directora de la Central de Cooperativas de Materiales Reciclables del DF (CENTCOOP) fotografiada en Brasilia, Brasil, el día 15 de enero de 2025.

En Brasil, solo el 8% de los residuos sólidos son reciclados, y cuando llegan a las plantas de reciclaje, apenas el 50% puede ser procesado debido a la contaminación orgánica, según la Abrema. Para Sousa, los residuos orgánicos son clave para garantizar la salubridad y seguridad de los recolectores. Este principio guía su labor al frente a la central: “Cuando entendí que solucionando la basura orgánica, solucionaría los residuos sólidos, comprendí la clave de mi trabajo”, afirma desde su despacho, rodeada de trofeos y recuerdos de sus viajes. Gracias a su gestión, más de la mitad de los barrios de Brasilia, una ciudad de tres millones de habitantes, cuentan ahora con recolección selectiva, además de un sistema para recoger los residuos de las ferias de toda la ciudad.

Sousa dejará el cargo en el primer semestre de 2025. Al preguntarle por los dos logros que considera más importantes, responde con humildad: “La guardería y la cocina comunitaria [de la central]”. Ambas iniciativas están profundamente vinculadas a su propia vida, ya que, como ella misma reflexiona, “son la oportunidad que me hubiera gustado tener para que los padres y madres puedan trabajar tranquilos, sabiendo que sus hijos están bien cuidados y alimentados”.

Estos logros no solo abordan necesidades inmediatas, sino que también reflejan una lección compartida con Carolina María de Jesús, que decía: “El hambre es maestra”. De esa lección, Aline asegura que lo único que enseña el hambre es que “los libros son profesores más dignos”.

Tendencias es un proyecto de EL PAÍS, con el que el diario aspira a abrir una conversación permanente sobre los grandes retos de futuro que afronta nuestra sociedad. La iniciativa está patrocinada por Abertis, Enagás, EY, GroupM, Iberdrola, Iberia, Mapfre, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Redeia, y Santander y el partner estratégico Oliver Wyman.

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Sobre la firma

Vivien Doherty Luduvice
Periodista en la sección de Vídeo. Comenzó su carrera en cadenas de televisión brasileñas, donde cubrió temas de política, género y derechos humanos. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Brasilia y máster en Periodismo UAM- EL PAÍS.
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