Francisco Igea, el verso libre de Ciudadanos

El vicepresidente de Castilla y León, que sopesa disputar la presidencia del partido a Inés Arrimadas, acumula una trayectoria vital de batallas

El vicepresidente de Castilla y León , Francisco Igea.
El vicepresidente de Castilla y León , Francisco Igea.NACHO GALLEGO / EFE

“En la vida yo he hecho dos cosas: ser médico digestivo y presentarme a primarias”. Francisco Igea reconoce con sorna su singular afición por competir a contracorriente. Si al final termina postulándose contra Inés Arrimadas por el liderazgo de Ciudadanos en el congreso del próximo marzo, el vicepresidente de Castilla y León estaría protagonizando sus terceras elecciones primarias en un partido, siempre como el candidato crítico. Las primeras las disputó —y perdió— en UPyD, en 2014, y las segundas las ganó en Cs después de perderlas, tras destapar un presunto pucherazo que aún no se ha resuelto, orquestado para darle la victoria a su rival, la exdirigente del PP Silvia Clemente. “Siempre he sido el candidato no oficial. Es mi condición”, se resigna el cabecilla del sector crítico de Cs, que sopesa ahora si librar la tercera batalla contra el aparato enfrentándose a Arrimadas. En algo sí ha conseguido ser oficialista: ostenta el título de verso suelto oficial de Cs.

En un partido tan centralista y jerárquico como Ciudadanos, donde durante casi 14 años Albert Rivera ejerció un liderazgo carismático sin que nadie se atreviera a toserle, los continuos desafíos de este médico vallisoletano de 55 años alérgico a la obediencia han caído como una maldición. El primero, y el más sonado, fue su decisión de presentarse contra el criterio de Rivera en las primarias a la candidatura de Cs para la presidencia de Castilla y León. Igea se postuló contra el flamante fichaje de Rivera, Silvia Clemente, presidenta de las Cortes regionales y del PP. La disputa terminó con un presunto pucherazo que ahora investiga la justicia y que sumió al partido en su primera gran crisis. “Aquello fue lo más jodido que he pasado en mi vida, después de la muerte de mi padre. Nunca he sido muy ingenuo, pero se me cayeron los palos del sombrajo”, relata Igea.

Unos militantes de Burgos descubrieron el pastel. “Estábamos celebrando la derrota casi 80 personas en el restaurante Los Zagales, en Valladolid, cuando nos empezaron a llegar mensajes de unos afiliados: ‘Oye, que hemos descargado del sistema los certificados de los votos y están todos extrañamente ordenados a partir de las dos de la mañana”, recuerda Igea. Tras el análisis, descubrieron un patrón que revelaba que alguien había introducido irregularmente apoyos a Clemente. “Era lo que parecía: un pucherazo”. El verso libre terminó proclamado vencedor de las primarias, no sin antes haber enviado al secretario general, José Manuel Villegas, una copia de la denuncia que tenía preparada para presentar en el juzgado en caso de que no revirtieran los resultados. “Lo hicimos para evitar que se equivocaran”, alega. No fue su última insubordinación.

El presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, del PP, le debe mucho a José María Espejo, dirigente histórico de Cs a quien Rivera encargó negociar todos los pactos territoriales tras las elecciones de mayo. De no haber sido por Espejo, Mañueco no sería hoy presidente, porque Igea hizo lo posible, en contra del criterio de la cúpula de su partido, por pactar con el PSOE el Gobierno regional. Al final acabó aceptando el acuerdo con el PP al que se había opuesto, y hoy es vicepresidente de Mañueco. “Es una persona compleja”, le describen en el PP. “Es muy cabezón, y muy recio, de firmes convicciones”, apuntan fuentes del Gobierno castellanoleonés, que sin embargo transmiten que Mañueco y él ya han logrado entenderse, y la relación ahora es fluida.

Los detractores de Igea en Ciudadanos sostienen que sigue maniobrando para romper el Gobierno regional y pactar con el PSOE. Él lo ha negado en público y ha comunicado a su presidente que esté tranquilo, que pase lo que pase en Ciudadanos, el pacto está a salvo. Sus enemigos en el partido desconfían. “Es un liante, producto de UPyD. En cuanto hubo ocasión de liarla, la lió. La gente de UPyD lo lleva dentro. Cuando absorbimos al partido de Rosa Díez éramos conscientes de la cultura política de la conspiración que traían”, cuenta un exdirigente del entorno de Rivera. En UPyD, Igea también ejerció de voz discrepante, defendiendo la fusión con Cs a la que se negaba Rosa Díez. “Es el Quijote que se enfrenta a los molinos. Ha recibido golpes por ser honesto”, le defiende otro de los críticos de Cs.

Su personalidad algo díscola también se manifestó en su etapa anterior a la política, en la que en realidad ha sido su profesión durante dos décadas: médico especialista en digestivo y endoscopias. “Me dedicaba a la fontanería con bastante éxito”, ironiza. En el Hospital Río Carrión de Palencia todo el mundo conoce al doctor Igea, que saltó a los periódicos por su batalla con el gerente del centro para impedir recortes en la plantilla, que coronó con una huelga a la japonesa. Se encerró 12 días en el centro, haciendo endoscopias mañana y tarde, sin salir ni para dormir. Terminó dimitiendo como jefe de servicio en 2013 tras ser expedientado sin haber logrado su propósito. No se arrepiente. “Como le decía mi madre a mi abuelo: los Igea habéis venido al mundo a poner a la gente en su sitio”, se jacta.

En la prensa regional, Igea sigue acaparando hoy portadas, con un protagonismo inusitado. Un periodista de la Cadena SER describió el fenómeno así en un día encapotado: “Hoy llueve en toda Castilla y León. Hay muchos charcos: si miran bien, en alguno estará el vicepresidente”.

Un líder estudiantil “liberal” con su amigo Garicano

Francisco Igea llegó a Ciudadanos procedente de UPyD de la mano de su amigo Luis Garicano, ahora jefe de la delegación europea de Cs, cuando este se convirtió en el secretario de programas del partido. Su estrecha amistad se remonta a la época universitaria, en la que ambos fueron a la vez delegados estudiantiles en la Universidad de Valladolid: Igea de la Facultad de Medicina, y Garicano de la de Económicas. “Éramos los dos únicos delegados no comunistas de todo el distrito universitario y nos hicimos amigos”, rememora el vicepresidente castellanoleonés. Aún como líderes estudiantiles algo más conservadores, cortaron carreteras y recibieron palos de la policía.

En la facultad, los compañeros de Igea lo recuerdan como un "líder" que dirigía las asambleas. Fue un estudiante combativo pero nunca fue de izquierdas, sino "de centro, más bien liberal". Su abuelo fue presidente de Acción Popular en Valladolid. En Ciudadanos, no obstante, ha integrado el sector socioliberal, más partidario a pactar con el PSOE. La familia se ha dedicado sobre todo a la medicina: es nieto, hijo y padre de médicos.
Igea reconoce que su carácter "no es muy fácil". El pasado diciembre fue absuelto de un juicio por amenazas tras una denuncia de un militante de Cs, a quien se enfrentó durante las primarias contra Silvia Clemente. "Le mandé a tomar por culo, sí, pero eso no es un delito", defiende.

La amistad de Igea con Garicano sitúa al eurodiputado en una posición incómoda si su amigo decide al final postularse contra Inés Arrimadas. Garicano ha respaldado a la portavoz como líder, y trata de mantenerse al margen del debate interno para el congreso. En las primarias que enfrentaron a Igea contra Silvia Clemente, Garicano sí se implicó: juntos recorrieron la comunidad celebrando actos con la militancia, lo que profundizó la distancia de Garicano con Albert Rivera. Los dos participaron después en la rebelión interna para intentar que Cs levantara el veto al PSOE.

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