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Cuando nieva sin nevar: la cencellada

Con tiempo anticiclónico, niebla densa y temperaturas muy bajas se produce un fenómeno meteorológico que deja paisajes que parecen nevados

Nieve
Valladolid, con -4 grados y cencellada el pasado 12 de enero. MeteoPucela

- Mira mamá, ¡nieve!
- No es nieve, cariño, si no ha llovido...
- Y, entonces, ¿cómo es que hay nieve?

El robusto y tozudo anticiclón que abrazó la Península días antes de Navidad y que, con pequeños matices, se ha mantenido hasta el pasado martes, ha dejado imágenes curiosas más allá de la boina de contaminación de Madrid y otras grandes ciudades, también propiciadas por la atmósfera estable y la ausencia de lluvias y de viento. Desde el 22 de diciembre, pero sobre todo la semana pasada y hasta este martes, cuando se levantó la niebla y empezaron a subir las temperaturas, se ha podido ver en amplias zonas del interior peninsular campos nevados y coches y aceras completamente blancos sin que hubiera nevado, especialmente en los valles de Ebro y del Duero.

Muchos aficionados al tiempo han compartido imágenes muy bellas, que han dado pie a debates sobre la naturaleza de este extraño fenómeno, que en meteorología se denomina cencellada, también llamada cencella o cenceñada, según recoge el físico José Miguel Viñas en su recién publicado Diccionario Ilustrado del Tiempo y el Clima. Tanto se ha hablado de ella estos días que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha revisado y ampliado la entrada que le dedican en su Meteoglosario.

"Es uno de los meteoros (fenómenos atmosféricos) más llamativos", describe Rubén del Campo, experto en nubes y portavoz de la Aemet. Su formación obedece a la presencia de niebla engelante, un tipo de niebla que se produce con temperaturas muy bajas. "Es una niebla aparentemente normal, formada por gotitas muy pequeñas de agua, pero que se encuentran en estado de subfusión, es decir, en estado líquido a pesar de estar por debajo de cero grados", explica.

Estas gotitas, en el mismo instante en el que chocan contra un objeto duro o una zona muy fría, desde una farola, al suelo, una pared, un árbol o una señal de tráfico, se congelan y se quedan adheridas a la superficie. Detrás de esas gotitas vienen otras que se vuelven a congelar y a adherir, de forma que se crea una costra o depósito de hielo, la cencellada. Aunque ambos son términos muy relacionados, no son sinónimos: la niebla engelante es la causa; la cencellada, el efecto.

Pero eso es escarcha de toda la vida, pueden replicar. Pues no: ambos fenómenos se diferencian en que en la escarcha se pasa directamente del estado de vapor de agua al estado sólido. "La escarcha son cristalitos de hielo que se forman a partir del vapor atmosférico y el que emiten las plantas en su respiración, junto con las bajas temperaturas", indica Del Campo.

En su diccionario, Viñas añade que las cencelladas son "acumulaciones de hielo blancas, de textura irregular y dureza variable", que pueden adquirir diferentes formas como plumas o agujas de hielo que, en ocasiones, también pueden ser transparentes. Dan lugar a unas espectaculares estructuras alargadas que crecen en sentido contrario al que sopla el viento, de modo que el paisaje es similar a uno nevado.

Ejemplo de cencellada dura en el observatorio de izaña de Aemet en 2015.
Ejemplo de cencellada dura en el observatorio de izaña de Aemet en 2015.

Se pueden observar dos tipos de cencelladas, según recoge el Meteoglosario. Una es la que se ha producido estos días con viento flojo o en calma, lo que da lugar a cencellada "blanca, formada por plumas y agujas de hielo de color blanco que confieren un aspecto similar al de una nevada". Son producto de nieblas de irradiación en fondos de valle. Sin embargo, con vientos más intensos y temperaturas bastante negativas, más habituales en zonas de montaña y altas latitudes, se forma otra "cencellada dura, formada por un hielo duro y opaco a barlovento de los árboles y otras superficies verticales, creando láminas de hielo a modo de peines y banderas, con estructuras muy espectaculares".

Pero no se dan solo pequeños detalles de nieve que deja la niebla en el paisaje. A veces son tan intensas que parece que ha nevado sin nevar. "Cuando la capa de niebla es muy densa y tiene muchas gotitas, en lugar de quedarse en subfusión, se congelan y de la niebla caen cristalitos de hielo que se ven. La cencellada es un depósito o acumulación en objetos, pero estos cristalitos son una precipitación", matiza el experto, que aclara que a esta suerte de llovizna congelada se la denomina cinarra. Este hidrometeoro es menos habitual que la centellada.   

Al fin y al cabo, la niebla es una nube a ras del suelo, de ahí que pueda producir precipitaciones débiles. "Técnicamente se habla de niebla cuando la visibilidad horizontal se reduce a menos de un kilómetro. Si se ve más, entre 1 y 10 kilómetros, hablamos de neblina o bruma, el mismo fenómeno pero menos intenso", aclara el experto.

En situaciones anticiclónicas, en raras ocasiones puede incluso llegar a caer "una nevada casi auténtica". "Cuando la niebla es muy densa y los cristalitos de hielo son muy abundantes, se unen y forman pequeños copos de nieve", detalla del meteorólogo. Son nevadas parecidas a las convencionales, pero no idénticas. "Cuando nieva de una nube asociada a un frente, son también cristalitos de nieve que se van uniendo en su viaje a la superficie, pero entre ellos quedan huecos con aire, lo que los hace más esponjosos", describe el meteorólogo. La nieve de la cinarra es granulada.

El Meteoglosario de Aemet habla en el caso de la cinarra de "gránulos de hielo muy pequeños, blancos y opacos". Son achatados o alargados, con un diámetro que no suele superar un milímetro. A diferencia de la nieve habitual, estos copos no rebotan cuando llegan al suelo y "cae en cantidades muy pequeñas y nunca en forma de chubasco".

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