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La nueva estrategia de Ciudadanos: presentarse como el “centro liberal progresista” contra los populismos

La ponencia de la gestora para el congreso soslaya el análisis de las causas del desplome y defiende los pactos entre "los constitucionalistas"

Ciudadanos
Inés Arrimadas, portavoz parlamentaria de Cs.

La gestora de Ciudadanos ha plasmado por escrito las líneas estratégicas que definirán el rumbo del partido en los próximos cuatro años y con las que pretende reflotar su mal resultado de las últimas elecciones generales. La ponencia enviada a los miembros del consejo general del partido, de 19 páginas y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, reivindica que su espacio político es el "centro liberal progresista" frente al auge de los populismos "de izquierda y derecha". El documento evita el análisis sobre las causas de su desplome en las urnas y mantiene la hoja de ruta con la que concurrió a las elecciones de noviembre: apuesta por los acuerdos con "constitucionalistas". El texto homologa a Vox y a Podemos —los trata con equidistancia—, y se opone al nuevo Gobierno de coalición.

La hoja de ruta de Cs mantiene la coherencia de su última etapa y abandona el veto al PSOE con el que Albert Rivera se presentó a las elecciones de febrero del año pasado. En su lugar, el partido apuesta por los pactos "entre constitucionalistas", la fórmula que presentó Inés Arrimadas en la investidura de Pedro Sánchez, que abogaba por un acuerdo entre Cs, el PSOE y el PP. "Ciudadanos es la casa grande del constitucionalismo y no dejará de tender puentes y apelar a los grandes acuerdos entre constitucionalistas para no tener que depender de populistas ni nacionalistas", subraya el texto.

Ahora bien, el documento no hace referencia a cuál es su socio prioritario: en el ciclo electoral de 2019, Rivera decidió que fuera el PP. Cs comparte con los populares los cuatro Gobiernos autonómicos en los que participa, tres de ellos apoyados desde fuera por Vox, y el Ayuntamiento de Madrid. La ponencia evita pronunciarse sobre si deben mantener o no esos acuerdos ni tampoco sobre el espinoso asunto de que la extrema derecha condicione sus gobiernos.

La estrategia de pactos provocó el año pasado la mayor crisis interna desde que Ciudadanos se convirtió en un partido nacional. La ejecutiva del partido terminó rompiéndose en junio por el veto a los acuerdos con el PSOE. Rivera había impulsado esa estrategia antes de las elecciones generales de abril con el objetivo de disputar al PP el liderazgo de la derecha. El 28 de abril, Cs rozó el sorpasso al PP, con 57 escaños, aunque no lo superó. El sector más progresista de Ciudadanos plantó después batalla por intentar un acuerdo con los socialistas, pero fracasó. A consecuencia de la crisis, cuatro dirigentes dimitieron, y el cofundador del partido Francesc de Carreras se dio de baja como militante. En la repetición electoral de noviembre, Rivera se presentó ya sin el veto al PSOE, pero las urnas le dieron la espalda y perdió 47 de sus 57 diputados.

El documento estratégico de Ciudadanos soslaya el análisis de las causas del desplome en las urnas y no hace una reflexión autocrítica. Se refiere con cierta sorpresa al resultado electoral, porque sucedió "sin variar ni equipo ni programa".

La seña de identidad de Cs continúa siendo la oposición al independentismo, pero como novedad, la nueva estrategia elaborada por la gestora subraya la preocupación por el "auge en España de opciones populistas" que además "niegan la diversidad y la pluralidad de la sociedad española, renegando de las sociedades abiertas y del proyecto europeo". Cs se presenta como una alternativa a la misma distancia de Podemos que de Vox. "Debemos luchar con firmeza contra los populismos de izquierdas y derechas", subraya la ponencia, que trata de forma análoga al partido de Pablo Iglesias y al de Santiago Abascal.

El documento estratégico de Ciudadanos se desmarca de Vox en su apuesta por la lucha contra el cambio climático, la batalla contra la "lacra de la violencia de género" y la defensa de los derechos LGTBi, aunque no define cuáles serían sus líneas rojas en caso de tener que relacionarse con la extrema derecha, como ocurre en sus Gobiernos de Madrid, Murcia y Andalucía.

La gestora de Ciudadanos rechaza, al mismo tiempo, el Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos, al que critica sobre todo en el plano económico. "El nuevo Gobierno de coalición, con miembros abiertamente contrarios a nuestro modelo económico y que llegan a declararse como comunistas, no contribuye a generar ni mucho menos a alimentar un clima de confianza empresarial y tranquilidad en los mercados que facilite la inversión y permita generar actividad económica y empleo". "Sus tesis en muchos casos son abiertamente contrarias a los principios liberales que defendemos desde Ciudadanos, y sus propuestas miran más hacia el pasado que hacia las reformas pendientes que se necesitan para modernizar España", apostilla. Cs votó en contra en la investidura de Sánchez.

La dirección provisional ha elaborado también unos nuevos estatutos, a los que también ha tenido acceso EL PAÍS, que introducen modificaciones en el modelo de partido. Hay más participación de los territorios en la toma de decisiones pero sin aceptar la demanda de algunos barones regionales para que los líderes territoriales sean elegidos por las bases. Los líderes regionales se llamarán "coordinadores" (ahora son solo portavoces) y seguirán siendo elegidos por la ejecutiva nacional. Se crea un nuevo órgano, el consejo de coordinación territorial, con la participación de todos los coordinadores autonómicos, pero sus conclusiones no tendrán carácter vinculante. Los coordinadores de las agrupaciones locales podrá también participar en una convención territorial anual.

La apuesta de la gestora ya está negro sobre blanco, pero ahora entra en la fase de enmiendas, en la que todos los militantes —y candidatos a presidir el partido— pueden enmendarla. El congreso del partido — la V asamblea general— los próximos 14 y 15 de marzo, en el que elegirá al nuevo presidente o presidenta y la nueva ejecutiva, aprobará la estrategia. Hasta ahora, solo Inés Arrimadas, portavoz parlamentaria, ha confirmado su intención de presentarse, pero no está descartado que tenga rival. El vicepresidente de Castilla y León, Francisco Igea, medita si dar un paso adelante.

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