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CASO ERE ANÁLISIS i

No hay piedad en el nuevo PSOE

Sánchez se distanció desde su llegada de los afectados por los ERE de Andalucía

En vídeo, el secretario de organización del PSOE y ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, durante la rueda de prensa que ha ofrecido este martes en la sede del partido en Ferraz. EFE | Vídeo: Atlas

Si ellos no hubieran dado el paso les habrían obligado. No hubo necesidad. Manuel Chaves y José Antonio Griñán, expresidentes de la Junta de Andalucía y condenados por delitos de prevaricación y también de malversación en el caso del segundo, abandonaron sus escaños en el Congreso y en el Senado en junio de 2016, una vez que fueron procesados. Desde hace tres años están apartados de la vida pública y ningún dirigente de su partido les ha requerido para que se acercaran a la organización. Tampoco ellos lo han intentado ni demandado. Ambos supieron de inmediato que el avance en la instrucción del caso ERE les alejaba de su organización. Como mucho podrían esperar afecto y consideración en privado de muchos socialistas, pero el partido no iba a hacer nada por ellos. Esos sentimientos los han tenido incluso este martes, cuando se ha conocido la sentencia.

Del mazazo se quieren aliviar los dirigentes del PSOE con el argumento de que no ha habido enriquecimiento personal ni tampoco financiación irregular del partido. Con este consuelo se quedan aunque saben que la sentencia es demoledora. A pesar de que, en efecto, el PSOE andaluz no ha sido condenado, en la dirección federal y en La Moncloa son conscientes de que la trama para crear una red clientelar desde la Junta de Andalucía constituye un caso de corrupción cuya magnitud pasará a la historia negra de los Gobiernos socialistas de la Junta.

Para esta nueva dificultad se prepara ya Pedro Sánchez, quien se declaró distante y ajeno a lo que ocurrió en los Ejecutivos andaluces durante casi una década. Entonces, él iniciaba su vida política como concejal madrileño. Desde 2014 el PSOE entró en un ciclo y en una época deliberadamente ajena a la anterior, hasta el punto de que tal desapego le valió a Sánchez la enemistad, al menos política, de los clásicos y veteranos del PSOE. Quien la hace la paga y no hay perdón con la corrupción. Estos fueron los estribillos de Sánchez y del “nuevo PSOE”. De fondo estaba el lento caminar de la instrucción de los ERE. No quiso quedarse rezagada en rigorismo la secretaria general del PSOE andaluz, Susana Díaz, de manera que, ante el anuncio de los posibles procesamientos de Chaves y Griñán, el lenguaje de la dirección federal regional crecía en dureza. No hay piedad en el nuevo PSOE. Ya no se esperaría al juicio oral para pedir los escaños a los afectados, sino que con el procesamiento ambos tendrían que abandonar las actas parlamentarias y despedirse de su partido.

El líder socialista sabe mejor que nadie que nunca ha sido contemporizador con quienes fueron presidentes de su partido; de ahí que no tenga la menor intención de agachar la cabeza ante la petición del PP y de Ciudadanos de que asuma la responsabilidad de lo ocurrido en Andalucía. Pero todos los problemas conducen a su investidura. En el caso de que fracasara su negociación, por impedimentos insuperables con ERC, Pablo Casado tiene desde este martes más llena su mochila de noes a facilitar un Gobierno de Sánchez.

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