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Unidad táctica en torno a Iglesias por temor a un revés electoral

La idiosincrasia de cada formación subyace bajo el discurso común

Pablo Iglesias, Alberto Garzón y Enrique Santiago, en una reunión en el Congreso del grupo confederal de Unidas Podemos, el pasado julio.
Pablo Iglesias, Alberto Garzón y Enrique Santiago, en una reunión en el Congreso del grupo confederal de Unidas Podemos, el pasado julio.

Los seis negociadores de Unidas Podemos sincronizan desde hace semanas cada uno de sus pasos. Tienen 15 días de negociación con el PSOE para conseguir un acuerdo de Gobierno de coalición antes de que el 23 de septiembre se disuelvan las Cortes y se convoquen elecciones, previstas para el 10 de noviembre si se consuma el fiasco. Una alianza de cinco partidos con un objetivo común: entrar en el Consejo de Ministros. La necesidad estratégica de evitar la cuarta convocatoria electoral en cuatro años que, según avanzan las primeras encuestas, provocaría una nueva pérdida de votos para la coalición que lidera Pablo Iglesias ha diluido temporalmente las diferencias que en el pasado provocaron profundas crisis en Unidas Podemos. Prima el tacticismo político. Pero eso no ha borrado la idiosincrasia de cada formación, que subyace bajo el discurso común.

El último ejemplo que ha hecho que pase la luz entre las costuras de Unidas Podemos es el nuevo escenario que el PSOE ha puesto sobre la mesa: la posibilidad de que Iglesias y los suyos apoyen la investidura sin contrapartidas. Es decir, que en el último minuto, la dirección de Unidas Podemos le comunique al Rey, en la ronda de contactos, que votarán sí a la candidatura de Sánchez sin acuerdo de programa ni de coalición.

Adriana Lastra, portavoz parlamentaria del grupo socialista, mostró el lunes su inquietud ante esa posibilidad. El círculo más cercano a Iglesias rechaza esta opción y la llega a calificar de “guion de Netflix”. “Es una posición maximalista que se parece más a una amenaza que a un elemento para facilitar el diálogo. Y nosotros lo que queremos es negociar”, asegura otra fuente de Podemos. Pero el elefante ya está en la sala y la duda acerca de usar esta carta en el último momento empieza a rondar la cabeza de algunos miembros del equipo negociador.

Hasta que se produzca este debate, Unidas Podemos se empeña en transmitir unidad. El mandato de la dirección es claro: mostrarse como un bloque hasta el 23 de septiembre. La maquinaria electoral en las sedes de cada partido está prevenida, pero aún no se ha activado.

Existe una leve esperanza de que el acuerdo llegue in extremis. Aún así, partidos como IU han hecho cuentas: si los cálculos internos no les fallan, quedan menos de tres meses para las elecciones. La relación entre Alberto Garzón —líder de IU— e Iglesias quedó tocada tras la fallida investidura de julio. Una parte de IU mantiene su propuesta de entonces: un acuerdo exigente de programa. Pero, al contrario de lo que sucedió hace dos meses, no volverán a defenderlo públicamente.

Garzón, intercedió en el último momento de la investidura de julio para tratar de forzar el acuerdo. No funcionó. Ponerse en primera línea de fuego en este momento es menos seguro para IU que mantenerse en la retaguardia. En IU rechazan, además, el papel de mediadores que se les ha asignado por tener mejor relación con el PSOE que sus compañeros de Podemos. Se definen como un miembro más del equipo, no facilitadores del acuerdo. Aunque el papel de Enrique Santiago, líder del PCE, bregado en negociaciones más duras como el proceso de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, puede resultar fundamental. Las negociadoras socialistas destacan su buen talante frente al de Pablo Echenique o Ione Belarra. Lo que Lastra denominó “las distintas miradas” de sus interlocutores en la mesa.

La cuestión catalana

La otra “mirada” en la mesa es la de Jaume Asens, portavoz de En Comú Podem en el Congreso, de tendencia soberanista. Su formación no ha renunciado a un referéndum pactado como solución a la crisis en Cataluña, pero —en línea con IU— no lo reivindica públicamente. “Pedimos una mesa de diálogo”, dijo el lunes el dirigente catalán en línea con la propuesta que Podemos envió al PSOE en agosto. Fue también la respuesta de Asens a las dudas que volvió a plantear Carmen Calvo el domingo sobre la posición del partido de Iglesias respecto a esa cuestión. La vicepresidenta consideró “inaceptable” que Asens defienda el derecho de autodeterminación.

Para tratar de desactivar este argumento, Iglesias se comprometió a firmar un documento y cumplir los principios políticos que decidiera Sánchez respecto a ese asunto. Los comunes aceptan esta decisión, pero buscarán una respuesta política y jurídica para conseguir la libertad de los líderes catalanes en prisión. Esto es, el indulto. “Está dentro de la legalidad, el primero que habló de ello fue [el líder socialista catalán] Miquel Iceta”, defendió.

Las diferencias en el interior de la coalición persisten. Pero la posibilidad de que la asociación que se forjó en el pacto de los botellines de 2016 se rompa e, incluso, que las confluencias se disgreguen e inicien un camino independiente, no se baraja. Al menos por ahora. Las anteriores citas electorales demostraron a IU y Podemos que cosechan peores resultados por separado. La necesidad electoral es, por ahora, más fuerte que las diferencias en el seno del partido.

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