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Caso Machín: Así se gestó el crimen que acabó a tiros con la vida de un empresario de La Laguna en 2018

La policía acusa a un exsocio de la víctima de contratar a los sicarios que perpetraron el asesinato

asesinato tenerife
Unos policías inspeccionan el lugar de los hechos en el que un hombre murió tiroteado en La Laguna (Tenerife) este martes. EFE

Más de un año de arduas investigaciones han llevado a la Unidad de Criminalística de la Policía Nacional a resolver el asesinato del empresario Pedro Carlos Machín. Un crimen que convulsionó a la sociedad de Tenerife y del que aún quedan incógnitas por despejar. Todo ocurrió el 17 de abril de 2018. Habían pasado 20 minutos de las diez de la noche cuando Machín, un conocido empresario de origen herreño, se disponía a arrancar su vehículo en el aparcamiento de la Escuela de Idiomas de La Laguna. En ese momento, dos hombres rodearon el vehículo. Uno de ellos, con gorra deportiva y una braga que le tapaba el rostro, sacó una pistola marca Walter del calibre 9 milímetros y efectuó un total de 11 disparos, de los que seis impactaron en la víctima, provocando su muerte. Tras el crimen, los dos individuos abandonaron el lugar a toda velocidad en un Renault Clío que habían sustraído dos días antes. Quemaron el vehículo y se dieron a la fuga. La noticia cayó como una bomba en La Laguna, una ciudad tranquila y universitaria de algo más de 150.000 habitantes. La naturaleza del crimen, con un modus operandi propio al sicariato, hizo saltar las alarmas. Se pensó en asesinos a sueldo venidos de fuera de la Isla, de bandas organizadas y de posibles deudas de juego. Sin embargo, la trama se ha revelado menos cinematográfica y no por eso menos inquietante.

La Policía Nacional comenzó a investigar desde el círculo más cercano a la víctima. Pedro Carlos Machín tenia 51 años. Casado y padre de dos hijos de corta edad, se había hecho a sí mismo. Nacido en la localidad de Isora (El Hierro), llegó a Tenerife, en donde trabajó en el sector de la hostelería como camarero y posteriormente llegó a gestionar importantes locales de ocio nocturno junto con su socio y ahora detenido, Evaristo González, considerado como el capo de la noche de la ciudad de La Laguna. Machín se dedicó al ocio nocturno por espacio de más de 20 años, pero meses antes de su asesinato, había decidido cambiar de vida.

El empresario se había visto involucrado en el denominado Caso Corredor, una trama de irregularidades y estafas a la Seguridad Social por valor de 4,5 millones de euros y por el que Evaristo González fue condenado a tres años de prisión por delitos de estafa y presentación de testigos falsos. Machín estuvo involucrado en una pieza separada del citado caso y se acogió a su derecho de no declarar, si bien cuando fue asesinado ya no estaba siendo investigado. Machín había decidido dejar el mundo de la noche y montar una empresa de explotación de productos plásticos, y aún mantenía una relación de amistad con Evaristo González, con quien hablaba casi a diario, no en vano los investigadores tildan a Machín como el “hombre de paja” y de máxima confianza de González. Sin embargo, según los autos judiciales, su antiguo socio tomó la decisión, en algún momento de 2017, por motivos que se desconocen aún pero que la policía sospecha que son el “ajuste de cuentas y la venganza”, acabar con la vida de Machín. Para ello, según la investigación, González diseñó una “ejecución planificada” y habría acudido a un tercero conocido por él para llevar a cabo la tarea, siendo esta persona Ernesto Inocencio O. H. quien la policía considera el autor de los disparos que causaron la muerte de Machín y a quien Evaristo González ofreció 50.000 euros.

Desde el primer momento, Evaristo González estaba en el punto de mira como principal sospechoso del crimen de Machín, sin embargo, la falta de pruebas- el arma aún no se ha logrado encontrar- retrasaron su detención hasta el pasado mes de mayo. En el vehículo calcinado utilizado para la fuga por los sicarios no se pudo encontrar nada de relevancia para la investigación, pero un detalle hallado en la escena del crimen fue la pista inicial sobre la que se articuló la minuciosa investigación policial. Entre los efectos de la víctima, la Brigada de Homicidios de la Policía Judicial encontró dos teléfonos móviles -y el soporte plástico de una tarjeta SIM de otro teléfono. En las primeras pesquisas en el entorno de la víctima, nadie manifestó tener conocimiento de que utilizara un tercer teléfono, lo que llevó a la Policía a pensar, exponen los autos, en “un teléfono de seguridad o utilizado para contactos que pretendía ocultar”. El dato cobró mayor relevancia para los investigadores cuando, en las horas posteriores al crimen, la viuda del empresario entregó a la policía un teléfono móvil con la SIM cuyo soporte plástico había sido hallado con el cadáver, que la mujer había “encontrado en un cajón en el domicilio familiar”. La Policía Nacional averiguó que la tarjeta constaba adquirida a nombre de J.D.S.H., “relacionado directamente con Evaristo González Reyes, al ser hijo de un colaborador habitual de éste” detenido en 2012 en el marco de la operación Corredor.

La investigación llega a la conclusión de que este móvil es el “único punto oscuro” concreto y real en la vida de la víctima, habida cuenta de que se trata de un terminal “modelo antiguo, no smartphone, sin conexión a internet ni a aplicaciones informáticas o móviles, del tipo de los empleados como número de seguridad en operaciones ilícitas”.

Ante esta pista, la Brigada de Homicidios de la Policía Nacional en Tenerife estableció como “prioritario” el estudio de la vida útil de este teléfono, sus contactos, su contenido y, expone el auto que mandó a prisión a Evaristo González, “la existencia de otros teléfonos con la misma titularidad” . Fue entonces cuando la Brigada de Homicidios pudo desentrañar la trama criminal y proceder a la detención de González como presunto autor intelectual del crimen, Ernesto Inocencio O.H. como supuesto autor material de los 11 disparos, Julio David G.O. como conductor del coche que llevó al sicario al lugar del crimen y Dámaso Agustín R.R. y José Manuel M.B. como colaboradores en la acción criminal.

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