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El PP defiende su mayor bastión

Francisco De la Torre ve amenazadas sus dos décadas de mandato en la principal ciudad con alcalde popular

elecciones municipales
Fachada del Ayuntamiento de Málaga.

“Yo no tendría ningún temor en votarte a ti, porque te conozco”. Le dijo Manuela Carmena a Francisco de la Torre cuando el periodista Gonzo le preguntó en El intermedio si votaría al que vuelve a ser el principal candidato a revalidar la alcaldía de Málaga. Resume lo que buena parte de la ciudadanía malagueña piensa. Le votan a él, no a su partido. Y aunque tradicionalmente no ha tenido rival para renovar su mandato electoral, mañana el resultado está más abierto que nunca. El PSOE llega con el viento a favor del 28-A, y Ciudadanos puede tener la llave que abra el gobierno en cualquier sentido: ha ofrecido pactos a izquierda y derecha. Lo que ocurra con Vox es un misterio.

A sus 76 años —caminata temprana diaria, una hora de natación varias veces por semana— De la Torre lleva 19 como alcalde de Málaga. Es el más longevo en la historia de la ciudad, después de recoger en 2000 el testigo de Celia Villalobos. Desde entonces dirige las riendas de la mayor ciudad de España en manos del Partido Popular (la capital de la Costa del Sol suma 571.000 habitantes). Tiene el mismo carácter personalista que otros alcaldes populares que están por encima del partido. No es Francisco, es Paco. En su cartel electoral el logo del PP no es fácil de encontrar. Nunca se ha mostrado cercano a Pablo Casado: los populares malagueños apoyaron en mayoría a Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias, aunque De la Torre tampoco se había alineado antes con Mariano Rajoy. En su política, siempre fue pragmático.

Su gestión ha servido para hacer historia. Ha transformado Málaga. Fuera, genera adeptos. “Ni soy del PP ni simpatizo con él. No obstante, reconozco que posiblemente el mejor alcalde de las grandes ciudades es Paco de la Torre. Lo que ha hecho con Málaga es para sacarse el sombrero”, decía esta semana Gonzalo Bernardos, profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su cuenta de Twitter. Dentro, detractores. El modelo de ciudad por el que saca pecho levanta las críticas de la oposición. Y mientras cuatro millones de turistas llegan cada año en busca de la ciudad de los museos, muchos malagueños se sienten extraños en su propia localidad. La ven como un envoltorio. Un decorado en el que ellos no están invitados a participar.

El centro de la ciudad es la punta del iceberg. En la superficie se ve un maremágnum de visitantes —12.000 al día, según el Observatorio Turístico de Málaga—, numerosas terrazas de bares que incumplen la ordenanza municipal de ocupación de la vía pública o 2.000 patinetes a toda velocidad. También la mayoría de los casi 5.000 apartamentos turísticos de la ciudad, según datos de AirBnB. Bajo el agua se esconde la gentrificación, que ha expulsado a los residentes del casco histórico. Hace unos días, los pocos que quedan lo denunciaban con el entierro simbólico de la última vecina —ataúd y plañideras incluidas— “fallecida hastiada del turismo”, según explicaba el vicepresidente de la Asociación de Vecinos Centro Antiguo, Alejandro Villén.

Encontrar vivienda en el resto de la ciudad tampoco es fácil. El precio de los alquileres ha subido un 42% desde 2015, según un informe del portal inmobiliario Idealista, que sitúa a Málaga como la segunda ciudad en la que más se ha encarecido el precio del alquiler, solo detrás de Palma. Los barrios, además, se sienten los eternos olvidados de la política municipal. Están frustrados ante una ciudad moldeada para contentar al visitante y no al malagueño. De ahí que el PSOE haya centrado su campaña en la periferia.

Desgaste

El último mandato municipal ha sido inmovilista. La mayor apuesta, la renovación de la Alameda Principal, un proyecto de una decena de millones de euros. En este tiempo, la erosión del trabajo del hasta ahora alcalde ha sido lenta, pero constante. La oposición ha sido capaz de desgastar su imagen achacándole una obsesión por el centro y también los constantes problemas de limpieza de la ciudad, los incumplimientos o la oscura gestión del Centro de Arte Contemporáneo. Sin embargo, los líderes de los grupos contrarios a De la Torre aún tienen un papel discreto. Son desconocidos para buena parte de los malagueños. Incluso hay confusión en la izquierda, donde no se sabe exactamente cuál es la confluencia de Podemos e IU y la que no.

El PSOE, con Daniel Pérez como candidato, no ha conseguido tener un gran peso en el día a día municipal a pesar de ser la segunda fuerza más votada. Pérez, eso sí, se ha mostrado fuerte durante la campaña. Y en el cara a cara organizado el pasado jueves por Diario Sur resistió mejor de lo esperado su enfrentamiento con De la Torre. El resto de la izquierda se divide entre Adelante Málaga —coalición de Izquierda Unida y Podemos, encabezada por Eduardo Zorilla— y Málaga Ahora, liderada por Rosa Galindo.

El pasado 28 de abril, el PSOE ganó sobradamente en la capital. Obtuvo 92.989 votos, el 30% del total. El último triunfo socialista apenas se recordaba. Fue en 2004, cuando Magdalena Álvarez, exministra de Fomento con Zapatero, comandaba la candidatura. Las generales también fueron un aviso para el PP. Ciudadanos irrumpió en segundo lugar, con casi 10.000 papeletas de ventaja sobre los populares, que por primera vez quedaron como tercera fuerza, con 52.865 apoyos. Casi los mismos que Podemos y mirando muy de reojo a Vox, que obtuvo solo 11.000 votos menos.

Esos datos pueden tener las claves de las elecciones. Los partidos más votados serán los tradicionales, pero PP y PSOE se juegan el liderazgo “de una forma asimétrica”. “De la Torre lo hace sin siglas, defendiendo su nombre y su gestión. El PSOE, en cambio, destaca su marca”, explica Teodoro León Gross, profesor de Periodismo en la Universidad de Málaga y articulista de EL PAÍS. El hasta ahora alcalde siempre ha ganado las elecciones con cierta facilidad. Llegó a tener 19 de los 31 concejales, pero en 2015 se quedó en 13. Ese año, con el 85% escrutado, la victoria era para los socialistas, entonces liderados por María Gámez, pero la recta final dio un tercer edil a Ciudadanos. La derecha sumó para alcanzar la mayoría con 16 concejales. Mañana el abanico de posibilidades es mayor. El edil número 16 será decisivo. Una encuesta filtrada por los socialistas se lo otorga a la suma de la izquierda. Otra del PP, a la derecha, que tendría que copiar el pacto a tres de la Junta de Andalucía.

Ciudadanos, liderado por Juan Cassá, puede ser la llave. Roto el pacto de gobierno con el PP el pasado febrero, cuando el juez citó a dos concejales populares a declarar por un caso urbanístico, ahora la formación de Albert Rivera se deja querer. Primero respondió con un “por supuesto” a la pregunta de si pactaría con el PSOE, aunque es improbable porque necesitarían también a Adelante Málaga. Días después ofreció al PP “caminar juntos”. Y para sumar con los populares, la irrupción de Vox será determinante. Es la mayor incógnita de la ecuación: puede tener dos ediles o ninguno. Sumar o restar. Los barrios decidirán. Los turistas no votan.

Nadie hace sombra al regidor

Desde su llegada a la alcaldía, Francisco De la Torre ha ejercido de faro en la ciudad y en su partido. Ha amagado con distanciarse de la política, pero nunca ha culminado el movimiento. Tampoco ha dejado que crezcan árboles a su alrededor que le hagan sombra. Ha sabido deshacerse de todos los delfines que han ido surgiendo en el Partido Popular. Y el que ejercía de eterno sucesor, Elías Bendodo, ha acabado en Sevilla como consejero de Presidencia en la Junta de Andalucía junto a otro malagueño, el presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Hace unas semanas De la Torre quiso fichar como número dos de su candidatura a José María García Urbano, actual alcalde de Estepona, que declinó la oferta. A cambio llegó una independiente, Susana Carrillo. La sombra sigue sin llegar a De la Torre.

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