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Pactos a la carta

Ciudadanos, a diferencia de lo que ocurrió en las elecciones andaluzas,

no desvela su política de alianzas

Albert Rivera saluda a un guardia civil, ayer en un acto electoral en Estella.
Albert Rivera saluda a un guardia civil, ayer en un acto electoral en Estella.

Cuando se habla del pacto a la andaluza como si fuera un plato de bufé, tipo huevos a la flamenca, se olvida que ese acuerdo a tres bandas entre el PP, Ciudadanos (Cs) y la extrema derecha de Vox fue posible porque compartían (y aún lo hacen) un ingrediente común y principal: acabar con casi 37 años de gobiernos ininterrumpidos del PSOE y propiciar por primera vez la alternancia política en el Gobierno de la Junta.

Esa es la percha de la que cuelgan los acuerdos firmados por el PP con Cs, con su mano izquierda, y con Vox, con su mano derecha. La coincidencia entre ambos documentos programáticos no son los guisantes ni el jamón ni el chorizo del plato, sino los huevos mismos: la convergencia en temas económicos como la bajada de impuestos, la aportación de más recursos para la enseñanza concertada o la eliminación de la subasta de medicamentos.

Cs, a diferencia de lo que ocurrió en las elecciones andaluzas, en las que arrancó la campaña con la promesa de “acabar con 40 años de práctica dictadura socialista” y el compromiso de no pactar en ningún caso con el PSOE andaluz, al que había apoyado en la anterior legislatura, no ha desvelado ahora qué política de alianzas desplegará tras los comicios en 12 autonomías y en más de 8.000 municipios.

Por ejemplo, no dice si va a jugar a la regeneración en la Comunidad de Madrid —cinco lustros de Gobiernos populares y varios casos abiertos por corrupción— con las mismas reglas que aplicó en Andalucía. Si girará a la derecha o la izquierda, si aquí sí y allí no, si pactará a la carta o si alimentará al PP al que quiere superar en el cómputo global de votos para alzarse con la medalla de principal partido de la oposición. Ya acarició esta meta en las generales del 28 de abril, cuando el partido de Rivera quedó casi a menos de un punto del PP, una diferencia de nueve escaños (57 frente a 66) y 219.423 votos. Por el contrario, está por ver, aunque hay menos dudas, lo que haría el PP allí donde Cs sea la primera fuerza de la derecha. Pero, si fuesen necesarios, ¿también reclamarían los naranjas los votos de Vox? Fuentes de Cs aseguran que en el comité ejecutivo del partido no se ha dado ninguna directriz ni se ha hablado de qué pasos seguir. El único objetivo fijado es el de multiplicar el número de concejales y diputados para aumentar su implantación en el territorio, tocar poder institucional y condicionar los gobiernos locales “desde la responsabilidad y para dar estabilidad”. También en las Diputaciones, unas instituciones que abogaba por suprimir en su programa electoral. “El pacto a la andaluza no tiene por qué ser exportable”, afirman en Cs, que aparcan cualquier decisión hasta ver colocadas todas las chinchetas de colores en el mapa de resultados. Admiten que las pésimas relaciones de Albert Rivera y Pedro Sánchez no ayudan —tampoco los discursos de campaña: Inés Arrimadas pedía este fin de semana en Sevilla que los Ayuntamientos y comunidades autónomas se conviertan en “escudos naranjas” frente al sanchismo—, pero apelan al pragmatismo. “Lo que no cabe en la lógica, cabe en la política”, comparte un dirigente socialista, que admite no saber a lo que va a jugar Ciudadanos, aunque confía en que después del 26-M “se relaje”.

Pactos en Castilla y León

Por el contrario, en el PP sí creen que el modelo andaluz puede implantarse en Castilla y León o en Murcia. La encuesta del CIS otorga la victoria a los socialistas en esas comunidades, pero los populares quieren cerrarles el paso con una reedición de tripartitos de derechas, aunque a esas alianzas les faltase el ingrediente principal del pacto a la andaluza: el del discurso de la renovación y de la impugnación del partido hegemónico. 32 años lleva el PP gobernando en Castilla y León, y 24, en Murcia, donde los sondeos detectan cansancio con los gobiernos populares, pulsión de cambio y tensión entre los candidatos regionales de ambos partidos de centro derecha.

Por el lado de la izquierda, no hay temor en la dirección federal del PSOE sobre la repetición de los pactos con Unidas Podemos como los que se lograron en la anterior legislatura autonómica, que situaron a socialistas al frente de los Gobiernos de Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón, Asturias y Baleares. Tampoco dudan del acuerdo en los Ayuntamientos. “Ese es el no problema de la izquierda. No hay que pensar mucho. Existe una tradición de los pactos de izquierdas desde 1979. Si el alcalde de Cádiz (Podemos) o Ada Colau sacan un voto más que los candidatos socialistas, los apoyaremos”, aseguran las fuentes consultadas.

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