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Los misteriosos castillos escondidos en un bosque de Málaga

Manuel Ledesma, vecino del centro de la ciudad, ha creado una singular galería de arte esculpiendo una docena de tocones de eucalipto

Manuel Ledesma, junto a una de sus creaciones, en el bosque del Monte Calvario de Málaga.
Manuel Ledesma, junto a una de sus creaciones, en el bosque del Monte Calvario de Málaga.

Una veintena de escalones ascienden hacia el portón de un gran edificio. En su fachada destacan arcos, ventanas, vidrieras y cruces. La construcción es circular y de madera. Y tiene ciertas semejanzas con la fortaleza que Hayao Miyazaki imaginó para su película El castillo en el cielo. Eso sí, apenas tiene medio metro de altura. Rodeada de plantas y flores, es solo una de las obras que ha despertado el interés y la imaginación de quienes la han visto en el bosque del Monte Calvario, un rincón escondido en pleno corazón de Málaga. Su origen está en las manos de Manuel Ledesma, que ha ido tallando viejos tocones de eucalipto con paciencia y mucha maña hasta conformar una galería de arte al aire libre por la que corretean graciosamente las ardillas.

Ledesma, de 52 años, vive frente a este pulmón verde de la capital de la Costa del Sol. Y recorre sus senderos diariamente en compañía de Sullyvan, un pequeño caniche cruzado con bichón frisé de color gris. Fue en uno de esos paseos cuando, navaja en mano, comenzó a repujar pequeñas ramas. “Soy muy nervioso e inquieto, así que siempre tengo que estar haciendo algo”, subraya. Y un día decidió que era el momento de dar el salto a proyectos de mayor tamaño. Así que seleccionó un tronco de eucalipto seco, compró un kit de herramientas formado por gavias, formones y un mazo de goma y empezó a tallar sin planificación. Días más tarde había dado una nueva forma al tocón.

'Sullyvan', junto a una de las creaciones de Ledesma.
'Sullyvan', junto a una de las creaciones de Ledesma.

Desde aquella primera obra han pasado seis años y ya ha realizado una docena de trabajos. Cada uno le mantiene entretenido entre dos y tres meses, según la dureza de la madera. Le dedica unas cuatro o cinco horas al día, hasta que sus muñecas y sus brazos no dan para más. Representan edificios fantásticos que podrían ser viejas catedrales, castillos o escenarios de Juego de Tronos. No responden a un estilo arquitectónico único: hay detalles del románico, decoraciones góticas o influencia del mudéjar. “Yo no he estudiado nada de eso. Me viene todo de golpe y me dejo llevar. Es como un diálogo entre la madera y yo”, subraya el malagueño que, casi sin quererlo, ha creado el principal conjunto de land art en la ciudad.

Vecinos y turistas ven en este espacio una original alternativa a los grandes centros culturales de los que presume Málaga desde hace unos años. Ocho de las piezas están agrupadas en el final de la calle Amargura y junto al cauce del arroyo Calvario, remodelado hace algo más de un año para evitar inundaciones. Sirven para dar la bienvenida. El resto están repartidas por el bosque, al que otorgan cierto aire de misterio que enamora a los curiosos. También se acercan artistas, como pintores o escultores. “Es una de las cosas más bonitas, poder charlar con ellos sobre mi trabajo”, afirma Ledesma.

Las redes sociales le han servido de altavoz. Él no posee perfil en Facebook, Twitter o Instagram, pero muchas de las personas que visitan el lugar cuelgan imágenes de los troncos tallados, generando expectación y más atención a su obra. “Ojalá alguien me haga algún encargo”, subraya quien es vigilante de seguridad de profesión, pero lleva seis meses en paro. Mientras encuentra trabajo, al menos le queda la satisfacción de haber creado un singular rincón artístico en la ciudad de los museos.

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