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Generales en uniforme de campaña electoral

Abascal ficha a militares para que se identifique a Vox con los valores del Ejército. El riesgo es que se identifique al Ejército con las ideas de Vox

Los generales Fulgencio Coll, a la izquierda, y Alberto Asarta, candidatos de Vox, en Irak en 2003. En vídeo, declaraciones de la ministra de Defensa sobre las candidaturas de militares.

Dos militares en la reserva se disputarán el 28 de abril el único escaño que tiene Melilla en el Congreso. El general Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu, excomandante militar de la plaza, por el PP; y el coronel José Antonio Herráiz, 11 años destinado en la Legión, por Vox.

Aunque Melilla sea un caso extremo, nunca en democracia ha habido tantos militares candidatos como en las próximas elecciones generales, autonómicas y locales. El grueso ha sido reclutados por Vox, que encabeza con militares retirados o en la reserva sus listas por Castellón (general de división Alberto Asarta), Cádiz (general de brigada de Infantería de Marina Agustín Rosety), Alicante (teniente general del Aire Manuel Mestre), Pontevedra (general de división de Intendencia Antonio Budiño) y el Ayuntamiento de Palma de Mallorca (general de Ejército Fulgencio Coll), además del citado coronel Herráiz. Los dos primeros son firmantes del manifiesto de apología de Franco y justificación del golpe del 18 de julio de 1936 difundido el verano pasado tras el anuncio de la exhumación de los restos del dictador.

“Han arruinado en 10 minutos el trabajo de 40 años para conseguir que la sociedad asuma que las Fuerzas Armadas son de todos los españoles y no solo de una parte", se lamenta el comandante retirado Javier Marcos, que ha dedicado su carrera a mejorar la imagen de los ejércitos.

El Cuartel General del Ejército de Tierra está en la calle Prim, en homenaje al general que mandó al exilio a Isabel II. Cerca de allí tienen su calle Serrano, O'Donnell y Narvaez, los espadones, liberales o moderados, que lideraron los partidos españoles en el siglo XIX. Espartero, el Pacificador, tiene una estatua ecuestre junto al Retiro y una calle que no lleva su nombre sino uno de sus títulos nobiliarios: Príncipe de Vergara.

Un general y un coronel pugnan por el único escaño de Melilla en el Congreso

"Han arruinado 40 años de trabajo para que toda la sociedad haga suyo al Ejército"

El último militar que ocupó un cargo político destacado fue el general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente con Adolfo Suárez. Fue él quien se enfrentó a Tejero cuando asaltó el Congreso y quien obligó a los militares que quisieran hacer política a colgar definitivamente el uniforme. Se acabaron los espadones, los Primo de Rivera y los Franco. Él sentó las bases para convertir el Ejército del bando vencedor de la Guerra Civil en el de la Monarquía constitucional.

Desde entonces, unos pocos militares se han pasado a la política: el coronel jurídico Julio Padilla (PP), el exJemad Julio Rodriguez (Podemos) o la comandante Zaida Cantera (PSOE), entre otros. Pero nunca en la cantidad en que lo has reclutado Vox.

“Estamos muy orgullosos del papel del Ejército y, además, [los suyos] son los valores que me gustaría enseñarle a mis hijos, que es lealtad, sacrificio y amor a España”, explicaba el pasado jueves en TVE la presidenta del partido en Madrid, Rocío Monasterio. “Y como estamos orgullosos [de esos valores] y creemos que se tienen que visibilizar en la sociedad, por eso damos visibilidad a los militares”, agregó.

Es decir: Vox presenta a militares para que la sociedad le identifique con los valores que representa el Ejército. El peligro es que se produzca el efecto contrario: que se identifique al Ejército con las ideas de Vox.

“Es un riesgo”, admite el teniente general retirado Pedro Pitarch. Niega que vaya a presentarse por Vox, como se ha publicado, pero defiende el derecho de sus compañeros a hacerlo y asegura que, con su preparación y experiencia, “van a elevar el nivel medio del Congreso”.

Pitarch, que sustituyó al entonces capitán general de Sevilla cuando en 2005 cargó contra el Estatuto catalán, cree que el conflicto de Cataluña ha sido “determinante” para que algunos generales decidan dar el salto a la política. “La unidad de España está en el ADN de los militares y han sentido que está en peligro”, alega. “Estoy seguro de que no comparten muchas de las ideas de Vox, pero la unidad de España sí, al 100%, y yo también”, concluye.

“El tema catalán ha hecho reverdecer pulsiones nacionalistas que estaba dormidas”, reflexiona un militar ya retiradao que vivió en primera fila la transición. “Muchos generales están pagados de sí mismos, se consideran la élite, y piensan; '¡Aquí estoy yo, en primer tiempo de saludo, dispuesto a salvar a España!” Y convencidos de que lo harán mejor que nadie”.

El patriotismo acerca a los militares a Vox. También su recelo hacia las autonomías. Y el rechazo a la inmersión lingüística, que sufren cada vez que un nuevo destino les obliga a cambiar de comunidad y de colegio para sus hijos. Pero, por formación, la mayoría tiene sensibilidad social, lo que les aleja del neoliberalismo de Abascal.

“Los militares no somos de derechas, sino conservadores. Alérgicos al desorden y la anarquía. En la España de los setenta ser conservador era ser franquista, pero en la URSS era ser comunista”, explica un general en activo.

Los resultados de las elecciones andaluzas de diciembre pasado muestran que, en los municipios con grandes instalaciones militares, Vox obtuvo resultados algo mejores que en el resto, pero no radicalmente distintos. En Viator (Almeria), base de la Legión, logró el 17,2%; y en la vecina Huércal, el 20,4%. En la provincia tuvo el 16,7%.

La base naval de Rota (Cádiz) está entre los municipios de Rota (donde Vox tuvo el 10,6%) y El Puerto de Santa María (donde llegó al 14,2%); mientras que la Infantería de Marina tiene su cuartel en San Fernando (donde Vox tuvo el 13,1%). En la provincia de Cádiz obtuvo el 11,2%.

En Morón de la Frontera (Sevilla), principal base aérea andaluza, se quedó en el 7,5%; y en la cercana Utrera, en el 10,2. Su porcentaje provincial fue del 10,7. Los datos deben tomarse con cautela porque los militares ya no viven agrupados en barrios (Defensa se deshizo de su parque de viviendas) sino mezclados con el resto de la población.

Y no todos los militares tienen los mismos intereses. Es dudoso que Vox siga apoyando a los soldados temporales que son despedidos al cumplir los 45 años tras fichar a los generales que defendieron esta medida. En el Ejército también hay clases.

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