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Atrezo para una muerte sin castigo

Una pista, 17 años después, llega a manos de la familia para reactivar el 'caso Déborah', la joven viguesa hallada en medio de una puesta en escena ficticia preparada por su verdugo

Un cartel con la foto de Déborah Fernández, cuando desapareció en 2002. En vídeo, las declaraciones de la hermana de la víctima. Foto: EFE | Vídeo: Localia TV

Alguien se tomó la molestia de desnudarla y lavarla; de conducir con su cadáver hasta una cuneta en penumbra a 40 kilómetros de Vigo; de colocar el cuerpo cuidadosamente, sin arrastres, entre matorrales, como si fuese una muñeca dormida de pelo negro. Acostada de lado, con las piernas y los brazos flexionados; con hojas de acacia tapándole el pubis y los pechos. Antes se preocupó por conservar a su víctima en un lugar frío, seco y sin aire durante siete u ocho días para que tardase en corromperse, e introdujo semen, presuntamente ajeno, de forma artificial en su vagina. La persona que creó este escenario teatral sigue sin cara y sin nombre para el juzgado número 2 de Instrucción de Tui 17 años después de la muerte de Déborah Fernández-Cervera. Ahora la familia reclama nuevas pesquisas judiciales con técnicas más modernas que las que existían cuando pasó todo esto, en mayo de 2002, porque dentro de tres años prescribirá el delito.

De momento, una pista que ha llegado por sorpresa durante una campaña de recogida de 300.000 firmas que pide "justicia para Déborah" ha servido para que los investigadores vuelvan a poner el foco en el suceso, ahora con una pieza más para recomponer el puzle. Un equipo especializado en homicidios ha viajado a Vigo para revisar el caso de la chica de 22 años que salió a correr por los alrededores de la playa de Samil y ya nunca regresó. El de la UDEV (Unidad contra la Delincuencia Especializada y Violenta) es el sexto grupo investigador, entre policía y Guardia Civil, además de tres jueces instructores, por el que pasa este crimen. A lo largo del tiempo, las pesquisas se reactivaron ya unas 15 veces, pero jamás ha habido suerte, aunque casi todo apuntase a que el verdugo era alguien muy próximo a la víctima.

Déborah Fernández-Cervera Neira.
Déborah Fernández-Cervera Neira.

Déborah Fernández, en aquel preciso momento sin pareja, había ido a clase en la escuela de diseño gráfico por la mañana y después a la peluquería para depilarse. Avanzada la tarde salió a correr con su prima y se despidió de ella a varios kilómetros de su casa familiar, cuando se disponía a regresar. Al día siguiente era festivo, primero de mayo, así que planeaba aprovechar el camino de vuelta para pasar por el videoclub y alquilar Amélie para aquella noche. Pero no llegó a hacerlo. Durante 17 años su rastro se perdió en el relato de un testigo, que aseguró haberla visto en dirección a su domicilio en el barrio litoral de Alcabre, a tan solo unos 500 metros de casa, sobre las nueve menos cuarto de la tarde. Ahora, explica Rosa Fernández-Cervera, hermana de la víctima y portavoz de la familia, entre "un montón de información" ha aparecido un hilo aparentemente fiable del que tirar.

Un nuevo testimonio ubica después a la joven en un punto alejado del radio de acción que se manejaba; lo que supuestamente sugiere que Déborah se encontró con alguien y subió por su propio pie, sin forcejeo, a un vehículo en lo que parece un cambio de planes. La portavoz no quiere dar más detalles sobre este dato inesperado que puede cambiar la reconstrucción de los hechos.

El cuerpo de Déborah Fernández fue hallado 10 días después de su desaparición por una vecina del municipio de O Rosal junto a la carretera que une Baiona y A Guarda (antigua C-550, hoy PO-552), en la localidad de Portocelo. Supuestamente había sido abandonado dos o tres días antes y el deterioro de este tiempo a la intemperie fue interpretado hasta que se le practicó la autopsia como el daño propio de una acción violenta. Luego los forenses revelaron, sin embargo, que la muchacha no presentaba lesiones externas. Tampoco signos de violación. Y la hipótesis más lógica de todas las que llegaron a formularse es la de que había muerto por sofocación con un objeto blando.

"Pero el cuerpo apareció depositado como en una escena teatral", describía Ángel Galán, el comisario que estuvo al frente de las indagaciones durante ocho años. Junto al cadáver de la chica había un preservativo usado, su correspondiente funda, un pañuelo de papel y un cordón que podía ser el de su chándal desaparecido. El semen, en el cuerpo, había sido colocado post mortem. El caso, que alguien tuvo la lucidez de bautizar como Operación Arcano, encalló al principio en estos engaños, pasó durante ocho años por las manos de equipos policiales y jueces, y desde 2010 permanece archivado provisionalmente por falta de pruebas sólidas contra el único sospechoso, que nunca llegó a estar imputado. Esa persona se había dejado ver en lugares bastante alejados de Alcabre y su ADN no coincidía con el del esperma hallado.

No se pudo confirmar si había un móvil sexual o sentimental, o si nada tenía que ver con estas dos cosas. Pero quien preparó el atrezo para desorientar a la policía eligió con mimo incluso el rincón en el que depositar el cadáver. Era el único ángulo oscuro que quedaba entre dos farolas de la carretera.

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