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El pueblo gaditano que no quiso acordarse de las urnas

En Puerto Serrano, uno de los municipios andaluces con más abstención, un 60% de vecinos “hartos” decidió no votar

Un grupo de mujeres conversa en una plaza del municipio gaditano de Puerto Serrano, la pasada semana.
Un grupo de mujeres conversa en una plaza del municipio gaditano de Puerto Serrano, la pasada semana.

En la Moncloa están más que “hartos” de la política socialista en Andalucía. Cabreados y visiblemente molestos. Y, aunque son de izquierdas, llevaban semanas rumiando el batacazo del PSOE en las elecciones. Bajo el tibio sol de diciembre y una semana después del desastre, se lo recuerdan a quien se quiera parar a escucharles. No en vano, en la localidad gaditana de Puerto Serrano, llaman con sorna con el nombre de la sede del Gobierno a la decena de mayores que cada mañana debate sobre política en los bancos de la plaza del pueblo.

Hoy hablan de algo más que les divide y tensiona: el 60,56% de sus vecinos no fue a votar e hicieron que el pueblo —de más de 7.000 habitantes— se haya alzado con el triste récord de ser el municipio gaditano con mayor abstención. En una provincia en la que, ya de por si, más personas se quedaron en casa (un 53,54%). “Es la primera vez que no voto y lo hecho porque estoy harto. Si los políticos no me escuchan, yo no les escucho a ellos”, tercia cabreado Manuel Calvo, uno de los miembros de la Moncloa portoserranense. Pero José Salas, El Gallo, le replica: “No votar significa que haya gentuza que llegue al poder”.

A pocos pasos de la tertulia al fresco, una vecina que prefiere no dar su nombre tampoco se pasó por su colegio electoral el pasado domingo: “¿Para qué? Nuestra voz vale de poco o nada. Soy votante de izquierdas, pero todos son iguales”. Rosario Campos sí que se movilizó el domingo, pero fue la única de su casa: “Voté y eso que mi marido no fue, me decía que no valía la pena”. En total, de los 5.531 vecinos que estaban llamados a las urnas, a más de 3.290 les pudo el hartazgo o, simplemente, el pasotismo.

Con su plante, el municipio ha consolidado una escalada de abstencionismo en las andaluzas que se ha duplicado en la última década: del 31,67% registrado en 2008 al más del 60% de este año. Los que sí votaron también dejaron otra cifra para la historia local: después de tres elecciones de victorias socialistas autonómicas (2008, 2012 y 2015), en esta ocasión Adelante Andalucía superó en votos al PSOE (29,24%, frente al 29,05%). Por la derecha, el 15,19% se decantó por el PP; otro 13,19% lo hizo por Ciudadanos, y un 8,84%, por el ultraderechista Vox.

En el pueblo no hay industrias, solo campo. Pero no es suficiente para emplear a una mayoría de jornaleros que se marcha temporalmente a donde hay campañas: de Huelva a Ávila, pasando por Jaén. La estacionalidad altera la estadística de desempleo, que en octubre marcó un 14,36% de parados. La renta media es de 11.129 euros anuales, la novena más baja de toda España, según los datos de la Agencia Tributaria.

Es esta tormenta socioeconómica perfecta de precariedad y falta de recursos la que para el portavoz de Izquierda Unida en el Ayuntamiento, Daniel Pérez, explica la abstención histórica: “La gente ve cómo se suceden los Gobiernos de uno y otro color sin que se les dé una respuesta sólida a sus necesidades. De votar a favor o en contra de algo, están pasando a no votar, al cinismo y al descreimiento”. El alcalde Miguel Ángel Carrero, del PSOE, va más allá: “Es una manifestación del descontento. Es gente de izquierdas y no quieren votar a la derecha. Es un acto que entienden de reivindicación”.

“¿Para qué?”

Este pueblo gaditano arrastra décadas de problemas ya cronificados. Tanto que la localidad es una de las pocas de menos de 20.000 habitantes que tiene una barriada declarada como zona desfavorecida. Allí, la abstención llegó al máximo el pasado 2 de diciembre: solo votó el 19%. Entre los que no lo hicieron, Juan Campos repite el argumento de sus vecinos, apostado a la puerta de su casa en la calle de Guadalete: “¿Para qué? Ya estoy aburrido”.

Del descalabro de su partido, a vísperas de unas elecciones municipales en las que aún no sabe si será el candidato socialista, Miguel Ángel Carrero saca una lección principal: “Se nos ha dado un toque de atención a la izquierda. Se abre un periodo de reflexión para ver cómo los partidos canalizamos lo que estamos haciendo y ver cómo lo perciben los vecinos”. La introspección será corta. En apenas cinco meses, Puerto Serrano volverá a medir su hartazgo en las urnas. Se avecinan tiempos de debates broncos en “La Moncloa”.

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