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PP y PSOE reavivan el eje bipartidista y tratan de distanciar a Ciudadanos

En el Gobierno no disimulan que, pese al fuerte enfrentamiento dialéctico que se vive a diario, están cuidando a Pablo Casado

Pedro Sánchez (izda.) con Pablo Casado en la Moncloa el pasado 2 de agosto.
Pedro Sánchez (izda.) con Pablo Casado en la Moncloa el pasado 2 de agosto.

Solo Pablo Casado se ha animado a decirlo claramente en público: “Aspiro a volver a un modelo bipartidista imperfecto, en el que el PSOE y el PP garanticen la alternancia y la estabilidad política en España, en el que pueda haber partidos como Ciudadanos o Podemos que puedan garantizar la gobernabilidad dependiendo del partido que gobierne”. Pero, en privado, desde el Gobierno y el PSOE también reconocen que la aparición de Casado y su giro a la derecha en plena pelea con Ciudadanos ha revitalizado un eje bipartidista que les conviene a los dos y busca sobre todo acorralar a Ciudadanos.

La situación política ha dado un vuelco total. Hace solos tres meses, Ciudadanos era el principal partido de España, según las encuestas, y mordía tanto en el electorado del PP como el del PSOE. Tanto es así que dos semanas antes de la moción de censura Pedro Sánchez endureció su discurso contra los independistas catalanes —propuso incluso cambios en el código penal— con la clara intención de frenar la sangría de votos hacia Albert Rivera, por esos días la gran estrella política. Pero tres meses después, con Sánchez en el Gobierno y Rivera enfrentado a todos —al PP porque le consideran culpable del éxito de la moción por pedir elecciones y asustar al PNV y al PSOE porque se negó a apoyar a Sánchez— Ciudadanos es víctima de una suerte de pacto tácito entre los dos grandes para arrinconarle.

En el Gobierno no disimulan que, pese al fuerte enfrentamiento dialéctico que se vive a diario, están cuidando a Pablo Casado. Sánchez le citó inmediatamente en La Moncloa, estuvo tres horas con él y ha evitado cualquier crítica en el tema más sensible, el del máster. “Estamos haciendo con él lo que nadie hizo con Sánchez, mantener el respeto institucional y la elegancia. Y además le hemos convertido en jefe de la oposición. El bipartidismo imperfecto con el que Casado sueña no va a volver, pero España vuelve a tener dos polos y el de la derecha está en disputa. No somos su rival en este momento. Y eso nos conviene”, explican desde el Gobierno.

Romper la igualdad en las encuestas

El último barómetro del CIS, correspondiente al mes de agosto dejaba la situación tan igualada entre los dos partidos de la derecha que señalaba un empate a 20,4% en intención de voto. El liderazgo era en ese momento para un PSOE en el Gobierno, que alcanzaba el primer puesto, con un 24%.

En el CIS de abril el Partido Popular, por entonces en La Moncloa, mantenía el liderazgo con un 24%, ligeramente por encima de Ciudadanos (22,4%), dejando al PSOE en tercer lugar con un 20,4%. Esos datos hacen pensar a los analistas del PP que su peor situación ante Ciudadanos ya ha pasado.

“Casado juega en la liga de derechas para cerrar la puerta a Rivera. Y también a Vox, que aunque nadie lo vea por debajo del radar está creando su espacio”, insisten mientras explican que es una situación en la que Sánchez se encuentra muy cómodo mientras crece en las encuestas y logra que el PSOE vuelva a ser el primer partido.

Los sondeos que manejan en el Gobierno colocan a Sánchez a más de 10 puntos del segundo, como el CIS, con un 20% de indecisos en el centroderecha entre PP y Ciudadanos, una cifra enorme que muestra dónde está la verdadera batalla. “Vuelven a la inmigración, el terrorismo, la seguridad. Están en una competición para ver quién representa a la oposición al PSOE pero compitiendo en el lado extremo de la derecha”, clamó la semana pasada José Luis Ábalos, ministro de Fomento y hombre fuerte del PSOE de Sánchez.

Varios miembros del Gobierno admiten que el perfil y la línea ideológica de Casado les conviene más que la de Soraya Sáenz de Santamaría, porque suponen que moviliza más a la izquierda y les deja más espacio libre. Creen que Casado es la opción del PP para comerse a Ciudadanos, algo que Santamaría tendría más difícil, pero eso ayuda al PSOE. “La competencia entre PP y Ciudadanos no es agradable para el Gobierno, nos están dando muy fuerte en temas muy sensibles como la inmigración, nos preocupa la deriva, pero desde el punto de vista electoral se va a rentabilizar, porque fortalece al PSOE como representación del espacio de la izquierda. Ante estos ataques, la izquierda defiende naturalmente al Gobierno. No vamos a confrontar con Podemos, es nuestro aliado y tienen su espacio, pero esto nos refuerza. El PP ganó mucho con la división de la izquierda y ahora nosotros nos beneficiamos de la fractura de la derecha”, resume un miembro del Ejecutivo.

Mientras, desde el PP admiten que esta reaparición del eje izquierda-derecha, mucho más desperfilado cuando era Ciudadanos el gran protagonista de la oposición a Mariano Rajoy, no es necesariamente algo pactado con el PSOE, sino que cae por su propio peso. “Está saliendo de forma natural. Cada uno ocupa su terreno. Nosotros estamos centrados en Ciudadanos. ¿Cuáles son las causas por las que creció? Porque el PP dejó un gran espacio en temas centrales, sobre todo Cataluña, la unidad de España y la bajada de impuestos, nuestras señas de identidad. Sánchez está muy cómodo en esta situación, por eso no creemos que adelante las elecciones, pero nosotros estamos creciendo y desacreditando el mensaje de renovación de Ciudadanos con una dirección aún más joven que la suya y sin vínculos con la etapa de la corrupción. A Casado con Gürtel le pasa lo mismo que a Sánchez con los ERE. No estaban en la cúpula cuando se fraguaba la corrupción. Con el PSOE en el Gobierno queda más claro que Ciudadanos no puede ser el que gane a Sánchez, es el PP”, aseguran desde la dirección de Pablo Casado.

El debate de en qué momento hay que convocar las elecciones es el asunto central de discusión política en el Gobierno y en el PSOE. Sánchez decide, y nada indica de momento que sea inminente el adelanto. Pero hay bastante gente tratando de convencerle de que las haga ya, con las andaluzas si se confirma el adelanto.

Ciudadanos, obviamente, no lo ve como los dos grandes y está convencido de que el bipartidismo ha muerto se pongan como se pongan los dos principales protagonistas de la política española desde los 80. “Son los últimos coletazos de un sistema que se agota, de las dos Españas, de los rojos y los azules, que alimentan las diferencias en vez de lo que nos une”, sentencia Rivera. Podemos, mientras, apuesta por sacar el máximo partido a su posición de privilegio para influir en el PSOE, que le necesita para todo, y mostrar a su electorado la utilidad de apostar por ellos. La negociación de Presupuestos será una buena prueba. Al PSOE no le interesa chocar con Podemos y tiene muy claro que será clave que el bloque de izquierda sume más que el de derecha no solo en las generales, sino sobre todo en las municipales y autonómicas donde un gran acuerdo PSOE-Podemos les daría mucho poder.

“Hay una confluencia de intereses natural. Ya no hay una pelea en el centro como antes de que surgieran Podemos y Ciudadanos. Ahora cada uno lucha en los extremos. Al PSOE le conviene un PP fuerte que movilice a la izquierda, y al PP le interesa un PSOE que pueda ganar para movilizar el voto útil de la derecha. Se necesitan, pero tienen que confrontar duro, no habrá ningún pacto”, resume un veterano dirigente del PP.

El panorama ha cambiado mucho en pocos años y mucho más en los dos últimos meses. Al contrario de lo que sucedía hasta las elecciones de 2015, PSOE y PP ya no son rivales directos, apenas compiten por el mismo electorado de centro. De ahí esa especie de acuerdo tácito entre Sánchez y Casado y ese cuidado exquisito de La Moncloa con el líder de la oposición.

Como explican en ambos partidos, nada es definitivo y todo es volátil en esta etapa líquida de la política, donde todo cambia en horas, pero de momento parece acercarse un nuevo equilibrio inestable que conviene tanto al PSOE como al PP.