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“Felicito a España por el ‘Aquarius’, pero no se puede continuar así”

Avramopoulos subraya que su objetivo es expresar la solidaridad de Bruselas, traducida en nuevas ayudas

El comisario europeo de migración, Dimitris Avramopoulos, el pasado 26 de junio en Bruselas.
El comisario europeo de migración, Dimitris Avramopoulos, el pasado 26 de junio en Bruselas. REUTERS

El comisario europeo de Migración, Dimitris Avramopoulos (Atenas, 1953), se declara “consternado” por los trágicos incendios que ha sufrido Grecia. Pero se mantiene al pie del cañón y este viernes viaja a Madrid, donde se reunirá hasta con cuatro miembros del Gobierno, para abordar la tensión migratoria en las costas españolas del Mediterráneo. En conversación telefónica con EL PAÍS, subraya que su objetivo es expresar la solidaridad de Bruselas, traducida en nuevas ayudas (tres millones de euros) y en una recomendación al Ejecutivo de Pedro Sánchez previsiblemente polémica: los llamados centros controlados “pueden ayudar” a evitar que las personas que llegan desesperadas a la costa desaparezcan tan pronto como ponen el pie en la playa, lo que frustra la política europea de devolución de quienes no tengan derecho al asilo.

Pregunta: España ha solicitado más ayuda de emergencia ante el incremento en la llegada irregular de personas a través del Mediterráneo. ¿Qué puede usted ofrecer al Gobierno?

Respuesta: Déjeme empezar por elogiar toda la labor que está haciendo España en la gestión de los flujos migratorios. La Comisión puede ofrecer apoyo financiero, operacional y técnico: ahora mismo, 195 personas, dos barcos, un avión y un helicóptero de la guardia europea de costas y fronteras ayuda a España día y noche a proteger sus fronteras. También estamos brindando apoyo: además de los 692 millones de euros en financiación a largo plazo para gestión de migración, fronteras y seguridad de aquí al 2020, la Comisión ha concedido a España casi 30 millones en fondos de emergencia para hacer frente al incremento de llegadas. Hace dos semanas ya otorgamos 25,6 millones y ahora, en un tiempo récord de cuatro días, hemos dado respuesta a la más reciente petición de ayuda por tres millones más.

El incremento en el número de llegadas ya se duplicó en 2017. ¿Ha tardado demasiado España en pedir ayuda?

España se encuentra bajo presión desde hace mucho tiempo. No es algo que ocurra ahora de repente. El presidente Sánchez tenía razón cuando habló de ese asunto en el Consejo Europeo. Entonces, todos los líderes de la UE reconocieron de manera particular la presión bajo la que se encuentra España como primer país de llegadas en la UE. Todos se comprometieron en ese momento a apoyar y a dar muestras de solidaridad. Cuando las llegadas empezaron a aumentar, reforzamos la operación de la guardia europea de fronteras y costas Indalo. Cuando España solicitó ayuda de emergencia, dimos respuesta de inmediato. Si estoy en España hoy es para expresar, sin ningún titubeo, que la UE apoya a España y lo seguirá haciendo.

¿Cree que ha podido influir la acogida del barco Aquarius por parte del gobierno Sánchez? En España hay quien habla de efecto llamada.

España ha dado una de las mejores muestras de espíritu europeo en términos de solidaridad y felicito al presidente del Gobierno y a su ministro de Interior, Grande Marlaska, por haber acogido a esas personas con dignidad. Creo que España reaccionó muy positivamente. Pero no se puede continuar así. Y España no debe sentirse abandonada por la UE. Marruecos está también bajo presión. Y entiendo cómo se siente el gobierno marroquí. España es el país que nos ha aconsejado que tomemos esta situación de manera muy seria y tenemos la intención de dar a Marruecos nuestro apoyo. Marruecos necesita financiación adicional y tenemos la intención de proporcionársela muy, muy pronto. Visité Marruecos en mayo y en julio nos comprometimos a movilizar otros 55 millones de euros para ayudar a las guardias costeras en Marruecos y en Túnez. Sin embargo, sabemos que se necesita aún más. Por eso nos hemos comprometido a aumentar la financiación este otoño y otra vez en 2019.

En el Consejo Europeo de junio se pidió el establecimiento de “centros controlados” para verificar si las personas llegadas de manera irregular tienen derecho al asilo. ¿Cree que España debería establecer ese tipo de centro?

Esto no lo puedo decidir yo. Son los Estados miembro los que deben discutirlo, pero los centros controlados constituyen un esquema que podría ayudar. Tenemos que admitir que uno de los principales problemas en Europa son los retornos. De hecho, la tasa de retornos efectivos ha disminuido, en lugar de aumentar. Uno de los mandatos más estrictos que se ha dado a los guardias de costas y fronteras es el de devolver a quienes no sean elegibles para permanecer en Europa, pero esos retornos solo se pueden llevar a cabo si sabemos dónde están las personas y si no se evaden o se esconden. Es en este sentido que los centros controlados pueden ayudar. Esos centros estarían apoyados por agencias como Eurodac, Eurojust, o Frontex, que ayudarían a las autoridades nacionales a evaluar los casos de quienes piden asilo en Europa y a asegurar el retorno de quienes no tienen derecho a quedarse.

Entonces, ¿es mejor que España empiece a retener a la gente que está llegando en esos momentos?

Para quienes llegan, es muy importante que sus casos se tramiten de manera ordenada y organizada y eso no puede hacerse si desaparecen.

La canciller Angela Merkel ha advertido que la crisis migratoria, si no se resuelve bien, puede suponer un punto de ruptura de la UE. ¿Comparte ese diagnóstico?

En efecto, puede convertirse en una amenaza para la democracia europea porque el populismo, por desgracia, está explotando la situación. Hay que recordar que la situación, al principio, pilló por sorpresa a Europa, que no disponía de los instrumentos ni de los conocimientos necesarios para gestionarla. Pero eso ha cambiado radicalmente. La coyuntura actual no tiene nada que ver con la de hace tres años y medio, en 2015. Europa está mucho mejor preparada. Pero si no continuamos en la misma línea, entonces el futuro de la UE estará en peligro porque la cuestión migratoria impacta directamente en los principios y valores. De modo que comparto el temor de Merkel pero también el optimismo si nos mantenemos unidos y determinados en defender nuestros valores y afrontar esta situación. Por otra parte, Merkel reaccionó de manera adecuada en 2015 y 2016 y envió un ejemplo positivo. Sufrió cierto coste político a corto plazo pero finalmente salió ganadora y una mayoría de los alemanes, según los sondeos, apoyan su política migratoria. Esto demuestra que al populismo hay que combatirlo, no imitarlo. Si seguimos a los populistas, si adoptamos su lenguaje, los ciudadanos terminarán votando por la versión original. Al contrario, los partidos tradicionales deben defender su terreno y seguir siendo leales a sus principios.

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